El vicio del poder: La sombra más poderosa

El vicio del poder
Dirección
Guion
Adam McKay
Música
Nicholas Britell
Fotografía
Greig Fraser
Reparto
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Resulta escalofriante asomarse a la visión de la vida de Dick Cheney, el que fuera vicepresidente durante el mandato de George W. Bush. Un personaje siniestro, taimado, mediocre, que consiguió ir medrando en Washington hasta convertirse en el personaje con más poder de los Estados Unidos de América, incluso por encima del propio presidente; porque Cheney, el "supervicepresidente", lo controlaba todo, desde el ejército hasta la energía o la política exterior. Alguien que se fue acercando poco a poco a las esferas de poder hasta llegar a convertirse en imprescindible, en alguien con el que había que contar. Alguien lo suficientemente listo como para ejercer el poder... sin parecer que lo ejercía. Es como si la sombra fuera más poderosa que la imagen.

Aunque suelo opinar que por definición, los biopics -esto es, las películas sobre la vida de alguien- suelen ser bastante aburridas, en este caso no sólo no es aburrida -la vida del personaje original, Cheney, es de todo menos aburrida...- sino que llega a ser apasionante: además de la sucesión de acontecimientos que cambian la vida del planeta (Nixon, la Guerra de Vietnam, la Guerra de Camboya, los atentados del 11 s, la guerra con Irak, etc.) que aunque ya hemos visto mil veces en televisión ahora nos la cuentan desde otro punto de vista, tenemos todo hilvanado con una narrativa endiabladamente ágil, con un ritmo sincopado que a ratos alcanza el tono de un documental frenético -muy al modo de Michael Moore, utilizando todos los recursos estilísticos- y en otros casos adopta una visión más clásica pero llena de una mordaz ironía. Es como una cebolla con muchas capas, y cada una de ellas tiene sus propias claves. Y por supuesto, lo más original es la identidad del narrador de toda la historia, alguien que, literalmente, salvó la vida al vicepresidente Cheney... -y ya no digo más-.

Otro elemento fundamental en esta película que adquiere un tono bastante coral, es el excelso nivel de las interpretaciones, a cada cual mejor: desde Sam Rockwell (George W. Bush) hasta Tyler Perry (Colin Powell), Steve Carell (Donald Rumsfield), Amy Adams (Lynne Cheney) y por supuesto, esa verdadera bestia de la interpretación, capaz de mimetizarse físicamente con cada personaje a unos niveles estratosféricos, Christian Bale. Porque es mucho más que haya engordado 30 kilos, o se haya rapado la cabeza. Es su perfecta imitación de su acento (te recomiendo encarecidamente que la veas en versión original, ya que recordemos que Bale es inglés, y en cambio mimetiza su acento de la Norteamérica más profunda...-, de su manera de hablar (con una parte de la boca cerrada), de su manera de mirar. Un verdadero tour de force para Bale, que le ha hecho ganar con toda justicia el Globo de Oro al mejor actor de comedia.

Porque ese es otro elemento que me ha sorprendido bastante: el tono de la película. Aunque cuenta cosas que pudieran no ser nada divertidas (de hecho, no lo son), McKay ha escrito un guión que no suelta el tono de comedia, por duro que pueda ser lo que se cuenta. Incluso el propio título del film (en original "Vice", que hace referencia a ser Vicepresidente...) también puede entenderse como su traducción del inglés al español "vicio", que es lo que realmente siente Cheney, el vicio del poder, el conseguir el poder al precio que sea, pero intentando por todos los medios que se note lo menos posible. Básicamente, porque si ejerciendo el poder se comete algún error -que no te quepa duda que se van a cometer, eso precisamente define el tener poder...- al estar en la sombra, el marrón termina comiéndoselo otro. Toda una reflexión digna de los Borgia o del mismísimo Maquiavelo, que quedarían como unos aficionados frente a los entresijos actuales de la política mundial.

Aunque tiene momentos en los que ritmo decae, es una obra bastante apreciable, que tiene un arrollador tono irreverente y que se ríe de todo y de todos, empezando precisamente por las películas que intentan cambiar el mundo, y por supuesto, por las posibles ideas que podamos tener de la política y de los políticos. Un recorrido por una galería de verdaderos personajes dignos de una película. Y quizás por eso funcione tan bien la película: porque son personajes tan extremos, tan reconocibles, tan claros... que casi parecía imprescindible mostrarlos al público en todo su esplendor, sin corazas, ni por supuesto, camuflaje o maquillaje alguno.

TRAILER


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