Funny Games: Haneke Pluscoamperfecto

Muchos han sido los directores europeos que han intentado carrera en Hollywood, desde el mismísimo Billy Wilder hasta Paul Verhoeven. Incluso algunos realizadores -como Francis Veber- han realizado ellos mismos "remakes" de sus propias películas europeas, generalmente con poca fortuna. Este no es el caso del brillante realizador germano Michael Haneke, que tras habernos regalado muchos títulos de lo más sugerente y provocador del panorama internacional desde hace más de una década, ahora desembarca en Estados Unidos con una traslación casi literal de su "Funny Games" de 1997, protagonizado por el ya desaparecido Ulrich Mühe -el inolvidable protagonista de "La vida de los otros"-. Kubrick ya profetizó una escalofriante realidad en "La Naranja Mecánica" en la que un grupo de jóvenes disfrutaba de lo lindo con la ultraviolencia, violando, manipulando y destrozando todo lo que estaba a su paso; en 1971 a muchos les pareció una aberración pero hoy día solo tenemos que ver el telediario y comprobar que se quedó corto. La revisión de esta controversia social tocada por Haneke en 1997 también supuso un revulsivo para el público mundial, comprobando aterrados la cercanía con que eso podría (o de hecho, puede) pasar en el mundo actual. Esta nueva versión tiene toda las excelencias de la versión original, y los rostros más reconocibles de Tim Roth -al que, sinceramente, me cuesta creer como padre de familia, seguramente por la imagen que de él tengo por "Reservoir Dogs", "Pulp Fiction", "Rob Roy" o incluso la reciente "El Increíble Hulk (2)"- Naomi Watts -que además es productora ejecutiva de la cinta- y el inquietante Michael Pitt -"Soñadores" o "Last Days", sin olvidar que es una de las caras de Armani-. El mensaje sigue igual de incólume y demoledor: el bienestar que la sociedad contemporánea es prácticamente ficticio y tan quebradizo como el más fino cristal. El film sigue suponiendo una horrible visión al lado más oscuro de la humanidad (si es que a la postre, existe), filtrada con un toque de surrealismo cómplice con el espectador y rayana en la metafísica, logrando un tono brutal, estremecedor, tan temible como anárquico, en una aberrante orgía de crueldad que rompe cualquier tipo de regla moral. Si Gus Van Sant intentó emular y plagiar al maestro Hitchcock en su versión de "Psicosis", Haneke se ha superado a sí mismo haciendo esta nueva -y definitiva- versión de sus "Funny Games".

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