> Canal de Cine Federico Casado Reina

A propósito de "La Casa de Papel"

Ha tenido -y con razón- reconocimiento internacional, porque es una de esas series que seguro que no se van a olvidar. Pero de la misma forma que otras series que han estirado artificialmente -porque el guión no da más de si…- se ha ido consumiendo a sí misma, porque cinco temporadas para un atraco, han dado mucho de sí. Demasiado, me temo.


Alex Pina, creador y máximo artífice de la serie, ha demostrado con creces que se puede hacer buena ficción en la televisión de nuestro país, España. Y lo que es mejor, exportarla a todo el mundo, universalizando el mensaje. Y ha tenido que ser a través de Netflix, en plena eclosión de plataformas digitales de contenidos planetarios, como ha venido ese éxito. Pero lo más importante no es ya que triunfara "La Casa de Papel", sino que se ha demostrado que no hay ningún patrimonio exclusivo para la ficción televisiva: ni Inglaterra, ni Estados Unidos, ni Alemania, ni muchísimo menos Turquía. No, se puede hacer en España, igual de bien -o incluso, mejor- que en cualquier sitio.

Con todas sus bondades, la serie tiene cosas que llegan a agotarme, como la tensión mantenida durante todo el tiempo, con banda sonora que te enerva en todo momento, y con la sensación argumental que algo va a explotar de un momento a otro sin solución. A veces pasa, y resulta impresionante, y otras veces, sencillamente, no pasa, y llega a decepcionar, la verdad.

Y la otra cosa que, más que agobiarme, me molesta terriblemente, es cómo se ha jugado con el espectador: Vancouver Media, convertida ya en una de las productoras españolas con mayor prestigio nacional -e internacional- parece haber impreso una manera determinada de hacer series, dejando al espectador con la miel en los labios de temporada en temporada. Y no está mal hacer eso, pero, señores, con un solo arco argumental, no con todos. Porque entonces el espectador se siente, sencillamente, engañado -y ya lo han hecho no sólo con esta serie, sino también con "Sky Rojo", por ejemplo-. Bueno, y lo que han hecho con la quinta -y última- temporada de dividirla artificialmente en dos partes, con más de mes y medio de diferencia en su estreno -cuando antes de estrenaba la serie enterita en Netflix…- puede hacer ya perder la paciencia al público -como me pasó a mí, que deseando ver el desenlace esperé a que estuviera la serie completa para poder verla enterita-.

Aún así, el cómputo general es de lo más positivo, en un ejercicio de guión brillante, con personajes excelentes -me siento especialmente orgulloso de mis amigos Juan Fernández y José Manuel Seda…- y con una progresión dramática y producción impecables. Es cierto que argumentalmente en algunos momentos se flaquea, y algunas tramas -como todos los flashbacks de Berlin y demás…- a mi no me terminan de convencer, pero bueno. 8/10. 

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The King's Man: la primera misión. Orígenes

King's Man: la primera misión

Dirección
Guion
Jane Goldman, Matthew Vaughn, Karl Gajdusek. Personaje: Dave Gibbons, Mark Millar. Historia: Matthew Vaughn
Música
Dominic Lewis, Matthew Margeson
Fotografía
Ben Davis
Reparto

Tiene Matthew Vaughn una manera muy interesante no sólo de rodar -como ya demostró en las dos anteriores entregas de esta saga- sino de vender películas, habiendo creado una tendencia interesante, a modo de autoparodia del cine de espías británicos -con la referencia indiscutible de James Bond, pero rememorando en estética y contenido a la famosa serie televisiva de los sesenta "Los vengadores", con los inolvidables Patrick MacNee y Diana Rigg- y, naciendo del cómic de Mark Millar, trasladar todo ese delirio visual a la gran pantalla.

Utilizando la fórmula comercial de la "precuela", ahora tendremos la oportunidad de ver cómo nació en realidad esa "agencia de inteligencia independiente" en el seno de la alta sociedad británica, cuando el bien relacionado Duque de Oxford decide implicarse para hacer del mundo un lugar mejor y más igualitario. Como ha sucedido en entregas anteriores, hay una siniestra organización que pretende destrozar la humanidad según sus propios criterios. Pero la originalidad en esta ocasión radica en que la acción se desarrolla a principios de siglo, entroncando con la historia misma y revisando los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, donde la geopolítica del siglo XX cambió radicalmente con el conflicto bélico más sangriento jamás conocido hasta entonces.

Otro elemento interesante -y divertido- es jugar con personajes reconocibles de esa época, como Mata-Hari, Rasputín o el anarquista Gavrilo Princip (quien atentó en Sarajevo contra el Archiduque de Austira, provocando el inicio de la Primera Guerra Mundial), todos ellos bajo el mando de un enigmático personaje…

La espectacularidad de las imágenes está garantizada, con coreografías imposibles en las secuencias de acción y un lenguaje narrativo incluso más impactante que el de las dos anteriores entregas. Y como atractivo añadido, un carismático Ralph Fiennes que dota de un glamour notable a toda la película, convirtiéndose en el eje y centro de la historia. Pero después de ese apabullante despliegue de recursos ¿era necesaria esta película? ¿realmente entronca con el universo anteriormente planteado? (porque se nos dijo que esta agencia llevaba siglos protegiendo a los débiles e inocentes, cuando en realidad parece que arrancó a principios del siglo XX…).

El caso es que el resultado final es efectivo (y eficiente), aunque con el innegable regusto a videojuego que tienen las anteriores. Realmente echo de menos el toque gamberro y canalla del personaje de Ecsy (Taron Egerton), aunque la sustitución de Colin Firth por Fiennes funciona a la perfección (pocos han llevado un peluquín mejor, a excepción quizás del mismísimo Sean Connery…). Pero hay que tomársela con la ligereza e intrascendencia que realmente tiene, por mucha vocación histórica que se le haya querido dar: es un juguete para disfrutar durante más de dos horas, y eso lo consigue con creces. Y lo mejor es que no se echa de menos la tecnología y los aparatitos.

TRAILER


No mires arriba: tan divertida como escalofriante

No mires arriba

Dirección

Guion
Adam McKay. Historia: Adam McKay, David Sirota
Música
Nicholas Britell
Fotografía
Linus Sandgren
Reparto

Muchos directores en la historia del cine, desde Ford a Hitchcock o Wilder, han mezclado muchos géneros no ya para despistar (y desconcertar) al espectador, sino además para enriquecer su historia. Una comedia "pura" o un drama "puro" es menos interesante que si lo trufáramos con alguna nota discordante de ese género. McKay, curtido en el Saturday Night Live, ha utilizado esta batidora en sus películas, que se han beneficiado en buena parte de ese mestizaje, ofreciendo títulos interesantes como "La gran apuesta" o "El vicio del poder" -utilizando además un lenguaje divulgativo/periodístico que aún subrayaba más la reflexión del propio mensaje.

Hemos llegado a un punto de la comunicación en este delirante siglo XXI en el que la importancia o la verdad de un contenido ya no tiene que ver con la realidad, sino con las corrientes de opinión, los likes, las redes sociales y la viralidad. Tsunamis de tendencias que cambian con la misma velocidad del rayo. Una verdadera locura en la que es casi imposible distinguir qué es real y qué no. Si encima a todo ese desquiciado escenario añadimos una pandemia mundial, crisis económicas, fanatismos radicales, y la nueva geopolítica, tenemos un caldo de cultivo digno de verdadero estudio sociológico (¡y psicológico!).

Esta es una película con el signo de este tiempo, en el que un acontecimiento apocalíptico (la caída de un meteorito en la tierra que puede acabar con la vida en este planeta) se convierte en un verdadero circo mediático, y un asunto de política, intereses empresariales y economía. Cuando un astrónomo y una estudiante de doctorado descubren que la civilización humana puede desaparecer en seis meses tras la caída de un asteroide de 10 km. de longitud, lo que podría haber sido la reacción normal para evitar la catástrofe, paulatinamente se va transformando en otra cosa muy diferente.

La visión irónica y mordaz de McKay es clara y meridiana: somos tan ridículos, tan crédulos y tan poco razonables, que como especie casi que nos merecemos la extinción, y prácticamente nada puede salvarnos no ya del meteorito, sino de nosotros mismos. Esto, que podría resultar de lo más dramático, está narrado en tono de comedia con una acidez tremenda, una parábola que dinamita personajes reconocibles en el mundo de la política, la informática, la tecnología, la investigación, el ejército, la familia… un verdadero disparo al centro de flotación no ya de Estados Unidos, sino de la raza humana en general.

Pero lo mejor de la situación es que ese cruel retrato se articula entre risas y chistes muy bien hilvanados, con situaciones llevadas al extremo del absurdo, pero que son perfectamente reconocibles y -por desgracia- hemos visto en muchas ocasiones a través de la televisión o las redes sociales. Está claro que otro elemento a tener en cuenta es el estelar plantel de actores, donde cabe destacar a la mutante Kate Blanchett y sobre todo a DiCaprio, ambos magníficos.

Confieso que había estado condicionado por opiniones encontradas respecto a esta película, pero finalmente me ha encantado tanto el fondo como la forma en que se ha contado esta historia, que además de hacerte reír, es capaz de aterrorizarte. 

Por cierto, el verdadero final de la película está en las escenas post-créditos, así que no te las puedes perder. 

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