El Gran Showman: Te queremos, Hugh

El Gran Showman
Dirección
Guion
Jenny Bicks, Bill Condon (Historia: Jenny Bicks)
Música
Benj Pasek, Justin Paul
Fotografía
Seamus McGarvey
Reparto

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Siempre que veo a Hugh Jackman pienso en la caprichosa suerte y en cómo la vida de alguien puede cambiar de la noche a la mañana. ¿Qué habría pasado si Dougray Scott hubiera podido hacer el papel de Lobezno en la primera película de los Xmen, tal y como estaba previsto? (cosa que no pudo hacer puesto que estaba rodando la segunda parte de "Mission Impossible" junto a Tom Cruise). Es lo mismo que habría pasado si Tom Selleck hubiera podido hacer "En Busca del Arca Perdida" (que tampoco pudo hacer puesto que tenía contrato con la serie de televisión "Magnum"). Probablemente en el damero del azar las cosas habrían sido radicalmente diferentes para Hugh Jackman... y por supuesto, para Harrison Ford.

El caso es que a Jackman se le apareció la virgen cuando le cayó el papel de Lobezno, convirtiéndose de la noche a la mañana en uno de los más famosos superhéroes de la historia del cine. Y esa bendición también supuso una maldición, ya que tras la fulgurante estela comercial de Marvel y los Xmen, casi no se ha podido vislumbrar el gran talento como actor, cantante, bailarin y showman en general del australiano. Ni siquiera la versión cinematográfica del famoso musical "Los miserables" fue suficiente para entender su capacidad en el mundo del espectáculo. Este es un concepto que fuera de Estados Unidos casi no se abarca, pero es muy corriente que en Norteamérica los artistas sean lo que viene a llamarse "One Man Show" (un show de un solo hombre), ya que normalmente todos los actores son además cantantes, bailarines, acróbatas... y todo lo que puedan imaginarse. Es lo que antiguamente algunos llamaban "artistas", personas que relacionadas con el mundo del espectáculo eran capaces de hacer lo que fuera, desde malabares a coreografías imposibles, cantar canciones montar a caballo, pelear con espadas, etc. Si buceamos un poco en la historia del cine vemos que actores como Christopher Walken, Steve Martin o Gene Kelly además eran prodigiosos bailarines o cantantes. Y en este saco también podemos meter al divino Hugh Jackman.

Porque el título de la película no habría podido ponerse mejor: Jackman, además de ser un gran actor, es un tipo simpático, cercano... y un gran showman. Baste recordar los premios Tony de 2014, en la que Jackman, homejaneando al saltarín Bobby Van en su inolvidable número "Take me to Broadway", daba una auténtica lección de espectáculo, de canto, de baile, de show, en definitiva. Tampoco podemos olvidar que tras su llegada a la televisión con la serie "Corelli", rápidamente saltó al escenario en la producción teatral Disney en Australia de "La Bella y la Bestia" interpretando a Gastón, allá por los años 90 del pasado siglo. El caso es que Hugh, el divino Hugh, es capaz de enfrentarse a lo que sea, desde una comedia romántica ("Kate & Leopold") a un drama desgarrador ("Prisoners"), destacando en todos los casos como un auténtico fenómeno.

Y en el debut cinematográfico como director de largometrajes de este escenógrafo y técnico de efectos visuales Michael Gracey, el eje y centro es el propio Jackman, que encarna a P.T. Barnum, el creador del circo contemporáneo tal y como lo conocemos; un caprichoso y valiente visionario que a pesar de las sombras de su historia como estafador, miserable, mercantilista y pesetero, consiguió arrojar la luz de la grandiosidad en lo que él mismo definió como "El mayor espectáculo del mundo": Barnum es el hijo de un pobre sastre, pero que tiene unas amplias miras en convertirse en alguien importante y de camino conseguir casarse con su enamorada de toda la vida, la hija de un poderoso terrateniente. El proceso de creación de, primero su museo, y posteriormente su famoso Circo, será toda una odisea en la que unirá a todos esas personas apartadas de la sociedad -desde la mujer barbuda hasta enanos, gigantes y todo tipo de seres extravagantes...- formando una auténtica familia. Su familia.

Articulado como un musical de lo más clásico y esquemático, se echa en falta algo más de profundidad en los personajes, estando todo dibujado con ciertos tópicos. A pesar de todo, es algo de lo más disfrutable, y las canciones y números musicales son realmente espectaculares -aunque sin llegar a la sofisticación ni el barroquismo de los de Baz Luhrman en "Moulin Rouge", de la que es directa heredera tanto estética como argumentalmente-. Pero si dejamos a un lado las exigencias y conseguimos meternos en la dinámica de la historia -cosa que no es en absoluto difícil-, es un auténtico goce, un disfrute. No podemos tampoco olvidar las magníficas participaciones de Zac Efron y por supuesto de la preciosa Zendaya, otra verdadera artistaza que lo mismo se sube al trapecio que canta, baila, interpreta... una auténtica diosa de la escena.

Una película que es un auténtico regalo, donde la fábrica de sueños que es el cine se mezcla con el mayor espectáculo del mundo, que es el circo. Y todo presentado, comandado y servido por el mejor maestro de ceremonias que haya conocido el último cine, Hugh Jackman. Una apuesta verdaderamente gozosa, suculenta, deliciosa. Para no perdérsela, vamos.  

TRAILER

Una vida a lo grande: No aprovechar el impulso

Una vida a lo grande
Dirección
Guion
Alexander Payne, Jim Taylor
Música
Rolfe Kent
Fotografía
Phedon Papamichael
Reparto
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Antes que nada, quiero dejar claro que Alexander Payne me parece lo más parecido a lo que puede ser un autor en el Hollywood actual. Sus películas no solo son mucho más profundas de lo que parecen (y que se disfrazan de trivialidades diarias como una jubilación -"A propósito de Schmidt"-, una herencia -"Los descendientes"- o la vejez -"Nebraska", que tiene uno de los mejores finales de la historia del cine...) sino que encima tiene la insólita capacidad de dotar de un gran sentido del espectáculo a sus películas. Y para ello no hace falta una gran producción, ni unos recursos espectaculares, basta con un guión fascinante y unos diálogos impecables.

Desde que vi el original tráiler sentía mucha curiosidad por este futuro distópico que Payne planteaba, con la referencia ineludible del clásico de Ciencia Ficción "El increíble hombre menguante" -uno de mis títulos de referencia-, pero haciéndola evolucionar en un entorno social de la actualidad y prolongando los efectos inevitables del empequeñicimiento en la vida actual. Y hay que decir que esa fantasía está ejemplarmente planteada... pero muy deficientemente rematada.

Un matrimonio de clase media está asfixiada a base de pagar impuestos y gastos, y ven la solución de sus problemas entrar a formar parte de una comidad "Ociolandia" en la que sus ahorros se convierten en una gran fortuna con la que vivir como privilegiados el resto de su vida, con la única salvedad que tendrán que ser reducidos de volumen casi al 95% de su tamaño real. Esta reducción, además de arreglar todos sus problemas económicos, resulta que es -según los científicos que la inventaron- la única salida sostenible a la superpoblación mundial... claro que el destino les tiene preparada una sorpresa bastante grande.

Damon, más fondón de lo habitual, compone bien al personaje principal de esta historia que se va deshinchando por momentos hasta llegar a un final bastante decepcionante, sobre todo porque resulta no sólo errático, sino insuficiente para rematar una historia con tantas posibilidades como esta. El ritmo decae notablemente a partir de que conocemos todas las reglas de ese mundo miniaturizado (y que también me hizo recordar la ciudad Kryptoniana de Kandor, que fue miniaturizada por Brainiac, el villano extraterrestre que coleccionaba culturas y que es uno de los mayores enemigos de Supermán), y en realidad todo queda muy deslabazado.

En cuanto que Payne empieza a desarrollar la historia hacia una reflexión social de refugiados, diferencias económicas, frustraciones sociales, empeños planetarios y reflexiones trascendentales, todo empieza a resquebrajarse y a perder todo el interés que se suscita en el planteamiento. Todos los recursos cómicos que podrían haberse desarrollado con esta magnífica premisa quedan fuera de la historia, inexplicablemente, ya que daban muchísimo juego en el tráiler.

Si en "Nebraska", aún siendo una obra magna, había un desarrollo lento (y algo aburrido) para acabar en un final esplendoroso, ahora tenemos un arranque fascinante que va perdiendo interés en su desarrollo para terminar en un final que te deja realmente con muy mal sabor de boca, sin haber sabido aprovechar el impulso de una historia que podría haber sido un verdadero revulsivo en el actual panorama cinematográfico, mezclando ciencia ficción con cine social. 

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Star Wars VIII (Los últimos Jedi): Un atracón... de nada

Star Wars VIII (Los últimos Jedi)

Dirección
Guion
Rian Johnson (Personajes: George Lucas)
Música
John Williams
Fotografía
Steve Yedlin
Reparto
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Vayamos por partes: A) Desde que Disney comprara Lucasfilm ha intentado por todos los medios rentabilizar (más o menos indignamente) todo el merchandising de la saga. Y ojo, no es que George Lucas, el creador de la misma, no lo hiciera, pero hombre, por lo menos lo hacía de una manera menos descarada, menos orquestada. Con unos poquitos más de miramientos y sin tener tantísimo en cuenta todo el espectro comercial que la todopoderosa maquinaria de marketing de Disney domina. B) El intento de recuperar todo lo mejor de la saga original con la anterior película dirigida por J. J. Abrams fue un (relativo) fracaso, ya que aunque los nostálgicos de la saga fueron contentados (cosa bastante fácil, ya que poniendo en la película al Halcón Milenario, a C3PO, R2D2, Chewbacca, Han Solo, la Princesa Leia y Luke Skywalker, unas buenas batallas espaciales y la banda sonora de John Williams ya tenían ración de sobra...) el resto nos quedamos un poco chafados al ver el torticero intento de replicar la Star Wars original de 1977 (que luego nos enteramos que la (re) titularon como "Una nueva esperanza"). C) Disney no podía desarrollar argumentalmente con total libertad la saga, ya que la Fox tenía parte de los derechos de Star Wars, así que tenía que inventarse algunas cosas nuevas. Pero claro, que fueran casi igual que las cosas antiguas, sobre todo porque ya sabían que funcionaban (y funcionarían) así que vamos a dejarnos de inventitos, que lo más importante es llevárnoslo crudo con el modus operandi de una película cada Navidad (como llevan años haciendo con las películas de animación -y ahora con las desvirtuadas de Pixar-).

Con estos antecedentes algo desesperanzadores y a pesar de que en el spin-off "Star Wars: Rogue One" (donde se contaba la historia de los espías que consiguieron los planos de la Estrella de la Muerte original...) no estuvo del todo mal, no esperaba demasiado de esta nueva película, que forma ya la octava parte de una saga que tuvo sus momentos gloriosos y sus momentos más indignos. Ahora con un director (y guionista!!!) renovado pretenden darle la vuelta a todo y ofrecernos una evolución de personajes, historias... y algo de eso hay, pero no nos volvamos locos. Empezando porque el Sr. Rian Johnson no es que tenga precisamente unos créditos impecables en su trayectoria como director y guionista (la película "Looper", algunos episodios de la genial serie "Breaking Bad" y poco más...) y terminando porque (otra vez) se recuperan personajes de la saga original como Leia y Luke, para seguir la historia. Y siguiendo porque (otra vez) se quiere contentar a todo el mundo: si en la anterior película se intentaba recoger todo lo mejor de la película del episodio IV de Star Wars, ahora se intenta recuperar el episodio V ("El imperio contraataca", el mejor de toda la saga): batallas en planetas con nieve (o parecido), las enseñanzas de una joven aprendiza jedi por un maestro desencantado que no tiene ganas de ejercer el magisterio, la amenaza de los malos que puede acabar con los rebeldes... en fin, más de lo mismo.

Que sí, que hay momentos muy espectaculares, que se nota la producción, que la música de Williams es maravillosa, que son reconfortantes las (re)apariciones de los personajes míticos de la saga (y no voy a hacer spoilers...) pero es que argumentalmente todo se coge con alfileres, y es una repetición algo cansina (y blandengue, vacía) de todo lo ya visto. Además, en aras de una mayor espectacularidad, se supeditan coherencias argumentales y personajes que no tienen interés alguno (Cameron Poe es un alter ego algo flojo de Han Solo, el personaje original de Luke se divide a su vez en tres personajes, y uno de ellos -Rey, la aprendiza de Jedi- no sabemos exactamente qué tiene que ver con todo el fregao Jedi, a excepción de que era una chatarrera que se encontró el casco de Darth Vader en la anterior película...¿? y así todo). Por cierto que ahora que Disney ha comprado ya todos los derechos de la Fox, podrá hace y deshacer todo lo que le de la gana con Star Wars, así que...lo llevamos claro. 

Como dije anteriormente, la todopoderosa industria de Disney ya está explotando a placer la película en todo el mundo, recaudando cientos de millones de dólares y hará rentable el producto. Pero otra vez, he salido decepcionado de la sala. Decepcionado porque inexplicablemente, una película de Star Wars me ha parecido aburrida a ratos, excesivamente larga, incoherente, con un desmedido deseo de que todo el mundo salga contento de la sala... y no ha sido así. Recuerdo que en las originales cuando acababa la gente aplaudía y se quedaban con ganas de más. Con la anterior y con ésta, la gente no solo no aplaudía, sino que bostezaba ante el hartazgo de fuegos artificiales con poca o ninguna base argumental. La épica y los efectos especiales están muy bien, pero si detrás no hay nada, a los pocos minutos pasa lo que con esta película: que te aburres como una ostra. Por muchas naves, sables láser, animalitos graciosos y batallas galácticas que te enseñes. Un atracón... de nada. 

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