> Canal de Cine FEDERICO CASADO

Si yo fuera rico: Sabes a lo que vas

Si yo fuera rico
Dirección
Guion
Álvaro Fernández Armero, Ángela Armero, Tom Fernández
Música
Vanessa Garde
Fotografía
Aitor Mantxola
Reparto

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La producción cinematográfica de Mediaset no se identifica en ningún caso con la calidad -artística- y sí con la una comercialidad fácil, y por qué no decirlo, funcional en muchos casos. Con el baluarte de "Ocho apellidos vascos", se comenzó hace unos años con una serie de éxitos de taquilla que han creado un ecosistema de técnicos y actores que es ya casi en si una pequeña industria audiovisual, soportada con las patas de la televisión, la plataforma digital del grupo y por supuesto y cerrando el asunto, con las películas. Un mecanismo publicitario que emula en miniatura lo que hace Hollywood a nivel mundial: apoyo incondicional de la cadena al producto que toca lanzar en ese momento, y cuidar en la medida de lo posible a todo ese colectivo técnico-artístico que (sobre)vive de esos productos. Ojo, que no critico en ningún modo el trabajo que Mediaset ha creado para muchos, pero sí que al saberse poseedores de un mecanismo casi infalible para conquistar la taquilla, rebajen muy mucho los cánones de calidad sin complicarse mucho la vida y creando productos -insisto lo de productos porque es lo que son, y no nos sonrojemos porque tampoco pasa nada cuando consumimos productos de Paramount, Universal o Sony, desde comedias hasta franquicias de superhéroes- que podían haber sido manifiestamente mejores.  

Precisamente digo esto porque un director como Álvaro Fernández-Armero, curtido con una filmografía apreciable, ahora ha abrazado sin fisuras este modo de hacer cine -como también lo hizo, recordemos, Emilio Martínez-Lázaro con la ya mencionada "Ocho apellidos vascos"-, rebajando sus intenciones (e intereses) y plegándose para crear una película de uso, consumo, y disfrute, con exigencias cero y con una buena provisión de chistes de brocha gorda -que por qué no, pueden hacer gracia...-. Una vez contextualizado todo ello, nada hay más fácil que jugar con el futurible clásico de comedia en la que alguien con la vida destrozada cambia su fortuna con un golpe de suerte (en este caso con una lotería con un bote de 25 millones de euros), pero que ha de mantener en secreto su fortuna so pena de tener que compartirla con su mujer, con la que está en proceso de divorcio...

La pena de esta comedia es que se centra básicamente en mostrar el antes y el después del fracasado convertido en millonario, y que navega poco con la original idea de esconder la fortuna por temor a compartirla -y no podemos dejar de recordar en esta reflexión argumental la brillante "Felices 140" de Gracia Querejeta, en la que una persona a la que le tocan 140 millones de euros decide hacer una gran fiesta para sus amigos...-.

Ubicada inequivocamente en Asturias, la evolución de la historia resulta bastante previsible, cosa que aunque por un lado funcione, esperando todos los clásicos chistes de este tipo de historias, por otro lado traiciona el elemento fundamental de una comedia: la sorpresa. Y aquí, para qué vamos a engañarnos, no la hay por ningún sitio, ya que sencillamente viendo el tráiler sabemos (casi) perfectamente lo que va a suceder.

Porque el hecho de visitar lugares comunes hace que el espectador no sólo sepa qué va a ver, sino que además sepa cómo y cuando lo va a ver. Y esto, que pudiera resultar un elemento negativo en muchos casos, provocando hartazgo al ir a ver otra vez la misma historia, resulta precisamente uno de los activos más eficaces de la película, que no es más que un juguete fácil y sin pretensiones para una tarde de refresco y palomitas y no pensar demasiado.

Gran parte de los protagonistas de la película -Álex García, Alexandra Jiménez, Jordi Sánchez- pertenecen precisamente a ese estrellato de Mediaset, famosos por sus muchas participaciones televisivas en series, con lo que la película es casi una prolongación de lo que vemos en la pequeña pantalla, solo que amplificado por el formato cine y sin anuncios -cosa por cierto muy de agradecer conociendo la brutal política publicitaria de Mediaset-.

Aunque confieso que me esperaba algo más original, también reconozco que ha sido mucho mejor de lo que también esperaba, habida cuenta de la nefasta experiencia de las últimas comedias de Mediaset ("Lo dejo cuando quiera", "Superlópez", "Ola de crímenes"...). Un producto enfocado para ese nuevo cine instaurado definitivamente en el siglo XXI, y que está en los centros comerciales y que como anestesia social de fin de semana mientras que hacemos tiempo para comprar o aprovechar que hemos ido a comprar para ver una película, resulta verdaderamente idónea. Pero ojo, sabes a lo que vas. O deberías saberlo, porque esto es lo que es.

TRAILER

Puñales por la espalda: Cluedo 2.0

Puñales por la espalda
Aunque se diga como un tópico aquello de "sabías lo que venías a ver", en esta ocasión está más que claro, desde el mismo cartel: es una especie de parodia/homenaje a todas esas películas de crímenes, detectives, sospechosos e intrigas, con el eje de referencia de la famosa Agatha Christie y por supuesto, todas las tramas imposibles que tan bien nos ofreciera durante décadas el genial Alfred Hitchcock. Todos los personajes además se describen como si fueran figuras de una especie de actualización del famoso juego de mesa Cluedo, solo que en el siglo XXI.

Además de todos esos reconocibles personajes, la película se toma la libertad de realizar una mordaz crítica a la actual Norteamérica, muy propia de la era Trump, en la que los inmigrantes tienen el doble de difícil integrarse en la sociedad de ese "primer mundo", que aunque resplandezca por su opulencia, tiene los mismos o peores vicios de las capas más deprimidas de otros países. Un verdadero muestrario de los pecados capitales, explotando a cada esquina y sin que podamos hacer prácticamente nada.

En este tablero, el juego comienza cuando un famoso y millonario novelista aparece muerto, supuestamente, después de haberse suicidado de una manera rocambolesca. Lógicamente, debido a la gran fortuna del personaje y todas las implicaciones que se originan por la herencia, empiezan a aparecer todos los familiares y personas relacionadas con el fallecido, incluyendo un misterioso e impertinente detective privado que ha sido contratado para investigar el caso...

El reparto verdaderamente estelar de la película -desde el mismísimo James Bond, Daniel Craig, al egregio Christopher Plummer, en plena forma, pasando por Chris Evans, que da un giro al honrado Capitán América o Jamie Lee Curtis, Don Johnson, Michael Shannon, Toni Collette e incluso la española Ana de Armas, integrada perfectamente- la dota de un empaque especial, y Ryan Johnson (uno de los obedientes artesanos llegados de la televisión para seguir la saga Disney/LucasFilm de Star Wars, la ignominiosa y aburrida "Los últimos Jedi") lo tiene muy fácil para hacer una película razonablemente interesante -aunque en el segundo acto se empantane un poco y esté a punto de caer en el aburrimiento-.

Pero lo más interesante sin lugar a dudas es su componente autoparódico, ridiculizando tanto los estamentos sociales más intocables (la familia, la fidelidad, el amor, los hijos, etc.) como cada uno de esos caracteres que harán todo lo que esté en su mano para salirse con la suya -y entre quienes también incluimos al detective que investiga el caso y ayuda a la policía, una especie de caricatura de Sherlock Holmes o Hercules Poirot, mucho menos glamuroso, y con el cachondeo adicional que sea nada más y nada menos que el mismísimo 007, el agente secreto más famoso del mundo-. 

Esta desquiciada trama de intrigas se va retorciendo de manera caprichosa -e inteligente- escalando un "crescendo" que aunque a ratos pudiera resultar poco creíble, tiene momentos realmente lúcidos y lo mejor, muy divertidos (insisto en el componente de divertimento, porque es la principal característica de la cinta, mucho más que intentar adivinar quién es el asesino/culpable -si es que lo hay- o quien es inocente. Hitchcock era un verdadero maestro en "engañarnos" con sus muchos recovecos y su refinada narrativa, y Johnson, sin ser ningún lumbreras -como ya ha demostrado- la verdad es que mantiene el ritmo y pulso para contar la historia, narrando de modo eficaz la evolución de la(s) trama(s).

Sin ser la octava maravilla del mundo, es una película funcional que cumple su función, en una especie de divertimento liviano que se trufa con diálogos punzantes y a ratos muy elocuentes y divertidos, y que se disfruta con una sonrisa cómplice por ver una versión 2.0 del famoso juego de mesa. Realmente tiene su gracia.

TRAILER


El Irlandés: El mayor asesino de la historia

El irlandés


Dirección
Guion
Steven Zaillian (Libro: Charles Brandt)
Música
Robbie Robertson
Fotografía
Rodrigo Prieto
Reparto

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El divino Martin nos ha tenido en ascuas para ver su último trabajo. Confieso que esa duración de más de tres horas así de momento me echaba para atrás -no recuerdo haber visto ninguna película en cine de esa duración desde "La Lista de Schindler"-, y que entrar otra vez en el mundo de los gángsters -por bien que lo haga Scorsese- me provocaba cierto hartazgo. Vale, que tenía la mejor alineación para jugar en Champions League (DeNiro, Pesci, Pacino, Keitel...) y que cuando está inspirado, este director es capaz de llevarnos a la excelencia absoluta. Pero también hay que recordar que de vez en cuando (sólo de vez en cuando, gracias a Dios), Martin también mete la pata hasta el fondo. Aún recuerdo la insoportable y soporífera "Silencio", realmente inaguantable. Y me temía lo peor.

Pero me equivocaba... al menos en la mayoría de esta reflexión. Es cierto que le sobra como una media hora, pero el resto...buf, es sencillamente néctar y ambrosía. Cine del de verdad. Alguien hizo una parábola entre esta película y la obra magna de Leone "Érase una vez en América" y por supuesto, la genialidad de Coppola en "El Padrino". Y los dos tenían toda la razón, porque Scorsese realiza la más cruda, dura y arriesgada visión crepuscular al mayor asesino de la historia, que no es ningún mafioso, ni ningún profesional: es el tiempo. Ese que pasa inexorable para todos -por mucho que no queramos- y que termina por darnos caza... y matarnos. Esta simple pero demoledora reflexión es la que va apareciendo poco a poco en esta maravilla de película, que como las capas de una cebolla, se va desgranando paulatinamente en el metraje.

Todo lo demás es circunstancial, ya que el personaje principal, un antiguo camionero veterano de la Segunda Guerra Mundial que empieza a trabajar con jefes mafiosos y se convierte en el hombre de confianza de Jimmy Hoffa, el presidente del sindicato de camioneros, en realidad sólo sirve para mostrar cuán cruel puede ser el paso del tiempo, empezando la elegía en un asilo en el que un anciano empieza a recordar toda su vida de éxitos y fracasos, de triunfos y traiciones, de amores y de odios. De familia, tanto la sanguínea como la espiritual.

Lo siento pero aunque De Niro está muy bien, no puedo dejar de ver en su expresión en la cinta todas esas comedias estúpidas que ha rodado en la última etapa de su vida, y me saca muchas veces del personaje, pareciéndome ridículo. Todo lo contrario de Pesci y Pacino, que bordan sus respectivos papeles: uno desde un sorprendente minimalismo (acostumbrado a las explosiones del genio de Pesci  "Uno de los Nuestros" o "Casino") y el otro desde el exceso contenido (Pacino en el mejor papel que ha hecho en cine en 20 años).

Hay otra cosa que me carga especialmente, y no sólo en esta película, sino en cualquier cinta: las clases de historia. Me importa tres pepinos la mucha o poca importancia que tiene para la historia del un país un personaje u otro. Lo que me importa es que me digan qué hace y quién es. Esa mitología que tantas veces repite el cine norteamericano con su historia -que será muy importante para ellos, pero no tiene por qué serlo para el resto del mundo- me resulta irritante. Por eso me fascinaban las anteriores películas de Scorsese sobre la mafia, porque no se centraba en la grandilocuencia de la trascendencia histórica, sino en personajes reconocibles con sus motivaciones.

En cambio en esta película hay momentos en los que se pone a dar clases de historia, y resulta demasiado alargado, demasiado estirado. Y por supuesto, absolutamente prescindible de la historia, ya que lo importante no es que Kennedy muera asesinado, o que Hoffa transforme el tejido social y laboral de Estados Unidos. Eso, con todos mis respetos, me importa lo mismo que puede importarle a un granjero de Minnesota que las reformas políticas de la crisis hayan creado precariedad laboral en España. O sea, un rábano.

Pero no seré mezquino y reconoceré que Scorsese nos ha regalado con este producto atípico -y digo producto porque no es una película "al uso", con más de tres horas de duración, producida por una plataforma digital de televisión -Netflix- y estrenada de tapadillo poco antes de su estreno televisivo- al menos dos horas de su mejor cine. Una historia crepuscular, profunda y sentida en la que nos enfrentamos al más pavoroso de los asesinos, ese que es implacable y que no tiene prisa en alcanzarnos porque sabe, a ciencia cierta, que no podremos escaparnos de él, por mucho que lo intentemos. El tiempo, ese que nos desarma de todas nuestras capacidades, que nos postra y nos hace débiles, por muy fuertes que hayamos sido. Esa es la mejor reflexión de Scorsese, que con "El Irlandés", ha llegado hasta la mayor profundidad emocional de cada espectador, como un diapasón cuyo sonido te entra hasta el cerebro. 

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