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Tenet: Nunca has visto nada igual

Tenet

Siempre he sido un gran amante de las películas, un auténtico peliculero. Y del cine, he


adorado 
cada recuerdo asociado a esas salas enormes del Madrid de mi infancia, los olores a penetrante ambientador, a palomitas, el tacto del vaso de refresco helado, los acomodadores -que antes llevaban unas elegantes levitas…- y toda esa parafernalia. Por eso ayer fue un día mágico para mí, porque desde 1984 -ahí queda eso…- he ejercido profesionalmente la crítica de cine y no he faltado casi ni una sola semana a ver los estrenos. Pero en esta anómala situación de pandemia, llevaba desde primeros de marzo sin pisar una sala, y ayer fue un reencuentro orgiástico con el cine, y con el posiblemente más esperado estreno del año, la última de Nolan. El grandilocuente Nolan, capaz de la mayor excelencia y de la mayor pedantería. Y su palíndroma última película -Tenet- es ambas cosas. Y mucho más. Es algo que nunca has visto. Palabra.

Sobre el papel, estamos hablando de una variación alucinante -y alucinada- de una simple película de espías, entre James Bond, pero más bien Jason Bourne: un agente se enfrenta a una conspiración mundial en la que está implicada una tecnología capaz de revertir el tiempo, un malo todopoderoso y cruel, una misteriosa chica, un compañero eficiente -y eficaz…-. Todos los factores para la ecuación perfecta de este género. Y encima, unos efectos visuales que seguro van a revolucionar el mundo del cine, al modo que lo hizo el famoso "bullet time" de "Matrix", porque nunca he visto en una pantalla la acción hacia adelante…y hacia atrás, A LA VEZ. No quiero hacer spoilers, pero cuando la veáis -porque independientemente del balance final, ésta es una película que hay que ver- lo entenderéis a la perfección.

Como ya digo, tiene todos los mimbres argumentales de una película de espías, pero es que además también tiene una preciosa historia romántica, intriga… y sobre todo acción. Si todos los trabajos de Nolan tienen un estilo propio, aquí se ha lucido, yendo mucho más allá en su propia narrativa. Cierto es que a veces es demasiado explícito, demasiado grandilocuente -marca de la casa, claro- y demasiado tremendista, pero aquí funciona. Es más, llega un momento en que da lo mismo, porque lo importante de "Tenet" no es entenderla. Es sentirla. Es entrar dentro de un complicado laberinto en el que nos encontramos toda clase de trampas que tenemos que ir sorteando para acercarnos a la salida.

Si podemos criticar algo más que el complejísimo argumento -en el que puedes llegar a perderte- es la sobrecarga casi permanente de acción. Una acción que llega a superarte, que te mantiene esas casi dos horas y media hipnotizado en el sillón, que no te deja parpadear y que hace que el corazón lata a más de 120 pulsaciones por minutos, una narrativa francamente cardiaca.

Otro elemento que no termina de convencerme en este megaproyecto -quizás el más importante de todo este anómalo año cinematográfico- es el protagonista, John David Washington (en efecto, el hijo de Denzel Washington, hasta ahora jugador de fútbol y de repente, actor…) que no está al nivel. Ni de la película, ni por supuesto, de papá, ya que se lleva prácticamente toda la película con la misma expresión al borde del llanto, y por muchos mamporros que pegue -que los pega…- nos quedamos un poco deseosos de un actor con más carisma, ya que encima Nolan lo ha rodeado de lo más granado de su equipo (Caine, Branagh, Pattinson…) y desentona, la verdad.

Una vez dicho todo esto…¿merece la pena ir a verla? Por supuesto, ya que a pesar de sus sombras, esta película tiene muchas luces. Luces que se apreciarán no ahora, sino dentro de unos años -como ha pasado con "Origen" -de la que es heredera- o con "Interestellar". ¿Podría haber estado mejor? Sí, claro, el guión tiene muchos agujeros, pero es tal el nivel de espectáculo de las imágenes, la acción frenética y trepidante (dos adjetivos que siempre se vinculan con la acción, pero que en este caso es casi imprescindible utilizarlos) y la narrativa que domina Nolan, que la hace imprescindible. Nunca has visto nada igual, habrá un antes y un después (nunca mejor dicho) no ya en las películas de saltos en el tiempo -y aprovecho para meter la cuchara y recordar "Primer", de la que tiene muchas cosas…- sino de la historia del cine.  

TRAILER


El oficial y el espía: Un detective clásico

El oficial y el espía

Dirección
Guion
Roman Polanski, Robert Harris (Novela: Robert Harris)
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Pawel Edelman
Reparto


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Tiene la última película de Polanski un delicioso regusto a cine clásico -como todo su cine- y una evolución inteligente del género detectivesco, trufado de las implicaciones sociológicas que determinaron en su día a la Francia que conservaba parte de la grandeza del imperio -a finales del siglo XIX- y a la misma Europa, donde la comunidad judía era mirada de través y con cierta inquina, independientemente de la clase socioeconómica a la que perteneciera.

El revisionismo histórico que realiza el director paradójicamente está casi exento de pasión -cuando debería ser todo lo contrario, habida cuenta del origen judío de Polanski- con un ejercicio notable de objetividad a la hora de ver uno los casos más vergonzosos en la historia militar de Francia, en la que un oficial de origen judío, el capitán Dreyfuss, es acusado de espionaje y condenado a cadena perpetua en una remota prisión en la otra punta del mundo -la Isla del Diablo, en la Guayana francesa-. Pero todo empieza a liarse cuando Picquart toma el mando del servicio de inteligencia del ejército y descubre que quizás el condenado es inocente…

Durante toda la investigación parece que seamos testigos de una carrera de obstáculos estratégicamente situados para minar cualquier intento de descubrir nuevas pruebas, so pena de que el alto mando caiga en el bochorno de haber cometido una injusticia. Pero claro, el caso no sólo tiene matices militares, sino también políticos, al ser judío el acusado (y condenado), con lo que eso significa en ese momento en Europa, con una marcada tendencia antisemita en toda Francia -como luego, con el paso de los años, se vería…-. Toda esa trama detectivesca tiene mucho que ver con el desarrollo clásico al estilo de Conan Doyle, sólo que con un regusto francés inequívoco. Como si viéramos a un Sherlock Holmes menos locuaz y brillante, pero igual de efectivo, agudo, inteligente y resolutivo, sin dejar por ello de ser un "bon vivant".

Una de las principales características de Polanski, aparte de su depurada narrativa y de su habilidad de entresacar lo mejor de los textos que guioniza -en este caso, la novela de Robert Harris- es su capacidad de destilar lo mejor de sus actores, y en este caso Dujardin -por el que siento verdadera debilidad- da un verdadero recital, componiendo a un complejo personaje lleno de matices que van del más completo clacisismo a la modernidad en sus relaciones sentimentales, su sentido de la lealtad, de la amistad, de la justicia, de la bondad o incluso de la realidad, que a veces choca directamente con su propia concepción del mundo. La esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner está soberbia, así como todo el reparto coral que representa las instituciones más rancias militares francesas, camuflando el honor con discrección cuando procede. La revolución social que supuso el caso está igualmente bien plasmado, a través de los poderes civiles -como la abogacía o la judicatura- y con especial atención a la prensa, que fue la última responsable de la revisión del caso en el que llegó a implicarse el mismísimo Emile Zola.

Normalmente, este tipo de cine me resulta algo tedioso, ya que se suele adoptar una posición demasiado visceral a la hora de revisar páginas de la historia para intentar reescribirlas, pero la gran inteligencia y capacidad del director a la hora de adoptar una pose neutral es la que dota al film de un gran empaque, llegando a entender en profundidad toda la psicología de los personajes, en una verdadera sinfonía de posicionamientos vitales, sacando a flote conceptos como el valor, el honor o la vergüenza, juzgándolos con la misma severidad con que se intentan defender cuando llega el momento. Una gran obra, de un inspiradísimo Polanski, que está en plena forma. Se me hace la boca agua al pensar que en España pudiéramos hacer un cine siquiera parecido a éste a la hora de revisar nuestra propia historia. Ojalá.

TRAILER 

The Gentlemen (Los señores de la mafia): Ritchie domesticado

The Gentlemen
(Los señores de la mafia)
Dirección
Guion
Guy Ritchie (Historia: Guy Ritchie, Ivan Atkinson, Marn Davies)
Música
Christopher Benstead
Fotografía
Alan Stewart
Reparto
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Hay gente -entre los que me hallo- que opina que todos los directores al final hacen la misma película una y otra vez con variaciones: desde Scorsese al mismísimo John Ford, Hitchcock e incluso Spielberg, tienen sus propias narraciones, sus propios "tics". Incluso -y sobre todo en el caso que nos ocupa- sus propias temáticas. Si Scorsese ha realizado un estudio socio-antropológico de la mafia italoamericana, Ritchie ha escrito su propio doctorado sobre los bajos fondos londinenses, quintaesenciados en el más rabioso universo "cockney".

Ya desde "Lock & Stock", Ritchie ha desgranado ese sucio, cutre y falso oropel del lujo conseguido por las más ilícitas maneras, desde el juego clandestino, las peleas de perros, los combates de boxeo clandestino, o sencilla y llanamente, el robo o la estafa. Todo vale, esto es la jungla y el que no se espabile en ese equilibrio de poder, se va a la mierda a la carrera. Pero si pudiéramos extraer todo esa reflexión de la mejor manera posible, su genial "Snatch, cerdos y diamantes" ha llegado a cotas que aún no se han superado, porque "Rock'n Rolla" no deja de ser una (lujosa) pero parcialmente vacía marcianada, más aparente que otra cosa. Y algo así le ha pasado en esta última incursión de los bajos fondos de Londres, pero que ha bajado varios enteros en el cómputo general de su obra, porque, queramos o no, Ritchie ha sobrepasado los cincuenta años, y no es el joven hambriento, salvaje, cínico e irreverente del inicio de su carrera. Ahora es ya un señor mayor, al que se le nota que está bastante alejado de todo ese submundo, y aunque se empeñe en seguir siendo "cool", enrrollado y tal, todo suena bastante impostado, bastante falso. Ay, que aunque no haya querido, Ritchie se ha domesticado.

Confieso que he sido siempre un gran admirador de su depurada estética y narrativa videoclipera, que me fascina el uso que hace de la cámara (de la que se enamora casi a cada plano en sus películas, y que por malas que fueran -como su versión apócrifa de la biografía del Rey "Arturo"- siempre tenían algún hallazgo fascinante (siguiendo con la de "Arturo", el paso de la niñez a la adolescencia de ese personaje merece estar en un museo audiovisual como ejemplo de elipsis y narración cinematográfica, así como suena…). En cambio ahora es todo como mucho más "normal" y aunque intente añadir bocanadas de aire fresco -con retales de videoclips chonis de youtube-, suena a demasiado artificial. Ya no cuela.

La historia, aunque está contada a través de un personaje bastante irritante interpretado por un Hugh Grant más pasado de vueltas de lo habitual (su tartamudeo llega a ser exasperante en esta ocasión… y yo que pensaba que ya se le había olvidado ese odioso registro…) es de lo más plano, obvio y predecible: el jefe del narcotráfico de marihuana de Londres decide vender su negocio a otro potentado, pero las cosas y el propio mercado no va a ser precisamente estable, cuando además entran en juego otras facciones de los bajos fondos que intentan llevarse su tajada…

Lo que me ha sorprendido, y muy gratamente, es Charlie Hunnam, que realiza el que probablemente sea su mejor papel hasta ahora desde la serie "Sons of Anarchy", como el calmado lugarteniente del superjefe mafioso que interpreta McConaughey, rebosante de carisma en una esplendorosa madurez. La coralidad, elemento habitual de los filmes de Ritchie, sigue presente en una galería verdaderamente demencial de personajes, que la verdad están bastante bien descritos y encajados. Especial atención merece Colin Farrell, cuya bis cómica le va como anillo al dedo en un personaje que podríamos verlo como una evolución de los personajes que en su día interpretara Vinnie Jones (el exjugador de fútbol).

Pero vamos al solomillo de la cuestión: ¿es divertida la película? Si, lo es, pero no tanto como podría esperarse del desquiciado universo anteriormente mostrado por Ritchie. Vamos, que si conoces la obra de este hasta ahora inclasificable personaje, quedas un poco decepcionado, porque aunque esos tics siguen presentes, ahora es casi un director normal en su desempeño. Toda esa rabia y originalidad, parece ahora estar metida con calzador, no resulta natural. Y confieso que me da bastante pena, porque echaba realmente de menos algo a lo que agarrarme, algo que haga destacar esta película sobre otras cientos que se han hecho de la temática o del propio Ritchie… y no es así. Incluso los títulos de crédito iniciales, habitualmente fascinantes en sus películas, son un poco "lo de siempre". No hay ese efecto "wow" que tienen sus películas. Porque queramos o no, todos envejecemos. Y Ritchie lo ha hecho, y se le nota. Se ha (o lo han) domesticado. Lástima.

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