Ad Astra: Tras la huella de 2001


Ad Astra
Dirección

Guion
James Gray, Ethan Gross
Música
Max Richter, Lorne Balfe
Fotografía
Hoyte van Hoytema
Reparto
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Todo aquel que me conozca estoy seguro que pensará cómo me frotaba las manos antes de ver esta película. Las referencias son más que evidentes: Arthur C. Clarke, Stanley Kubrick y 2001. Y si nos apuramos, toda la ciencia ficción metafísica de autores como Stanislaw Lem. Buscar la trascendencia humana en las mismísimas estrellas, en el universo. Y todo articulado más allá de una película de acción o aventuras (como lo fuera "Gravity"), sino escarbando un poquito más en la vocación de las grandes preguntas filosóficas que siempre están presentes en la historia de la humanidad: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Estamos solos en el Universo?... y así.

No hace demasiados años el megalómano Christopher Nolan nos regalaba "Interstellar", que en la línea de todo lo anterior iba incluso más allá, entrando en universos paralelos que trascienden a la materia física misma y jugueteando con conceptos como el alma, el tiempo, el espacio y la muerte. Con menos ínfulas que Nolan, Gray ha apostado por esta estructura, aunque quizás no yendo tan lejos en sus pretensiones: estamos en un futuro cercano, y una serie de pulsos energéticos amenazan con la vida misma en la tierra. Esas tormentas parecen venir del final de nuestro sistema solar y de un proyecto espacial que fue en busca de inteligencia extraterrestre, y en esta ocasión se mandará al hijo del responsable de aquel proyecto para ver si contactando con su padre, se pueden eliminar estas amenazas, o por lo menos saber a qué se deben...

En este marco argumental de lo más sugerente, Brad Pitt tiene oportunidad de demostrar lo que siempre ha intentado y que su apolínea belleza y musculatura le han impedido: que es un buen actor. De hecho, toda la película gravita -nunca mejor dicho- sobre su contenida interpretación, que es realmente excelente. De la misma manera que su personaje, el comandante Roy McBride, tiene unas pulsaciones bajísimas en cualquier crisis o amenaza, Pitt logra contener hasta el máximo su registro, demostrando que con el mínimo repertorio actoral puede transmitir una enorme galería de emociones. Un trabajo impecable, al modo del mismísimo Keir Dullea en 2001 -si no, superándolo- en el vacío del espacio, a la búsqueda de una respuesta de su propia existencia.

Porque "Ad Astra" (dos palabras en latín que significan "A las estrellas") además de narrar un viaje exterior intergaláctico de lo más esplendoroso, también realiza un viaje interior hacia los propios demonios del personaje, que ha crecido a la sombra de la leyenda de su padre, y que con esa referencia, intenta no perder su propia identidad (si es que alguna vez ha llegado a tenerla, con esa losa). En este momento me acuerdo de Freud por dos motivos: el primero es por su teoría de que para poder crecer y convertirse en un adulto, el sujeto tiene que "matar" la figura del padre protector y castrante, desligándose de él y cortando el cordón umbilical; y el segundo es por su divertida reflexión sobre la vida extraterrestre, ya que el padre del psicoanálisis apuntó que "la prueba evidente de que existe vida inteligente fuera de la tierra, es que aún no han contactado con nosotros".

Las hipnóticas imágenes del espacio están brillantemente plasmadas, pero demuestran una vez más la enorme grandeza de 2001, ya que a día de hoy, ninguna película -ésta incluida- puede superar la narrativa visual de ese espacio infinito que nos rodea y que nos sitúa (y dimensiona) en la pequeñez que los seres humanos tenemos en el universo: todos nuestros problemas y disquisiciones, guerras, intrigas, ambiciones y deseos son millonésima parte de la millonésima parte de una roca que está dentro de la millonésima parte de una galaxia que su vez está en la millonésima parte del universo infinito, así como suena.

No puede uno por menos que sentir un respeto casi ceremonial ante esta reflexión, que está presente en una película que por lo demás está muy bien aliñada (aunque dos del equipo "Dédalus" de "Space Cowboys" de Eastwood como son Tommy Lee Jones y Donald Sutherland estén presentes en la película, así como algún que otro actor secundario de esta divertida y cómplice peli de abueletes en el espacio) y que tiene una muy buena y espectacular factura visual y sonora, con una excelente banda sonora de Max Richter y Lorne Balfe, capaz de transmitir la inquietante soledad del espacio y a la vez su majestuosa grandeza. Parece que James Gray ha dejado de hacer mediocridades y se ha licenciado como un director de empaque con esta película, con la que sale airoso de un envite tan complicado, después de hacer medianías como "Z, la ciudad perdida" o "La noche es nuestra" -por bien que estuviera Joaquin Phoenix en ella. O wait, es que Phoenix está bien donde se le ponga, deseando ya de ver su "Joker"-. 

Con esta película, Pitt intenta acercarse más al reconocimiento definitivo con el Oscar, no ya como productor -que ya consiguió en 2013 con "12 años de esclavitud", siendo además productor de "Ad Astra"- sino como actor, ya que aunque consiguió la nominación al secundario por "12 monos" de Terry Gilliam (que le dio el Globo de Oro), aún no tiene una estatuilla por una interpretación principal. La madurez le está sentando fenomenal a Pitt, que a sus 55 años no puede estar más de moda tras la última película de Quentin Tarantino "Érase una vez en Hollywood", y ahora con "Ad Astra", consigue un acercamiento mayor al reconocimiento absoluto en su faceta de actor.

Creo que en la historia del cine podríamos comparar bien a Brad Pitt con Robert Redford, que consiguió un Oscar como director de "Gente Corriente" en 1980, pero que nunca lo hizo como actor -aunque tuvo otro honorífico a su carrera artística-. Ambos son guapísimos, tanto y tan perfectamente... que parece que su credibilidad como actor se pone en entredicho. Y no es justo. Recuerdo una entrevista con Pitt cuando estrenó "Kalifornia", en la que explicaba que ya no sabía qué hacer para conseguir que le tomaran en serio: si se arreglaba, parecía demasiado guapo. Pero no se arreglaba, se dejaba la barba y el pelo largo... todavía parecía más guapo. Aunque pueda parecer un estigma positivo para un actor, en muchos casos, resulta una losa demasiado grande para sobrellevarse.

A ver si Pitt consigue quitársela de una vez y el público lo ve como lo que en realidad es: un excelente actor. Si te queda alguna alguna duda, te recomiendo que veas las citadas "Kalifornia", "12 monos", así como "Entrevista con el vampiro" o "Snatch, cerdos y diamantes", su más bizarra y divertida interpretación. Y con "Ad Astra", se lo merece.

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Downton Abbey: Brillante traslación

Downton Abbey
Hace casi diez años que la ITV, una de las más tradicionales y reputadas productoras de ficción audiovisual británica, estrenó una serie que supuso un éxito notable, "Downton Abbey", rememorando las tradiciones en las clases sociales (y económicas) en los inicios del siglo XX. De alguna forma, era la heredera de otra serie "Arriba y Abajo", donde ya en 1971 la misma productra, ITV, hacía una radiografía de clases en la Inglaterra post victoriana.

En este fresco social, veíamos que todas las clases, de la más alta (el mismísimo Rey de Inglaterra, su esposa y su hija...) hasta la más baja (los fontaneros, el tendero, la cocinera, el limpiabotas...) tenían sus servidumbres, obligados a mantenerse en esa posición a veces incómoda, pagando por cada una de las ventajas que pudiera tener. 

En esta alegoría de los compartimentos estancos de una sociedad regida en muchos casos por las apariencias y la rumorología popular (y a veces, no tan popular) veíamos a modo de estudio microscópico todos esos personajes evolucionar hacia la mejor y más feliz existencia posible, peleando contra todas las vicisitudes (que no son pocas) para intentar tener una vida plena. Vamos, que el mensaje general de toda esta reflexión, a veces profunda, de la humanidad es que en todos lados cuecen habas. Y aunque te toque ser marqués, seguro que vas a tener que tragarte algún que otro sapo, aunque no quieras. 

Resulta curioso que esta vivisección de personajes pueda resultar moralmente esperanzadora, mostrando -a modo del mismísimo Huxley en "Un Mundo Feliz"- que debemos admitir y resignarnos al papel que nos ha tocado en la vida, en la que tenemos que seguir un eje y pertenecer a algo más grande que nosotros mismos. Toma castaña, reaccionario que te pasas... pero no por ello menos real, porque al final, si simplificamos los condicionantes temporales y/o tecnológicos, lo más curioso es que este mensaje tiene aún vigencia. Y me temo que lo seguirá teniendo por siempre.

Además de las clásicas historias sentimentales, de relaciones personales y laborales entre cada uno de los sirvientes y señores -los Crowley- de la gran mansión que da título a la película, toda la acción se enmarca en la culminación y confirmación de la nobleza de la casa, ya que el mismísimo Rey de Inglaterra va a visitar con su séquito la mansión y pasará una noche en ella. A partir de entonces, toda la estructura y maquinaria de la poderosa Casa Real británica (sobre todo en esos albores del siglo XX) se pondrá en marcha para que todo salga perfecto. Y para ello no dudará en pasar por encima de todos los sirvientes y mayordomos de la mansión, relegándolos a un segundo plano.

Hay que reconocer que toda la producción y la factura es tan exquisita como la historia que estamos viendo, y todo está cuidado al máximo, cosa comprensible ya que el director también participó en la serie y está de sobra curtido en el medio televisivo. Pero es de agradecer que dimensione e hinche con efectividad el producto para convertirlo en un estreno en salas totalmente digno, sin el regusto rancio de una serie de televisión inglesa (el tópico), sino reconvertirla en una película competitiva en cualquier sala de cine. 

Es cierto que los arranques son algo titubeantes, pero pasada la primera media hora se añaden una serie de tramas bien elaboradas que se van trenzando con los personajes que ya conocíamos de la serie y que funcionan muy bien. Ignoro si será por la proyección o por la edición de sonido, pero a veces la mezcla de audio no estaba muy bien conseguida, y a la grandeza y elegancia de una banda sonora envolvente y muy propia para el producto, sorprendía la poca calidad y volumen de algunos diálogos entre los personajes, que en algunos casos resultaban verdaderamente complicados de entender (por más que lo que haya que decirse en estas casas se haga susurrando).

El caso es que mi escepticismo inicial a la hora de ver la película se fue difuminando poco a poco cuando terminé por encontrarme con una película interesante, con recovecos más profundos de lo que pudiera pensarse en un primer momento, y con personajes bien construidos, amén de estar representados por excelentes actores, unos rescatados de la serie y otros nuevos que también encajan a la perfección. En el marasmo multiformato en que se ha convertido la producción audiovisual, y en el que se trasvasan historias, personajes y tramas de la televisión al cine, a los canales de youtube, a las histories de instagram o a los memes de whatsapp, ésta es una muy digna traslación de la televisión al cine, algo que actualmente suele ser al revés, pero que en este caso, ha funcionado a la perfección. 

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Quien a hierro mata: La doble cara de Luis Tosar

Quien a hierro mata
Dirección
Guion
Juan Galiñanes, Jorge Guerricaechevarría
Música
Maika Makovski
Fotografía
Pablo Rosso
Reparto

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Cuando uno ve el tráiler de esta película, no puede por menos que sentirse bastante incómodo: ¿Qué pasaría si un poderoso narcotraficante gallego envejeciera y tuviera que ser ingresado en una residencia de ancianos por una enfermedad degenerativa? ¿Un delincuente debe pagar lo que ha hecho, independientemente de su fragilidad física y/o mental debido a su edad? ¿Estaría justificada la venganza, la misericordia, la indiferencia…? Esta premisa demoledoramente turbadora es el punto de arranque de una historia bastante clásica de ajustes de cuentas, poder y debilidad, todo ello enmarcado en una curiosa mezcla de thriller con algunos elementos de terror –género en el que este director se mueve con soltura-.

A diferencia de su anterior película “Verónica”, la premisa argumental de la que arranca la película se va consolidando poco a poco, en una progresión realmente bien lograda, aunque a nivel de guión veo un gran escollo que podría haberse resuelto mucho mejor, ya que cuando vemos al simpático, eficiente, locuaz y agudo enfermero jefe de una residencia de mayores, Mario (Luis Tosar), el paso siguiente en el que se dedica a cuidar del narcotraficante y su cambio de actitud explota de manera demasiado abrupta y con pocas explicaciones: justo lo contrario de lo que decía Hitchcock, que los espectadores tenían que tener más información que los personajes de la película para articular bien el suspense, el terror, la intriga. Bueno, pues esa información está servida con cuentagotas, a base de unos fallidos “flashbacks” que resultan en un inicio demasiado confusos, sin explicar casi nada. Aunque la estructura habría sido mucho más sencilla, creo que si hubiéramos desde el principio qué empuja al protagonista el cambio de actitud, todo habría funcionado igual, si no mejor.

No obstante, Plaza lleva demostrando su buena mano y oficio como realizador desde hace bastante tiempo (junto con Jaume Balagueró en la saga “REC”) y ahora hace un excelente trabajo con los ambientes y con el trabajo de actores, donde evidentemente la gran estrella del show es Luis Tosar, que hace posiblemente la mejor interpretación de su carrera (hasta ahora, porque este actorazo se supera día a día). Además tiene una de esas raras cualidades que pocos intérpretes en la historia del cine tienen: tener una doble cara y pasar de una a otra en segundos. Es capaz de resultar encantador, cercano, cómplice y buena gente (y con esa barba beatífica que tiene en esta película, mucho más) y al segundo siguiente convertirse en el más peligroso hijo de la gran puta. El gran Gene Hackman era otro de esos actores que podía hacerlo con una naturalidad pasmosa, pero Tosar lo hace igual o incluso mejor (y podríamos hablar de los inicios de este registro en este actor en “Sin noticia de Dios”, donde interpreta a un policía muy enrollado, pero que en realidad oculta a un cabronazo capaz de todo…). La tónica general en el resto de los actores es buena, aunque hay algunos papeles que pueden resultar casi caricaturas, e incluso alguna interpretación pasada de vueltas, innecesariamente.

Pero el saldo general de la película es muy positivo: la parábola que hace con el título, y que penetra casi en cada personaje de la historia está muy bien articulada, y se nota la mano de un peso pesado del guión en el cine español como Guerricaechevarría (habitual colaborador de Alex de la Iglesia). “Quién a hierro mata” no sólo es una mirada terrible al abismo que puede provocar la vejez, la incapacidad y el deterioro de una persona, sino que también es un viaje a los infiernos personales más peligrosos, reforzando las leyes más elementales de la física que dicen que toda acción provoca una reacción. Y normalmente, en sentido contrario.

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