Bertolucci aclara la polémica sobre la escena de 'El último tango en París'

La polémica sobre la escena sexual de 'El último tango en París' ha provocado tal ola de indignación y, sobre todo, desinformación, que el propio Bernardo Bertolucci ha lanzado un comunicado donde matiza sus declaraciones de hace tres años y en las que aclara el punto más relevante de la controversia, Maria Schneider sí conocía la violencia de esa escena. El cineasta ha aclarado sus palabras y ha especificado que lo que indignó a la actriz fue "el uso impropio" de la mantequilla, algo de lo que no se le informó antes de rodar la secuencia.
El último tango en París

Ha sido en un comunicado oficial en el que el realizador de 'El último emperador' y 'Soñadores' ha aclarado el caso sobre la polémica escena y rechaza las informaciones que apuntaban que la violación mostrada en la cinta era real o que la actriz desconociese que iba a rodar una agresión sexual. "Quisiera aclarar, por última vez, el ridículo error que sigue alrededor de 'El último tango en París' en medios de todo el mundo", explica.
El cineasta continúa: "Hace unos años, alguien de la Cinémathèque Française me preguntó por los detalles de la famosa escena de la mantequilla de Marlon Brando y Maria Schneider, aunque quizás no fui lo suficiente claro, que decidí no comunicarle a Maria el uso de la mantequilla en la escena. Busqué que tuviese una reacción espontánea a un uso tan impropio. Hay personas que han creído que ella no estaba informada de que, en la escena, iba a violarla. Eso es falso. Maria lo sabía de antemano porque leyó el guión y ahí todo estaba descrito".

"La escena estaba prevista"

"Lo que sí varió respecto al guión sobre la idea de la mantequilla. Eso fue lo que ofendió mucho a Maria, según supe varios años después. A Maria no le molestó la violencia mostrada en la escena, puesto que estaba prevista", explica. Además, el realizador habla sobre la gente que cree que la escena es real, "consuela a la par que aflige que aún haya personas que sean tan naif que crean que lo que se ve en el cine esté sucediendo de verdad. Desconocen que, en el cine, el sexo es la mayor parte de las veces ficción y probablemente crean que John Wayne cuando disparaba a un enemigo, era real", termina.
El último tango en París

En el vídeo de las declaraciones, que filtró un blog en castellano durante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el cineasta fue muy ambiguo en sus declaraciones, en las que comentaba que no le dijo "lo que iba a suceder" porque quería "ver su reacción como chica, no como intérprete" y que reaccionase "al acto de humillación, que sintiese los gritos".
La actriz, que después de la película trabajó con reconocidos cineastas como René Clément, Micheangelo Antonioni, Jacques Rivette, Luigi Comencini o Josiane Balaskoy con actores de la talla de Jack Nicholson, Geraldine Chaplin, Gérard Depardieu o Lucia Bosé, declaró en 2007 lo desagradable que fue filmar esa escena"Debí haber llamado a mi agente o tener a un abogado presente en el set, porque no puedes obligar a alguien a hacer algo que no está en el guión, algo que no sabía. Marlon que me dijo que no me preocupase, que era sólo una película, pero durante esa escena, incluso sabiendo que no era real, lloraba de verdad. (...) Me sentí humillada y, para ser honesta, un poco violada, tanto por Marlon como por Bertolucci. Después de la escena, Marlon no me consoló ni pidió disculpas. Afortunadamente, sólo fue una toma".

Schneider fue amiga de Marlon Brando en los años posteriores

Sobre si era real o no la escena, la actriz, fallecida por un cáncer en 2011, en la misma entrevista comenta: "Por supuesto que no. No había atracción entre nosotros. Para mí, él era como una figura paterna y yo era como una hija para él. Me dijo una vez que le recordaba a su hija Cheyenne por mi cara. Además, me dio varios consejos sobre la industria cinematográfica. Hemos seguido siendo amigos hasta el final, aunque hubo una época en la que no hablábamos sobre la película. Pero, sin duda, la mejor experiencia que tuve en el rodaje de 'El último tango en París fue filmar con Marlon".
El último tango en París

Schneider no tuvo más relación con Bertolucci, aunque sí con Marlon Brando, al que la actriz consideró un amigo y con el que mantuvo el contacto hasta la muerte de éste en 2004. De hecho, en 2001 Schneider habló ya sobre su interpretación en la película y consideró que "no estaba preparada" para enfrentarse a ese tipo de papeles. "'El último tango en París'... mi primer papel importante. Fue una coincidencia total. Los protagonistas iban a ser Dominique Sanda y Jean-Louis Trintignant pero ella se quedó embarazada (...) Me arrepentí de mi elección ya que era el comienzo de mi carrera debía haber sido más dulce y tranquilo. Para 'Tango' no estaba preparada. La gente me relaciona con un personaje que no era yo, con mantequilla, cerdos viejos... Incluso Marlon Brando, con su carisma y clase, se sintió un poco violado y explotado por la película. La rechazó durante años, y yo lo sentí doblemente".
Las ambiguas declaraciones de Bertolucci provocaron una ola de indignación que llegó hasta la industria de Hollywood. La actriz Jessica Chanstain comentaba que "todas aquellas personas que aman la película" están "viendo cómo una joven de 19 años está sufriendo abusos sexuales de un hombre mayor de 48 años" y afirmaba que "el director planeó el ataque"El actor Chris Evans pidió que se encarcele a Bertolucci. En redes sociales ha habido voces pidiendo la prohibición de la películay una petición en Change.org para exigir a la Academia de Hollywood y Bertolucci una disculpa pública.

Animales Nocturnos: Ya hay un David Lynch, gracias

Animales Nocturnos
Director
Guión
Tom Ford (Novela: Austin Wright)
Música
Abel Korzeniowski
Fotografía
Seamus McGarvey
Reparto
No quiero parecer pedante, pero me parece apropiado empezar esta crítica con la explicación de lo que en Psicología se denomina "efecto halo", y que consiste en una generalización de la percepción de una persona en base a una sola característica, por ejemplo, si alguien es guapo, pues también le atribuimos que pueda ser simpático, listo, etc. Y si hace bien una cosa, pues generalmente también puede hacer bien otras. Por supuesto que también funciona en negativo, y muchas veces somos injustos cuando etiquetamos un rasgo no favorable en alguien y terminamos generalizándolo al resto de su perfil.

Tom Ford es un verdadero genio del diseño, la comunicación y la mercadotecnia: consiguió volver a hacer rentable la marca "Gucci", y de estar en la más absoluta ruina, ahora es una empresa con un valor aproximado de 4300 millones de dólares. Ford además ha formado parte del departamento de diseño y comunicación de Yves Saint Laurent, y ha fundado su propia marca de moda, abarcando complementos y exquisita ropa de marca. Hasta ahí todo bien. Ford además de ser millonario, joven y guapo, es uno de los personajes que siempre está en el candelero en la cultura americana. Incluso hizo una película razonablemente buena protagonizada por Colin Firth "Un hombre soltero", que basada en la novela de Christopher Isherwood narra la compleja historia de un profesor británico y homosexual que tiene que adaptarse socialmente cuando su amante muere, en el Los Angeles de 1962.

Pero, si es tan fashion y lo hace todo tan bien en el mundo de la moda... ¿también lo hace en el mundo del cine? Pues no oiga, no. Si en su primera película le dábamos un aprobado por su acercamiento respetuoso a un mundo que no era el suyo, con comedimiento y relativa eficacia (como productor, guionista y director, oiga...) en su segunda película se ha destapado ya todo su egocentrismo, creyéndose el mismísimo David Lynch, y fracasando estrepitosamente. Porque su segundo film es un auténtico peñazo: lento, aburrido, soporífero, y lo que es peor, con un guión demencial que no rescata ni de lejos la complejidad de la novela de Austin Wright. Si Ford puede ser un realizador aceptable, como guionista es realmente espantoso, a tenor de su segunda película. Porque si en su primera película como guionista contó con la ayuda de David Scearce, ahora ya salta solo al ruedo. Y le ha cogido el toro de lleno.

¿Que de qué va la película? Eso mismo me pregunto yo. Mira que entré contento en la sala al saber que la divina Amy Adams era la protagonista... pero es que de verdad, a esta película no hay por donde cogerla: el arranque cuenta la historia de una galerista de arte que recibe el manuscrito de una novela escrita por su exmarido, en medio de su lujosa y tediosa vida con su segundo marido, un guapo y apuesto médico que pasa totalmente de ella. A partir de entonces, los flashbacks de la vida de la protagonista con su primer marido, con su segundo marido, y con la historia que cuenta la novela, se irán sucediendo de una forma bastante confusa y caprichosa, llegando a resultar tan desconcertante, que terminas por desconectar de una historia que para colmo tiene un desarrollo deficiente y un final que al fin y al cabo, está acorde con el resto de la película y que solo se puede calificar de una forma: decepcionante.

Ford, que ha decidido que ahora su principal objetivo es el mundo del cine, debería seguir con sus exitosos negocios de moda y diseño y dejar a los profesionales de la ficción audiovisual hacer sus productos, porque sinceramente, sus producciones cinematográficas dejan bastante que desear. Estoy seguro que si David Lynch se metiera a diseñar gafas o perfumes no tendría el éxito que tiene cuando dirige películas. Pues lo mismo le digo al Sr. Ford: ya hay un David Lynch, un señor que ha reinventado la narrativa cinematográfica y televisiva, con una fascinante capacidad narrativa visualmente surrealista. Los infantiles e inocentes intentos de Ford a la hora de epatar al espectador con secuencias atrayentes en cuanto a la producción y fotografía y en cuanto al desgarro interpretativo (el pobre Jake Gyllenhaal se lleva media película llorando sin parar -y lo que es peor, sin motivo aparente- y la otra media gritando por no haber hecho algo que incomprensiblemente, no ha hecho ¿¿¿???) no consiguen absolutamente nada. Bueno sí, que tengamos claro que lo suyo no es el cine, sino la moda. Y repito: que ya hay un David Lynch, hombre... 

TRAILER

La Reina de España: Demasiado Cartón-Piedra

La Reina de España

Director
Guión
Fernando Trueba
Música
Zbigniew Preisner
Fotografía
José Luis Alcaine
Reparto


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Desde luego, si Trueba quería que su película tuviera un estreno sonado, lo ha tenido. Tanto por sus polémicas declaraciones al recibir el premio nacional de cinematografía en 2015, como por la demanda de los guionistas Carlos López y Manuel Ángel Egea al haber utilizado sin su permiso los personajes del guión de "La niña de tus ojos" (del que eran coautores con el propio Trueba, su hermano David y el gran Rafael Azcona...) y para rematar, por el cartel hiperrealista creado por el pintor Joaquín Risueño, que levantó tal polémica que finalmente fue desestimado por la distribuidora, sustituyéndolo por otro aún peor (aún me pregunto qué quiere decir exactamente el cartel actual, en el que vemos un grupo de señores comiendo a una mesa, más las caras de los actores y una foto de Penélope Cruz, la protagonista, con Chino Darín).

Claro que en contra de la creencia de que "no hay mala publicidad", aquí se demuestra que si puede haberla, sobre todo por la pésima recaudación en el primer fin de semana de estreno de esta película, que no ha llegado a los 400.000 euros en 340 salas de cine. El holgado presupuesto del que Trueba ha dispuesto -11 millones de euros- para una producción fastuosa rodada entre España y Hungría, ha servido para muy poco a la hora de seducir a los espectadores españoles a ir a las salas, no ya por el supuesto "boicot" en las redes sociales por sus nada afortunadas declaraciones al recoger el premio (que demuestra además que el supuesto "sentido del humor" de Trueba no es entendido por nadie, como le ha pasado precisamente en "La Reina de España"), sino porque hay desde hace tiempo un escollo abierto entre el público español -que es el potencial para sus películas- y las películas de Trueba: exceptuando aquellas en las ha figurado como productor, cuando se ha puesto a dirigir ficción -como en "El Embrujo de Shanghai", "El baile de la victoria" o más recientemente "El artista y la modelo"- se ha estrellado, interesando únicamente a un público muy minoritario.

Por eso esta diatriba de dimes y diretes, de que si unos son unos fachas y otros son unos desagradecidos, que si me siento español cinco, diez o quince minutos, o que si no me siento... en realidad tiene poco que ver con una realidad: Trueba, como le ha pasado a muchos directores consagrados, hace las películas que le gustan y para sí mismo, despegado del contacto con el público y con unas claves tan concretas, tan especiales -y específicas-, que sólo él y sus amigos las conocen y se divierten con sus chistes. El resto, sencillamente ni las comparte, ni las entiende.

Haciendo un poco de historia, poco queda de aquel Trueba crítico de cine y que se asomaba al cine de la movida madrileña con las refrescantes "Ópera Prima", "Sal Gorda" y sobre todo su gran éxito de 1985, "Se infiel y no mires con quién", adaptando una obra teatral exitosa y convirtiéndola en un vibrante y funcional vodevil en pantalla. Ese inquieto cineasta se fue transformando en un autocomplaciente director que hacía lo que le daba la gana, con ninguna (o muy poca) repercusión en el público, -y ahí están las producciones internacionales como "El sueño del Mono Loco" (que casi nadie comprendió y que contó con Jeff Goldblum y Miranda Richardson, nada más y nada menos) o "Two Much" (cuyo único logro fue el romance que se produjo entre Antonio Banderas y Melanie Griffith).

A partir de ahí y con las excepciones de "Belle Epoque" (que ganó el Oscar a la mejor película extranjera por España) y de "La niña de tus ojos" (que ironizó con la impronta del gran Rafael Azcona el episodio histórico de Imperio Argentina cuando tuvo que ir a los estudios UFA de Alemania con Hitler en el poder...), el público ha querido saber muy poco de Trueba. De hecho, estas dos últimas películas han sido realmente sus únicos éxitos de taquilla. Por eso parecía lógico recuperar los personajes de esta última película. El problema es que ya no está Rafael Azcona, ni otros guionistas; sólo Fernando Trueba, que aunque bastante oficio y solidez como realizador, ha demostrado que como guionista se ha hecho la picha un lío. Porque se supone que estamos ante una comedia... y de comedia tiene muy poquito. Mejor dicho: nada.

Argumentalmente estamos 18 años más tarde de lo que sucedió en "La niña de tus ojos": Macarena Granada se ha ido a Hollywood, y tras varios romances se ha convertido en una superestrella ganadora de un Oscar, mientras que a sus compañeros les ha ido regular en la España de Franco y en la Europa de la Segunda Guerra Mundial y posguerra. Haciendo un guiño a Samuel Bronston y todas las grandes producciones norteamericanas realizadas en España -como "55 días en Pekín", "El Cid" o "La caída del Imperio Romano"- la actriz vuelve a su país para protagonizar una biografía de la reina Isabel la Católica, dirigida por un prestigioso director y con un elenco internacional... claro que Macarena se va a enamorar de un guapo y musculoso maquinista que se ocupa de mover las cámaras....

No sólo esta premisa es exactamente igual que en "La niña de tus ojos" (allí se enamoraba de un judío ruso que estaba en un campo de concentración nazi), sino que también hay una subtrama política -Blas Fontiveros ha sido condenado a picar piedra en el Valle de los Caídos y tienen que sacarlo de allí-, otra de confusiones sexuales (otra vez con Jorge Sanz intentando evitar a un galán homosexual, ésta vez norteamericano) y así con todos los chistes y personajes, que vuelven a repetir casi literalmente todo.

Aunque hay momentos logrados, el mismo tono impostado de los escenarios de la película es el que se transmite a su vez en la proyección: todo parece falso, una mala copia en cartón piedra de la realidad. Y Penélope Cruz, la que debería ser el epicentro de la historia -como sucedía en "La niña de tus ojos", probablemente el mejor papel de su carrera junto con el de "Volver" de Almodóvar- ya queda algo ridícula en situaciones de lo más rocambolescas (que no voy a contar por riesgo de spoiler, pero que no resultan nada creíbles; ni por el (falso) acento andaluz, ni por la concepción misma de las secuencias). Por cierto, que merecen la pena mencionar las interpretaciones de Mandy Patinkin y Arturo Ripstein, ambos realmente brillantes, así como un esforzado Javier Cámara, quizás el único que añade realmente notas divertidas a la película.

Es cierto que hay muchos homenajes al cine, sobre todo a la rumorología que todos hemos conocido (que si Rita Hayworth, que si Greta Garbo, que si Cary Grant, que si...) pero todo ese alarde cinefilia barata de poco sirve si lo que nos presentan es algo manido, trillado, ya visto. No funciona. No comprendo muy bien por qué están intentando vender esta película como algo divertido, cuando no lo es; no lo es porque argumentalmente, aunque está articulada como una comedia de enredo vodevilesca -puertas que se abren y cierran, confusiones, enredos...- lo que cuenta es un verdadero drama. Es realmente penoso ver una banda sonora con recursos humorísticos que no pegan ni con cola con lo que estamos viendo, al igual que los chistes, totalmente fuera de lugar. No deberían haberlo vendido como una comedia, porque no lo es. No tiene gracia. Ni la hace. Y lo peor que le puede pasar a una película de supuesta comedia, es que no haga gracia, porque termina siendo ridícula e incluso, patética. 

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