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Malasaña 32: Empacho atragantado de tópicos del terror

Malasaña 32

Dirección
Guion
Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea
Música
Lucas Peire, Frank Montasell
Reparto
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He titulado de manera tan redundante esta crítica, porque esta película me ha resultado tan redundante en los tópicos de esas películas de "neoterror-estilo-asiático-que-no-da-miedo" que me he atragantado. Y cuando estaba intentando digerir esa sobrecarga de recursos fáciles, de sustos impostados -que no dan susto- y de más tópicos... aparecen otros más de géneros clásicos como fantasmas, apariciones... hasta incluso echando mano de "Saw" y de su famoso payasete diabólico Jigsaw.

Y todo con la intención de asustar, o al menos eso parece. El problema es que llegamos al punto que estamos en una especie de casa del terror baratucha, en la que los monstruitos casi provocan más risa -no por su cuestionable efectividad en los sustos, sino por la de veces que nos intenta asustar- que miedo. Es como si nos subiéramos al tren de la bruja de una feria de pueblo, y en vez de que la bruja diera escobazos una o dos veces de manera inesperada -que provoca sobresaltos, qué duda cabe...- estuviera dando escobazos desde el principio y hasta el final del tiempo que nos toca estar montados en el tren. Claro, en el primer escobazo nos sobresaltamos, pero al cuarto ya nos toca las narices, porque no nos asustamos. Y encima lo vemos venir. Pues imagínate cuando en vez de ser cuatro, son 24 o 34 veces. Un coñazo, vamos...

Esta película nace muy a la zaga de "Verónica", película de 2017 ambientada en los años 90 en el barrio de Vallecas, y que está basada en hechos reales retratados por un informe policial (y en su propia y particular interpretación de lo que sucedió, claro...). Bueno, pues en este intento de replicar la mediocridad de aquella (porque aunque tenía buenas ideas, no terminaba de rematar nada...) ahora saltamos hasta 1976, y en vez de en Vallecas, en Malasaña: una familia llega del pueblo para intentar prosperar en la capital, instalándose en un piso, pero sin saber que al parecer hay una historia oculta (que no sabemos muy bien cuál es, porque no nos la explican ni la dejan clara en absoluto...) bastante siniestra... Al parecer existieron una serie de casos esotéricos allá por los setenta en el famoso barrio madrileño y aquí se han aglutinado en esta historia imposible (entre otras cosas, porque la calle Manuela Malasaña sólo llega hasta el número 30...).

Siempre he dicho que los dos géneros más difíciles en el cine son la comedia y el terror. Y por la misma razón: hay que ser muy cauto y meticuloso para no pasarse en las tintas, porque cuando en la comedia se traspasan los límites, ya no tiene gracia. Y en el terror, cuando se traspasa también ese límite, no es que de miedo, es que directamente, provoca risa. Pues en esas estamos, señores, porque llega un momento en que en plenos momentos álgidos de la trama, acabamos muertos de risa por lo ridículo. Es como si hubieran querido meter en una coctelera "El exorcista", "Poltergeist" y cien o doscientos títulos más del género terrorífico, y sin medir bien las cantidades, intentaran sacar una especie de Frankenstein que aglutinara lo mejor de todo. Pero claro, el cuestionable resultado es francamente ridículo.

Aunque A3 media ha apostado muy fuerte por esta producción -que como producción, es impecable, todo hay que decirlo...- provoca verdadera pena que se utilicen tantos recursos para un resultado tan malo. Porque es una mala película. Y lo que es peor, mala y aburrida. Un esfuerzo ímprobo que no se ha traducido en lo esperable, por mucho que hayan intentado (por todos los medios, se ven de lejos los intentos...) crear una saga (que sinceramente creo -y espero- que no sea así).

Recurriendo al viejo tópico de "más sabe el diablo por viejo que por diablo", cuando vi la cantidad de guionistas en los títulos de crédito (Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea), que prácticamente no tenían experiencia más allá de la televisión -un formato parecido pero NO IGUAL al del cine...- y que su director únicamente hizo un largometraje -"Matar a Dios", una propuestas estimulante aunque fallida en su resultado- y tropecientos cortometrajes -unos mejores y otros peores...- la cosa ya me olía mal. Encima, los actores son todos desconocidos -vistos en series de TV y casi sin participar en el cine, quizás los conocidos y curtidos en largometrajes no se atrevían con este proyecto al leer el demencial guión, porque presupuesto, tenían (A3 media, Warner...). Otra gran pena para mí ha sido ver en esta película a la gran Concha Velasco. 

Un completo despropósito, un fiasco absoluto, un empacho y atragantamiento de intentos de asustar, que al final, ni asustan, ni nada. Vamos, casi que ni te hacen reír.

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1917: Una experiencia única

1917
Las guerras siempre han sido un fértil terreno a la hora de hacer películas, no sólo en el ámbito bélico, sino en el de aventuras, thrillers, dramas y/o críticas sociales y así un larguísimo etcétera. Pero en realidad, han sido pocas las películas que hayan influido en la visión que tenemos de la guerra, de cómo fueron cada una de esas guerras y lo que es más importante, cómo eran cada uno de esos personajes.

Aparte de los referentes temáticos innegables ("Apocalypse Now", "Braveheart", o incluso "Senderos de Gloria", que también sucede en la Primera Guerra Mundial y de la que bebe recursos estilísticos como los travelings en las trincheras y otras secuencias...) existen algunas cintas que revolucionan la narrativa no solo de este género, sino del cine mismo como "Johnny cogió su fusil", un alucinante experimento cinematográfico en cámara subjetiva. Bueno, pues estamos ante una de las películas que marcará un antes y un después en el género de las películas de guerra y en el cine mismo, porque aunque Hitchcock ya hiciera una película con un único plano secuencia (aunque hizo trampas...) en "La Soga", lo que ha hecho Mendes en "1917" es una barbaridad: dos horas continuadas con la misma secuencia (aunque también ha hecho trampas, pero perfectamente camufladas y casi indistinguibles) pero cambiando de escenarios, cambiando de ritmo, cambiando y modificando el tiempo cinematográfico (hablamos de dos horas de proyección, pero en realidad pasan dos días...).

Una experiencia realmente alucinante, en la que seguimos en todo momento a los dos protagonistas, unos soldados que tienen que llevar un mensaje a través de la tierra de nadie para evitar un ataque que puede provocar una masacre en las tropas de su ejército (el inglés). Con ese pretexto, Mendes consigue mostrarnos la faz de una guerra -la Primera Guerra Mundial, o llamada "La Gran Guerra"- que mucha gente tiene más o menos olvidada históricamente (han pasado ya más de cien años...) pero que fue una de las más crueles, duras y salvajes de la historia de la humanidad.

Es la primera vez que Mendes ha participado en la escritura del guión de una película, y para ello ha tomado como referencia las experiencias de su propio abuelo, que estuvo encargado de entregar mensajes en el frente en la Primera Guerra Mundial. En ese entorno opresivo, este director articula una carrera contrarreloj para conseguir los fines de los protagonistas (entregar un mensaje antes del ataque), imprimiendo un ritmo realmente agotador para la espectador, con una exquisita progresión que casi se cuela en la narración (y que es justo lo que hubiera querido hacer Nolan en "Dukerque", y que evidentemente, no consiguió...). Y encima, con el virtuosismo visual absolutamente conseguido del plano secuencia. Se queda uno petrificado al ver cómo la cámara casi adopta un tono periodístico documental al ritmo de las evoluciones de los dos personajes.   

Habiendo firmado títulos tan importantes como "American Beauty", "Camino a la Perdición" o "Revolutionary Road", Mendes ya se acercó a la temática bélica con "Jarhead, el infierno espera", con bastante menor acierto que con "1917", donde se nota perfectamente el mimo a la hora de contar esta arrebatadora historia que a veces puede asemejarse a un videojuego de plataformas, y cada amenaza puede ser mucho peor que la anterior, y que tienen que ir superándose una tras otra para poder llegar a conseguir el objetivo final. Encima, transmite algo que muy pocas películas bélicas consiguen: mostrar la fragilidad de la vida humana en esos conflictos, en la que cualquier cambio, cualquier circunstancia, cualquier movimiento o cualquier encuentro puede matarte. Así de fácil. Desde una alambrada mohosa hasta una rata con rabia. Desde unas cataratas desbocadas a un bombardeo. Desde un tiro hasta una bayoneta.

Es tremendo percatarse de que más allá de los planes de los generales y los oficiales, el día a día de guerra ocasiona estos verdaderos infiernos donde la vida prácticamente no tiene valor, y cada segundo, cuenta como si fuera el último -porque tampoco sabemos cuándo va a ser exactamente-. Los relativamente desconocidos George MacKay y Dean-Charles Chapman han sido rodeados de un reparto verdaderamente estelar donde podemos encontrar a Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o  o Richard Madden.

Pero lo más alucinante de la película -además de esa narrativa de plano secuencia que tanto tenemos que aplaudir a Roger Deakins, el director de fotografía que ha trabajado codo con codo con Mendes, aunque toda esta idea nace de la secuencia inicial de "Spectre", el Día de los Muertos en México- es la capacidad de mostrar tanto el barro y el lodo más infecto -en secuencias en las que casi podemos oler la inmundicia...- como la épica y honor más elevado. Y encima en el mismo plano secuencia. Es alucinante, una experiencia como hasta ahora no había vivido en todas las veces que he ido al cine. Un antes y un después, vamos...

Y para rubricar y darle aún mejor forma a todo esto, tenemos una banda sonora de Thomas Newman que funciona a la perfección, que sabe subrayar con el trazo justo y sin llegar a lo fácil (justo lo contrario de lo que intentó Zimmer en "Dunkerque", que es el referente de "wannabe" que "1917" ha conseguido con creces). Los hipnóticos y grandiosos planos que se concatenan para narrar la apasionante aventura de esta pareja de atolondrados -pero entregados- soldados, son capaces de transmitir toda la responsabilidad y honor con las que deben ser cumplidas las órdenes, para que la humanidad siga creyendo en sí misma, a pesar de la barbarie de la guerra -o quizás, sobre todo por la barbarie de la guerra-.

Realmente merecidos todos los premios internacionales -incluidos los Globos de Oro- que ha conseguido, ya que eleva a cotas estratosféricas una historia apasionante que sorprende a cada minuto (no puedo decir a cada plano, porque insisto, estamos ante un único -aunque tramposo- plano secuencia...), y que no deja que el espectador prácticamente pestañee, mostrando cada una de las complejas y desconcertantes situaciones que pueden producirse en una guerra. Es, desde ya, un clásico no sólo del género bélico, sino de la historia del cine, que seguro que cosechará con toda la razón del mundo, todos los Oscars posibles. Una experiencia única.

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Star Wars IX (El ascenso de Skywalker): De lo malo, lo mejor.

Star Wars IX (El ascenso de Skywalker)

Dirección
Guion
J.J. Abrams, Chris Terrio (Personajes: George Lucas. Historia: Chris Terrio, J.J. Abrams, Colin Trevorrow, Derek Connolly)
Música
John Williams
Fotografía
Daniel Mindel
Reparto


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A la hora de ver la (supuesta) conclusión de una de las sagas más importantes de la historia del cine (que ya veremos...) hay dos noticias, una buena y otra mala; la mala es que sigue siendo una película facilona, aburrida la mayoría de las veces, tramposa jugando con la nostalgia de los seguidores de Star Wars y demasiado complaciente con las concesiones a esos mismos seguidores; la buena es que de todas las películas de la fase Disney/Lucasfilm es la mejor.

Abrams, que será lo que queramos que sea, pero que ha demostrado oficio y capacidad para hacer buen cine (sin ir más lejos, con la franquicia rival de Star Trek) consigue que en la primera hora de esta película nos quedemos hipnotizados, más que por un guión trabajado, por una narrativa brillante y llena de acción, aunque, reconozcámoslo, este comienzo está (demasiado) cargado de lo que todo el mundo espera, y llega a empachar, con lo que podríamos llegar a aburrirnos. Una vez dicho esto, no se puede negar que la película decae de ritmo considerablemente y llegamos a una segunda mitad y a un remate final demasiado previsible que intenta por todos los medios que todo el mundo salga contento, estirando artificialmente lo que podría haberse contado de una manera muchísimo más efectiva (y fácil).

La pugna del poder en la galaxia sigue adelante, con Kylo Ren convertido en líder supremo de la primera orden, y Rey, la nueva heredera de toda la tradición Jedi, intentando buscar su destino. Ambas fuerzas -nunca mejor dicho- terminarán enfrentándose en una gran batalla en la que se decide (otra vez) la libertad en la galaxia, mientras que los herederos del Imperio intentan volver a tomar el poder con las más oscuras artes de los Sith.

Uno de los (incuestionables) grandes errores de la saga comienza por la elección de actores y personajes: en un muy mal intento de replicar el carisma de Han Solo, Luke Skywalker o la Princesa Leia, se crearon los personajes de Poe Dameron (Oscar Isaac), Rey (Daisy Ridley) o Finn (John Boyega) pero sin llegarle a la suela de los zapatos. Pero como no tenían claro si iban o no a funcionar, pues volvieron a recuperar a los personajes originales (Solo, Skywalker, Leia -incluso resucitada digitalmente-, Chewbacca, los androides, y toda la pesca...) no vaya a ser que nos equivoquemos en algo. Abrams ha sido el encargado, junto al guionista ganador de un Oscar por "Argo", Chris Terrio, de recomponer este puzzle extraño cargado obligatoriamente de referencias y nostalgias, para que varias generaciones de seguidores de la saga, salgan satisfechos de esta conclusión (que insisto, no me creo nada y seguirán llegando películas de Star Wars, incluso con estos personajes....).

No oculto que uno de los (enormes) fallos de esta nueva trilogía es la elección de actores, que de mejor a peor, en el caso de los correctos Isaac y Driver, la mediocre Ridley y el merluzo Boyega, no consiguen en ningún momento que empaticemos con unos personajes pésimamente escritos y con los que no podemos conectar debido en gran parte por ser una especie de clones desdibujados de los referentes originales -antes mencionados-. El sentido del humor y los chistes que se han metido con calzador, sencillamente no funcionan, y la pretendida grandilocuencia y trascendencia, son de opereta barata. Realmente frustrante y carente de grandeza (por lo menos la que tenía la saga original).

Digamos que existe cierta mayor dignidad en esta tercera película de Disney/Lucasfilm que las dos anteriores, que resultaron tan estúpidas como insustanciales, intentando plagiar la primera trilogía y conseguir por las buenas o por las malas el mismo resultado comercial. Ahora por lo menos, se nos ofrece (cierto) ritmo al principio de la película (aunque llega a empachar, repito) y algo de más coherencia argumental. Da un poco de pena (y vergüenza) que el genial John Williams, que tan bien articuló el universo musical de Star Wars, ahora se vea reducido a un simple comparsa que utiliza todos los recursos que creó hace décadas, pero de una manera mucho más torticera, e incluso ridícula: los duelos y batallas, que antaño estaban subrayadas con una genialidad esplendorosa, ahora llegan a resultar tan infantiles en formato que parece que estemos viendo dibujos animados de Tom y Jerry, en la que los mamporros y explosiones se sincronizan con efectos de la banda sonora. Lamentable.

Los fanboys han dicho que por qué nos quejamos tanto si la trilogía original también estaba orientada a los niños... pues por una razón muy sencilla: porque cuando se hace una "película para niños" es cuando más seguro, coherente y bien articulado tiene que estar el guión. Las mejores "películas para niños" son aquellas que pueden ser entendidas tan perfectamente por los niños o los adultos. Y para muestra un botón, que además pertenece a la misma franquicia: la serie televisiva "The Mandalorian": aunque existen concesiones inequívocamente infantiles como el personaje del entrañable y divertido baby Yoda, toda la historia está ejemplarmente escrita, tiene atmósfera propia y reconocible, personajes magníficamente escritos (¡¡¡¡con un protagonista al que NO SE LE VE LA CARA!!!!) y una narrativa, formato y acción que te deja pegado al asiento desde que empiezas a ver cada capítulo hasta que termina.

Eso es respetar un legado, que las nuevas películas de Star Wars no han respetado. Si Jon Favreau, el creador de "The Mandalorian" hubiera sido el encargado de resucitar la saga cinematográfica de Skywalker, y hubiera tenido la libertad creativa suficiente, estoy convencido que ese legado no sólo no se habría resquebrajado, sino que habría aumentado y convertido en algo mucho mejor.

No obstante, aunque siga la tónica de ser un producto que no apueste ni arriesgue, que no intente ofrecer nada original ni que añada nada a la saga, tiene una primera hora que (por lo menos) no aburre tanto como las anteriores películas. Digamos que es de lo malo, lo mejorcito que se podría haber hecho, mucho mejor de lo que esperaba. 

Ojalá Disney algún día se de cuenta que los economistas y abogados no son los más indicados en tomar decisiones creativas, y dejen a los artistas en paz para que sigan creando. Porque en el arte, es imprescindible arriesgar. Se tendrían que acordar del propio Lucas, cuando se fue a Marruecos a rodar la primera Star Wars y al mostrar el material filmado a los ejecutivos de la Fox, a pesar de no haberles gustado nada, decidieron seguir apostando por aquel chaval barbudo, llegando a conseguir uno de los mayores éxitos en la historia del cine.

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