Érase una vez en Hollywood: Amar al cine no es suficiente

Érase una vez en Hollywood
Tarantino es uno de esos directores que levantan tantas expectativas, que se le perdonan pocas cosas. Ha redefinido la narrativa del cine contemporáneo con genialidades como "Reservoir Dogs" -para mi, su mejor película con diferencia- o "Pulp Fiction" -aunque ese tremendo éxito se debe también en parte a su coguionista en esta película, Roger Avary- y ha escrito varios de los mejores diálogos de los últimos 20 años de la historia del cine, además de rescatar del ostracismo a estrellas apagadas de Hollywood -como John Travolta-. Pero dentro de ese desquiciado universo donde todo mola un montón, hay una constante universal: el amor incondicional, desmedido y permanente al cine y a la televisión. A todas esas estrellas, anónimas o no, que han hecho soñar a generaciones de espectadores.

Y dentro de ese amor, está el cine de género de los sesenta y setenta, seguramente auspiciado por sus años de trabajar en un videoclub y tragarse todo tipo de películas de serie Z, spaghetti western y demás productos considerados de segunda división, y que él ha elevado al rango de exquisiteces: el Olimpo del frikismo cinematográfico, glorificado por una producción impresionante, los mejores actores de moda y para rematarlos, con unos diálogos espectaculares. Todo servido para el disfrute cómplice de aquellos que conocen las referencias, y también para los neófitos que quedan fascinados ante tantas cosas chulas y molonas (repito lo de molar, porque creo que es el adjetivo que mejor puede definir el término "cool" -chulo, en español-, que es a la postre la quinta esencia de Tarantino, lo "cool". Samurais, vaqueros, Kung-fu, chicas sexys, gángsters...todo bien mezcladito, y cuanto más bizarro, mejor. Basta asomarse a cualquiera de sus películas para entrar en ese particular universo del tirón.

Tras el empacho indigesto de su anterior cinta "Los odiosos ocho", un western convertido en un fiasco insoportable en toda regla, por mucho que haya una galería de personajes "molones" -seguimos para bingo- y grandes momentos y diálogos, su siguiente película es una verdadera elegía no sólo al cine y al Hollywood más clásico, sino también a un cambio de ciclo, a un cambio de época que convulsionó al mundo entero. Estamos en 1969, en Los Ángeles, y Rick Dalton, antaño estrella de series de televisión de vaqueros, intenta sobrevivir y mantener su estatus, acompañado siempre de su inseparable amigo y doble de sus películas, Cliff Booth. En los años de Vietnam, del amor libre, las drogas alucinógenas y los Hippis, también veremos los entresijos del mundo del cine a través de los protagonistas, y de sus vecinos, nada más y nada menos que Sharon Tate y Roman Polanski...

De acuerdo, la película tiene momentos esplendorosos, realmente divertidos, marca de la casa Tarantino. Pero da la impresión de que ha querido contar tantas cosas -la siniestra transformación de los acólitos de Charles Manson, el ocaso de una estrella de Hollywood y el ascenso de otras nuevas, la mala vida de los técnicos de la industria del cine para los que pasa su momento, etc.- que al final todo ha quedado en un confuso collage donde las piezas no terminan de encajar, y se usan -demasiado- recursos anticinematográficos -como la voz en "off", a veces completamente innecesaria y otras demasiado presente- para intentar dar coherencia -y cohesión- a todo el discurso. Claro que Pitt y DiCaprio están geniales. Claro que hay secuencias de narrativa modélica -la llegada de Cliff Booth al rancho donde está la familia Manson es verdaderamente sobrecogedora, cercana al cine de terror más estilizado...- y por supuesto, la traída violencia llega cuando menos lo esperas y explota con tintes de comedia -también marca de la casa Tarantino- pero como película, "Erase una vez en Hollywood" resulta demasiado tosca, quizás la menos elaborada de este realizador. Los retazos que componen las diferentes secuencias están demasiado mal hilvanados, se notan demasiado las costuras, y el salto entre las diversas líneas argumentales no favorece en absoluto el resultado final.

Es innegable que ir a ver la película es como entrar en una enorme fiesta de celebración del cine, pero no resulta suficiente para las casi tres horas de proyección. Todo esto refuerza mi opinión sobre este director y guionista: es un excelente dialoguista -aunque aquí tampoco es que haya ninguno especialmente brillante que pueda recordarse a posteriori- pero un guionista mediocre. Un guión mejor encajado habría resuelto todos esas líneas argumentales que quedan bastante deslabazadas a lo largo de todo el metraje, y que únicamente al final es donde confluyen de una manera algo artificial, pero eso sí, en un final memorable.

Como dije en el principio, este es el gran problema de Tarantino: que ha generado tantas expectativas con cada nuevo trabajo, que al final nos quedamos con mal sabor de boca -aunque en esta ocasión, no es algo cuestionable, sino manifiestamente objetivo: aunque su genialidad está presente a ratos, no es en absoluto la película redonda y definitiva que muchos pregonan. Y que yo sinceramente esperaba. No sólo porque conecto bastante con el universo de Tarantino y capto al vuelo toda esa complicidad -los spaghetti westerns, las pelis de kung-fu, los personajes fuera de la ley, etc.- sino porque como él, también amo el cine. Pero no es suficiente con amar al cine, porque al final, lo importante es que se cuente una historia. Y que se cuente bien. En este caso, y aunque me gusten -y mucho- varias secuencias de la película, no ha sido así.
TRÁILER

Spiderman (lejos de casa): El heredero de Tony Stark

Spiderman (lejos de casa)
Dirección
Guion
Chris McKenna, Erik Sommers (Personajes: Steve Ditko, Stan Lee)
Música
Michael Giacchino
Fotografía
Matthew J. Lloyd
Reparto
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Tras el monumental final de la última fase del universo Marvel/Disney (el llamado MCU), parecía que todos los personajes estaban prácticamente agotados. Pero no ha sido así, ya que nuestro vecino y amigo Spiderman parece gozar de toda la buena salud que se le esperaría, ya que en el fondo no es más que un adolescente atolondrado (algo que se había perdido y que con la llegada de Tom Holland al papel se recuperó de manera excelente) al que le queda mucho por vivir (y por aprender). Y como (casi) todo adolescente norteamericano que acaba del instituto, se va a pegar un viaje por toda Europa con sus compañeros de clase...

Con esta premisa que casi parece sacada de las películas adolescentes más ñoñas de Hollywood, se empieza a desentrañar una evolución en el personaje tanto de Spiderman (que ya se ha convertido en un Vengador del equipo titular tras el mecenazgo de Tony Stark, ha estado en el espacio, peleado con los villanos más peligrosos e incluso ha sobrevivido a su lucha con Thanos...) como en el personaje de Peter Parker (sigue enamorado de MJ, conspira con su amiguete Ned la forma de conquistarla, se ve asediado por Flash Thompson...).

Esa bizarra mezcla de atribuciones y responsabilidades resulta muy sugerente para el desarrollo de la historia, en la que se implica nada más y nada menos que el mismísimo Nick Furia, el mandamás de Shield, que ahora tiene una nueva misión para Spiderman, ya que unos extraños seres interdimensionales ponen en peligro la humanidad, e incluso un héroe de otro universo, Misterio, está para ayudarles...

Marvel le tiene cogido un poco el punto a todas estas películas de superhéroes, y a base de ensayo-error, ha sabido patentar una fórmula que funciona: acción a raudales -como siempre, espectaculares efectos visuales y planificación y montaje, casi cercano a la experiencia 2.0 de un videojuego, pero con seres reales....-, la amenaza interplanetaria, la organización mundial (y secreta) que requiere de la ayuda del héroe, y por supuesto, el contrapunto cómico -que en este caso proviene básicamente del atolondramiento propio de los jovencitos y jovencitas-. Todo ello bien mezclado para que no chirríe.

Watts, que ya dirigió la anterior "Homecoming" desarrolló muy bien el tono que quiso darle al personaje, al igual que los guionistas Sommers y McKenna (y estos últimos también colaboraron en la saga de Ant-Man): el toque desenfadado y juvenil propio de instituto, sin desmerecer la posible trascendentalidad que pudiera tener el personaje a la hora de salvar el mundo. Si en la anterior aventura era un único personaje más cercano al barrio (el Buitre) ahora todo se complica mucho más. Y aunque Tony Stark ya no está para ayudarlo (murió en Vengadores: Endgame) su legado sí que está presente, tanto por su chófer y guardaespaldas Happy como por toda la tecnología que Peter ya ha integrado en su traje y su forma de actuar. De hecho, parece que va a ser él quien sea el directo heredero de la faceta más heroica de Stark.

En cuanto a Misterio, aunque se separa bastante del villano clásico de los cómics y uno de los grandes enemigos de Spiderman, han sabido adaptarlo muy bien a todo el argumento de la película, encajando a la perfección con la brillante participación de Jake Gyllenhaal. Realmente impresionantes son las apariciones de este personaje, que además dotan de una gran e interesante dimensión no solo a la relación que tiene con Peter Parker, sino además con Shield y con toda la humanidad.

Merece la pena destacar el excelente trabajo a la banda sonora de Michael Giacchino, que sabe rescatar los leitmotivs propios de cada personaje (Iron Man, Vengadores, Spiderman, etc.) cuando los necesita, aglutinando una partitura realmente brillante y que es el broche de oro para una gran espectacularidad en prácticamente toda la película. Una épica que además se complementa con ese toque de pimienta que es la irreverencia propia de Spiderman y que tanto en falta habíamos echado hasta que Holland se puso por primera vez la máscara roja.

Visto lo visto, a esta fórmula le queda para rato: o mucho me equivoco o una vez aceptado ese legado tecnológico de Stark, Spiderman va a ser otro elemento clave en la siguiente fase de la Marvel/Disney -de hecho, es uno de los superhéroes más importantes de Marvel de toda la vida, justo es que vuelva a tener ese protagonismo...-. Han sabido conservar lo que ha funcionado hasta ahora, destilar lo que ha fallado -quizás una inútil seriedad en algunos casos, que no procedía- y admitir que estas películas no son más que caros y divertidos juguetes con los que disfrutar de un buen rato. Eso sí, con todos los elementos muy bien ajustados y destilando calidad, sin ser chapuceros -como han sido  veces con otros personajes-.

TRAILER

Toy Story 4: Hasta el infinito y más allá

Toy Story 4
Dirección
Guion
Andrew Stanton, Stephany Folsom (Historia: John Lasseter, Andrew Stanton, Josh Cooley, Valerie LaPointe, Rashida Jones, Will McCormack, Martin Hynes, Stephany Folsom)
Música
Randy Newman
Aunque el titular de la crítica sea la frase de Buzz Lightyear -el mejor juguete del mundo-, el gran protagonista de la saga, sigue siendo Woody, el vaquero de trapo de inquebrantable fidelidad y de honor por encima de todo. Confieso que después de la monumental tercera parte de esta saga -que la considero absolutamente redonda e inmejorable- me costaba trabajo entender una continuación, sobre todo por lo bien que se cerraron todos los arcos argumentales. Pero en esta ocasión, y sin contar con Lasseter -alma y origen de Pixar y del universo Toy Story- se ha dado una vuelta de tuerca algo chillona, pero acertada. Con la misma trascendentalidad adulta que pudieran tener las anteriores, pero con el mismo (o más) sentido del humor y capacidad de conectar con los niños, que disfrutan de lo lindo con la película -la vi en un cine abarrotado de peques, que chillaban y disfrutaban casi a cada escena, y al final con un estruendoso aplauso-.

Andy le regaló su grupo de juguetes preferidos a Bonnie cuando se fue a la universidad, ahora la pequeña y dulce Bonnie se enfrenta al reto tremendo que todo niño debe superar: el primer día de guardería. Y como no puede ser de otra manera, todo el grupo estará pendiente de hacer feliz a la niña ante cualquier contingencia... claro que no se esperan que Bonnie traiga de la escuela un nuevo juguete hecho por ella misma: forky (que en español podría traducirse por "tenerdorcito", ya que "fork" es "tenedor"...).

Como siempre sucede argumentalmente en esta saga, el fino equilibrio se rompe con la aparición del nuevo juguete -ahora, el preferido de Bonnie- y hay una gran crisis, pero como siempre sucede, tendrán más que imaginación y recursos para afrontarla. Pero no solo aparece Forky, sino otros juguetes más que añadirán dimensiones aún más profundas a todo el grupo.

Aunque Disney esté absolutamente asentada dentro de sus franquicias, -Pixar es una de ellas- han sabido respetar la intención y calado de la saga, y aún la han dotado de mayor interés para los más pequeños, añadiendo personajes entrañables y divertidísimos (especial atención merecen los dos peluches del conejo y el pollito, así como el motorista canadiense). No hay que decir que la excelencia técnica es ya una marca, con un despliegue alucinante de colores, de movimientos, de realización, que te dejan absolutamente hipnotizado y que traslada toda la narrativa de la mejor película de aventuras a un film de animación. Lo mismo sucede con el guión -ya sucedía...-, que se aleja de una película clásica de dibujos animados para tener todos los resortes de la mejor película convencional. E insisto, aún más mérito porque no está Lasseter, que ha sido el inventor de toda esta maravillosa locura de Toy Story.

Por una vez, Disney ha acertado de pleno con esta cuarta parte, que respeta a la perfección a todos los personajes, los hace crecer -y cómo- y que casi se asegura la infinitud de una saga que puede llegar, como dice Buzz, hasta el infinito y más allá. Y si sigue así, ojalá que así sea.

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