> Canal de Cine FEDERICO CASADO

El oficial y el espía: Un detective clásico

El oficial y el espía

Dirección
Guion
Roman Polanski, Robert Harris (Novela: Robert Harris)
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Pawel Edelman
Reparto


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Tiene la última película de Polanski un delicioso regusto a cine clásico -como todo su cine- y una evolución inteligente del género detectivesco, trufado de las implicaciones sociológicas que determinaron en su día a la Francia que conservaba parte de la grandeza del imperio -a finales del siglo XIX- y a la misma Europa, donde la comunidad judía era mirada de través y con cierta inquina, independientemente de la clase socioeconómica a la que perteneciera.

El revisionismo histórico que realiza el director paradójicamente está casi exento de pasión -cuando debería ser todo lo contrario, habida cuenta del origen judío de Polanski- con un ejercicio notable de objetividad a la hora de ver uno los casos más vergonzosos en la historia militar de Francia, en la que un oficial de origen judío, el capitán Dreyfuss, es acusado de espionaje y condenado a cadena perpetua en una remota prisión en la otra punta del mundo -la Isla del Diablo, en la Guayana francesa-. Pero todo empieza a liarse cuando Picquart toma el mando del servicio de inteligencia del ejército y descubre que quizás el condenado es inocente…

Durante toda la investigación parece que seamos testigos de una carrera de obstáculos estratégicamente situados para minar cualquier intento de descubrir nuevas pruebas, so pena de que el alto mando caiga en el bochorno de haber cometido una injusticia. Pero claro, el caso no sólo tiene matices militares, sino también políticos, al ser judío el acusado (y condenado), con lo que eso significa en ese momento en Europa, con una marcada tendencia antisemita en toda Francia -como luego, con el paso de los años, se vería…-. Toda esa trama detectivesca tiene mucho que ver con el desarrollo clásico al estilo de Conan Doyle, sólo que con un regusto francés inequívoco. Como si viéramos a un Sherlock Holmes menos locuaz y brillante, pero igual de efectivo, agudo, inteligente y resolutivo, sin dejar por ello de ser un "bon vivant".

Una de las principales características de Polanski, aparte de su depurada narrativa y de su habilidad de entresacar lo mejor de los textos que guioniza -en este caso, la novela de Robert Harris- es su capacidad de destilar lo mejor de sus actores, y en este caso Dujardin -por el que siento verdadera debilidad- da un verdadero recital, componiendo a un complejo personaje lleno de matices que van del más completo clacisismo a la modernidad en sus relaciones sentimentales, su sentido de la lealtad, de la amistad, de la justicia, de la bondad o incluso de la realidad, que a veces choca directamente con su propia concepción del mundo. La esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner está soberbia, así como todo el reparto coral que representa las instituciones más rancias militares francesas, camuflando el honor con discrección cuando procede. La revolución social que supuso el caso está igualmente bien plasmado, a través de los poderes civiles -como la abogacía o la judicatura- y con especial atención a la prensa, que fue la última responsable de la revisión del caso en el que llegó a implicarse el mismísimo Emile Zola.

Normalmente, este tipo de cine me resulta algo tedioso, ya que se suele adoptar una posición demasiado visceral a la hora de revisar páginas de la historia para intentar reescribirlas, pero la gran inteligencia y capacidad del director a la hora de adoptar una pose neutral es la que dota al film de un gran empaque, llegando a entender en profundidad toda la psicología de los personajes, en una verdadera sinfonía de posicionamientos vitales, sacando a flote conceptos como el valor, el honor o la vergüenza, juzgándolos con la misma severidad con que se intentan defender cuando llega el momento. Una gran obra, de un inspiradísimo Polanski, que está en plena forma. Se me hace la boca agua al pensar que en España pudiéramos hacer un cine siquiera parecido a éste a la hora de revisar nuestra propia historia. Ojalá.

TRAILER 

The Gentlemen (Los señores de la mafia): Ritchie domesticado

The Gentlemen
(Los señores de la mafia)
Dirección
Guion
Guy Ritchie (Historia: Guy Ritchie, Ivan Atkinson, Marn Davies)
Música
Christopher Benstead
Fotografía
Alan Stewart
Reparto
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Hay gente -entre los que me hallo- que opina que todos los directores al final hacen la misma película una y otra vez con variaciones: desde Scorsese al mismísimo John Ford, Hitchcock e incluso Spielberg, tienen sus propias narraciones, sus propios "tics". Incluso -y sobre todo en el caso que nos ocupa- sus propias temáticas. Si Scorsese ha realizado un estudio socio-antropológico de la mafia italoamericana, Ritchie ha escrito su propio doctorado sobre los bajos fondos londinenses, quintaesenciados en el más rabioso universo "cockney".

Ya desde "Lock & Stock", Ritchie ha desgranado ese sucio, cutre y falso oropel del lujo conseguido por las más ilícitas maneras, desde el juego clandestino, las peleas de perros, los combates de boxeo clandestino, o sencilla y llanamente, el robo o la estafa. Todo vale, esto es la jungla y el que no se espabile en ese equilibrio de poder, se va a la mierda a la carrera. Pero si pudiéramos extraer todo esa reflexión de la mejor manera posible, su genial "Snatch, cerdos y diamantes" ha llegado a cotas que aún no se han superado, porque "Rock'n Rolla" no deja de ser una (lujosa) pero parcialmente vacía marcianada, más aparente que otra cosa. Y algo así le ha pasado en esta última incursión de los bajos fondos de Londres, pero que ha bajado varios enteros en el cómputo general de su obra, porque, queramos o no, Ritchie ha sobrepasado los cincuenta años, y no es el joven hambriento, salvaje, cínico e irreverente del inicio de su carrera. Ahora es ya un señor mayor, al que se le nota que está bastante alejado de todo ese submundo, y aunque se empeñe en seguir siendo "cool", enrrollado y tal, todo suena bastante impostado, bastante falso. Ay, que aunque no haya querido, Ritchie se ha domesticado.

Confieso que he sido siempre un gran admirador de su depurada estética y narrativa videoclipera, que me fascina el uso que hace de la cámara (de la que se enamora casi a cada plano en sus películas, y que por malas que fueran -como su versión apócrifa de la biografía del Rey "Arturo"- siempre tenían algún hallazgo fascinante (siguiendo con la de "Arturo", el paso de la niñez a la adolescencia de ese personaje merece estar en un museo audiovisual como ejemplo de elipsis y narración cinematográfica, así como suena…). En cambio ahora es todo como mucho más "normal" y aunque intente añadir bocanadas de aire fresco -con retales de videoclips chonis de youtube-, suena a demasiado artificial. Ya no cuela.

La historia, aunque está contada a través de un personaje bastante irritante interpretado por un Hugh Grant más pasado de vueltas de lo habitual (su tartamudeo llega a ser exasperante en esta ocasión… y yo que pensaba que ya se le había olvidado ese odioso registro…) es de lo más plano, obvio y predecible: el jefe del narcotráfico de marihuana de Londres decide vender su negocio a otro potentado, pero las cosas y el propio mercado no va a ser precisamente estable, cuando además entran en juego otras facciones de los bajos fondos que intentan llevarse su tajada…

Lo que me ha sorprendido, y muy gratamente, es Charlie Hunnam, que realiza el que probablemente sea su mejor papel hasta ahora desde la serie "Sons of Anarchy", como el calmado lugarteniente del superjefe mafioso que interpreta McConaughey, rebosante de carisma en una esplendorosa madurez. La coralidad, elemento habitual de los filmes de Ritchie, sigue presente en una galería verdaderamente demencial de personajes, que la verdad están bastante bien descritos y encajados. Especial atención merece Colin Farrell, cuya bis cómica le va como anillo al dedo en un personaje que podríamos verlo como una evolución de los personajes que en su día interpretara Vinnie Jones (el exjugador de fútbol).

Pero vamos al solomillo de la cuestión: ¿es divertida la película? Si, lo es, pero no tanto como podría esperarse del desquiciado universo anteriormente mostrado por Ritchie. Vamos, que si conoces la obra de este hasta ahora inclasificable personaje, quedas un poco decepcionado, porque aunque esos tics siguen presentes, ahora es casi un director normal en su desempeño. Toda esa rabia y originalidad, parece ahora estar metida con calzador, no resulta natural. Y confieso que me da bastante pena, porque echaba realmente de menos algo a lo que agarrarme, algo que haga destacar esta película sobre otras cientos que se han hecho de la temática o del propio Ritchie… y no es así. Incluso los títulos de crédito iniciales, habitualmente fascinantes en sus películas, son un poco "lo de siempre". No hay ese efecto "wow" que tienen sus películas. Porque queramos o no, todos envejecemos. Y Ritchie lo ha hecho, y se le nota. Se ha (o lo han) domesticado. Lástima.

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Malasaña 32: Empacho atragantado de tópicos del terror

Malasaña 32

Dirección
Guion
Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea
Música
Lucas Peire, Frank Montasell
Reparto
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He titulado de manera tan redundante esta crítica, porque esta película me ha resultado tan redundante en los tópicos de esas películas de "neoterror-estilo-asiático-que-no-da-miedo" que me he atragantado. Y cuando estaba intentando digerir esa sobrecarga de recursos fáciles, de sustos impostados -que no dan susto- y de más tópicos... aparecen otros más de géneros clásicos como fantasmas, apariciones... hasta incluso echando mano de "Saw" y de su famoso payasete diabólico Jigsaw.

Y todo con la intención de asustar, o al menos eso parece. El problema es que llegamos al punto que estamos en una especie de casa del terror baratucha, en la que los monstruitos casi provocan más risa -no por su cuestionable efectividad en los sustos, sino por la de veces que nos intenta asustar- que miedo. Es como si nos subiéramos al tren de la bruja de una feria de pueblo, y en vez de que la bruja diera escobazos una o dos veces de manera inesperada -que provoca sobresaltos, qué duda cabe...- estuviera dando escobazos desde el principio y hasta el final del tiempo que nos toca estar montados en el tren. Claro, en el primer escobazo nos sobresaltamos, pero al cuarto ya nos toca las narices, porque no nos asustamos. Y encima lo vemos venir. Pues imagínate cuando en vez de ser cuatro, son 24 o 34 veces. Un coñazo, vamos...

Esta película nace muy a la zaga de "Verónica", película de 2017 ambientada en los años 90 en el barrio de Vallecas, y que está basada en hechos reales retratados por un informe policial (y en su propia y particular interpretación de lo que sucedió, claro...). Bueno, pues en este intento de replicar la mediocridad de aquella (porque aunque tenía buenas ideas, no terminaba de rematar nada...) ahora saltamos hasta 1976, y en vez de en Vallecas, en Malasaña: una familia llega del pueblo para intentar prosperar en la capital, instalándose en un piso, pero sin saber que al parecer hay una historia oculta (que no sabemos muy bien cuál es, porque no nos la explican ni la dejan clara en absoluto...) bastante siniestra... Al parecer existieron una serie de casos esotéricos allá por los setenta en el famoso barrio madrileño y aquí se han aglutinado en esta historia imposible (entre otras cosas, porque la calle Manuela Malasaña sólo llega hasta el número 30...).

Siempre he dicho que los dos géneros más difíciles en el cine son la comedia y el terror. Y por la misma razón: hay que ser muy cauto y meticuloso para no pasarse en las tintas, porque cuando en la comedia se traspasan los límites, ya no tiene gracia. Y en el terror, cuando se traspasa también ese límite, no es que de miedo, es que directamente, provoca risa. Pues en esas estamos, señores, porque llega un momento en que en plenos momentos álgidos de la trama, acabamos muertos de risa por lo ridículo. Es como si hubieran querido meter en una coctelera "El exorcista", "Poltergeist" y cien o doscientos títulos más del género terrorífico, y sin medir bien las cantidades, intentaran sacar una especie de Frankenstein que aglutinara lo mejor de todo. Pero claro, el cuestionable resultado es francamente ridículo.

Aunque A3 media ha apostado muy fuerte por esta producción -que como producción, es impecable, todo hay que decirlo...- provoca verdadera pena que se utilicen tantos recursos para un resultado tan malo. Porque es una mala película. Y lo que es peor, mala y aburrida. Un esfuerzo ímprobo que no se ha traducido en lo esperable, por mucho que hayan intentado (por todos los medios, se ven de lejos los intentos...) crear una saga (que sinceramente creo -y espero- que no sea así).

Recurriendo al viejo tópico de "más sabe el diablo por viejo que por diablo", cuando vi la cantidad de guionistas en los títulos de crédito (Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea), que prácticamente no tenían experiencia más allá de la televisión -un formato parecido pero NO IGUAL al del cine...- y que su director únicamente hizo un largometraje -"Matar a Dios", una propuestas estimulante aunque fallida en su resultado- y tropecientos cortometrajes -unos mejores y otros peores...- la cosa ya me olía mal. Encima, los actores son todos desconocidos -vistos en series de TV y casi sin participar en el cine, quizás los conocidos y curtidos en largometrajes no se atrevían con este proyecto al leer el demencial guión, porque presupuesto, tenían (A3 media, Warner...). Otra gran pena para mí ha sido ver en esta película a la gran Concha Velasco. 

Un completo despropósito, un fiasco absoluto, un empacho y atragantamiento de intentos de asustar, que al final, ni asustan, ni nada. Vamos, casi que ni te hacen reír.

TRAILER