> Canal de Cine Federico Casado Reina

Wonder Woman 1984: Un enorme paso atrás

Wonder Woman 1984

Dirección

Guion
Patty Jenkins, Geoff Johns, Dave Callaham (Personaje: William M. Marston) (Historia: Patty Jenkins, Geoff Johns)
Música
Hans Zimmer
Fotografía
Matthew Jensen
Reparto

Por si le faltara poco a Warner/DC después del fracaso que ha supuesto el universo de la Liga de la Justicia, y el retraso del estreno de su último título por la pandemia… resulta que la apuesta ha sido todo un fiasco: cuando la primera parte de Wonder Woman nos descubría un fascinante universo de las Amazonas, una historia de amor, el nacimiento de una superheroína… ahora todo se reduce a fuegos artificiales con bastante poca enjundia (eso sí, muy bonitos), postureo de salón (Gal Gadot -como no podía ser de otra forma- sale guapísima y seductora…) y el claro intento de rentabilizar la nostalgia ochentera en toda su expresión.

A su guión manifiestamente ridículo, que tiene aproximadamente el nivel intelectual de un niño de primaria, se salpican algunas secuencias de acción muy vistosas (especialmente el teaser inicial en una olimpiada amazónica... y otra en un desierto -por cierto, ambas se pueden ver en el tráiler-) y poco más. Es que no hay más, señores. Y es una lástima, porque muchos hemos vuelto a los cines después de esta tremenda situación que vivimos con el covid19 acechando, y deseamos resarcirnos con ese espectáculo maravilloso que es el cine. Y como tal, al menos desde mi modesto parecer, ha resultado decepcionante.

Esa decepción nace, desgraciadamente, por el mismo error que ha cometido DC cómics en sus inicios -aunque luego lo subsanó con el tiempo…-, que es supeditar todo a los superpoderes y olvidarse de un buen trabajo en el guión. Ese fue el acierto desde el principio en los cómics Marvel (aunque luego con la compra de Disney se han invertido las tornas), y de hecho así pasó en la primera parte de Wonder Woman. Pero ahora todo gira en torno a que Diana Prince, alias Wonder Woman, tiene unos poderes fantásticos, y toda la historia -parca historia- se articula alrededor de enseñar esos maravillosos poderes: de buenas, en departamento de arqueología donde Diana trabaja, aparece una reliquia ancestral que tiene la propiedad de conceder el deseo que se le pida, y un siniestro personaje luchará para conseguirla y llevar a cabo sus planes, que pueden acabar con la humanidad misma.

Como sucede en todas las películas fantásticas, hay que guardar una escrupulosa coherencia en las bases que se sientan en este tipo de películas: si resulta que un personaje puede volar, pues tendrá que volar siempre, y no puede dejar de volar de buenas a primeras y sin explicaciones. Si no tiene superfuerza, pues no puede tenerla de repente, porque entonces la ya comprometida credibilidad de la historia, se va a hacer puñetas, y desconectamos con la historia. Está bien que el espectador tenga unas grandes tragaderas y consienta un universo de licencias fantásticas. Pero si encima empezamos a cambiar esas licencias, pues apaga y vámonos.

Es descorazonador que una de las películas más esperadas por la industria y público, aquella que podría hacer que medio se recuperara la industria del cine, tal y como la hemos conocido, resulte ser claramente un artificio con poco calado, un juguete muy lustroso y llamativo, pero de muy poca calidad. Porque entre la "seriedad" y "negrura" que DC intentó imprimirle al ecosistema de películas de La Liga de la Justicia y el desfase chillón y vacío de esta segunda entrega de Wonder Woman, podría haber habido un término medio. De hecho, creo que la fórmula de esa primera entrega de la superheroína era la adecuada, propia para todos los públicos desde los niños a los adultos. Pero ahora, en un vano intento de captar desesperadamente el cine familiar, al estilo Disney, se ha optado por aligerar tanto la historia, hacerla tan simple y obvia, que ha perdido muchísimo interés.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que Patty Jenkins, la directora, ha creído poder replicar el buen hacer del guión de la primera parte -de Allan Heinberg- pero no ha sido así: a pesar de meter elementos clásicos del personaje -como el famoso avión invisible o la famosa archienemiga de Wonder Woman, la peligrosísima Cheetah…, o incluso un guiño nostálgico a la mismísima primera Wonder Woman televisiva, - es una sucesión demasiado infantil de sucesos previsibles e intentos tópicos de ridiculizar a la década de los 80 del pasado siglo. Todo ello, además, bañado con una ingenuidad tan naïf, que resulta bochornosa en muchos momentos, cuando además existen momentos en los que los actores quedan reducidos a verdaderos mamarrachos -y ahí podemos incluir desde la preciosa Robin Wright hasta el sólido y exitoso Pedro Pascal -que ha arrasado con la serie The Mandalorian, aunque no se le vea la cara-.

Un enorme paso atrás de DC, que parecía que iba a levantarse de la mala aceptación de sus últimas propuestas en cine, pero que se ha quedado corto con esta nueva incursión super heroica, que definitivamente no ha sido lo que todos esperábamos. Qué pena.  

TRÁILER

Tenet: Nunca has visto nada igual

Tenet

Siempre he sido un gran amante de las películas, un auténtico peliculero. Y del cine, he


adorado 
cada recuerdo asociado a esas salas enormes del Madrid de mi infancia, los olores a penetrante ambientador, a palomitas, el tacto del vaso de refresco helado, los acomodadores -que antes llevaban unas elegantes levitas…- y toda esa parafernalia. Por eso ayer fue un día mágico para mí, porque desde 1984 -ahí queda eso…- he ejercido profesionalmente la crítica de cine y no he faltado casi ni una sola semana a ver los estrenos. Pero en esta anómala situación de pandemia, llevaba desde primeros de marzo sin pisar una sala, y ayer fue un reencuentro orgiástico con el cine, y con el posiblemente más esperado estreno del año, la última de Nolan. El grandilocuente Nolan, capaz de la mayor excelencia y de la mayor pedantería. Y su palíndroma última película -Tenet- es ambas cosas. Y mucho más. Es algo que nunca has visto. Palabra.

Sobre el papel, estamos hablando de una variación alucinante -y alucinada- de una simple película de espías, entre James Bond, pero más bien Jason Bourne: un agente se enfrenta a una conspiración mundial en la que está implicada una tecnología capaz de revertir el tiempo, un malo todopoderoso y cruel, una misteriosa chica, un compañero eficiente -y eficaz…-. Todos los factores para la ecuación perfecta de este género. Y encima, unos efectos visuales que seguro van a revolucionar el mundo del cine, al modo que lo hizo el famoso "bullet time" de "Matrix", porque nunca he visto en una pantalla la acción hacia adelante…y hacia atrás, A LA VEZ. No quiero hacer spoilers, pero cuando la veáis -porque independientemente del balance final, ésta es una película que hay que ver- lo entenderéis a la perfección.

Como ya digo, tiene todos los mimbres argumentales de una película de espías, pero es que además también tiene una preciosa historia romántica, intriga… y sobre todo acción. Si todos los trabajos de Nolan tienen un estilo propio, aquí se ha lucido, yendo mucho más allá en su propia narrativa. Cierto es que a veces es demasiado explícito, demasiado grandilocuente -marca de la casa, claro- y demasiado tremendista, pero aquí funciona. Es más, llega un momento en que da lo mismo, porque lo importante de "Tenet" no es entenderla. Es sentirla. Es entrar dentro de un complicado laberinto en el que nos encontramos toda clase de trampas que tenemos que ir sorteando para acercarnos a la salida.

Si podemos criticar algo más que el complejísimo argumento -en el que puedes llegar a perderte- es la sobrecarga casi permanente de acción. Una acción que llega a superarte, que te mantiene esas casi dos horas y media hipnotizado en el sillón, que no te deja parpadear y que hace que el corazón lata a más de 120 pulsaciones por minutos, una narrativa francamente cardiaca.

Otro elemento que no termina de convencerme en este megaproyecto -quizás el más importante de todo este anómalo año cinematográfico- es el protagonista, John David Washington (en efecto, el hijo de Denzel Washington, hasta ahora jugador de fútbol y de repente, actor…) que no está al nivel. Ni de la película, ni por supuesto, de papá, ya que se lleva prácticamente toda la película con la misma expresión al borde del llanto, y por muchos mamporros que pegue -que los pega…- nos quedamos un poco deseosos de un actor con más carisma, ya que encima Nolan lo ha rodeado de lo más granado de su equipo (Caine, Branagh, Pattinson…) y desentona, la verdad.

Una vez dicho todo esto…¿merece la pena ir a verla? Por supuesto, ya que a pesar de sus sombras, esta película tiene muchas luces. Luces que se apreciarán no ahora, sino dentro de unos años -como ha pasado con "Origen" -de la que es heredera- o con "Interestellar". ¿Podría haber estado mejor? Sí, claro, el guión tiene muchos agujeros, pero es tal el nivel de espectáculo de las imágenes, la acción frenética y trepidante (dos adjetivos que siempre se vinculan con la acción, pero que en este caso es casi imprescindible utilizarlos) y la narrativa que domina Nolan, que la hace imprescindible. Nunca has visto nada igual, habrá un antes y un después (nunca mejor dicho) no ya en las películas de saltos en el tiempo -y aprovecho para meter la cuchara y recordar "Primer", de la que tiene muchas cosas…- sino de la historia del cine.  

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El oficial y el espía: Un detective clásico

El oficial y el espía

Dirección
Guion
Roman Polanski, Robert Harris (Novela: Robert Harris)
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Pawel Edelman
Reparto


, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , 
Tiene la última película de Polanski un delicioso regusto a cine clásico -como todo su cine- y una evolución inteligente del género detectivesco, trufado de las implicaciones sociológicas que determinaron en su día a la Francia que conservaba parte de la grandeza del imperio -a finales del siglo XIX- y a la misma Europa, donde la comunidad judía era mirada de través y con cierta inquina, independientemente de la clase socioeconómica a la que perteneciera.

El revisionismo histórico que realiza el director paradójicamente está casi exento de pasión -cuando debería ser todo lo contrario, habida cuenta del origen judío de Polanski- con un ejercicio notable de objetividad a la hora de ver uno los casos más vergonzosos en la historia militar de Francia, en la que un oficial de origen judío, el capitán Dreyfuss, es acusado de espionaje y condenado a cadena perpetua en una remota prisión en la otra punta del mundo -la Isla del Diablo, en la Guayana francesa-. Pero todo empieza a liarse cuando Picquart toma el mando del servicio de inteligencia del ejército y descubre que quizás el condenado es inocente…

Durante toda la investigación parece que seamos testigos de una carrera de obstáculos estratégicamente situados para minar cualquier intento de descubrir nuevas pruebas, so pena de que el alto mando caiga en el bochorno de haber cometido una injusticia. Pero claro, el caso no sólo tiene matices militares, sino también políticos, al ser judío el acusado (y condenado), con lo que eso significa en ese momento en Europa, con una marcada tendencia antisemita en toda Francia -como luego, con el paso de los años, se vería…-. Toda esa trama detectivesca tiene mucho que ver con el desarrollo clásico al estilo de Conan Doyle, sólo que con un regusto francés inequívoco. Como si viéramos a un Sherlock Holmes menos locuaz y brillante, pero igual de efectivo, agudo, inteligente y resolutivo, sin dejar por ello de ser un "bon vivant".

Una de las principales características de Polanski, aparte de su depurada narrativa y de su habilidad de entresacar lo mejor de los textos que guioniza -en este caso, la novela de Robert Harris- es su capacidad de destilar lo mejor de sus actores, y en este caso Dujardin -por el que siento verdadera debilidad- da un verdadero recital, componiendo a un complejo personaje lleno de matices que van del más completo clacisismo a la modernidad en sus relaciones sentimentales, su sentido de la lealtad, de la amistad, de la justicia, de la bondad o incluso de la realidad, que a veces choca directamente con su propia concepción del mundo. La esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner está soberbia, así como todo el reparto coral que representa las instituciones más rancias militares francesas, camuflando el honor con discrección cuando procede. La revolución social que supuso el caso está igualmente bien plasmado, a través de los poderes civiles -como la abogacía o la judicatura- y con especial atención a la prensa, que fue la última responsable de la revisión del caso en el que llegó a implicarse el mismísimo Emile Zola.

Normalmente, este tipo de cine me resulta algo tedioso, ya que se suele adoptar una posición demasiado visceral a la hora de revisar páginas de la historia para intentar reescribirlas, pero la gran inteligencia y capacidad del director a la hora de adoptar una pose neutral es la que dota al film de un gran empaque, llegando a entender en profundidad toda la psicología de los personajes, en una verdadera sinfonía de posicionamientos vitales, sacando a flote conceptos como el valor, el honor o la vergüenza, juzgándolos con la misma severidad con que se intentan defender cuando llega el momento. Una gran obra, de un inspiradísimo Polanski, que está en plena forma. Se me hace la boca agua al pensar que en España pudiéramos hacer un cine siquiera parecido a éste a la hora de revisar nuestra propia historia. Ojalá.

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