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Terminator (Destino Oscuro): ¿Hacía falta?

Terminator (Destino Oscuro)
Dirección
Guion
David S. Goyer, Billy Ray, Justin Rhodes (Historia: James Cameron, Charles H. Eglee, Josh Friedman, David S. Goyer, Justin Rhodes. Personajes: James Cameron, Gale Anne Hurd)
Música
Junkie XL
Fotografía
Ken Seng
Reparto

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Que James Cameron revolucionó el cine de acción y ciencia ficción con la franquicia "Terminator" está más que claro -y más tarde, volvió a hacerlo con "Aliens" y una vez más con "Avatar"-. Que destiló todo lo mejor del género en "Terminator 2", elevándola a la película casi perfecta. Pero no es menos cierto que tan rentable franquicia ha ido dando tumbos cada vez más demenciales hasta convertirse en una (mala) caricatura de lo que fue, y ni la presencia de Schwarzenegger la ha salvado de la cada vez mayor irrelevancia. Vale, se han hecho cosas divertidas que medio contentan a los miles de seguidores de la franquicia, pero seamos serios: esto ha llegado a un punto de no retorno, en el que el interés era cada vez mayor.

Pero ahora han querido dar un giro radical a todo: ahora resulta que James Cameron vuelve a tomar el control de la franquicia, produce y recupera a la mismísima Sarah Connor (Linda Hamilton) para una nueva parte, reboot, remake o como queramos llamarlo (que luego acotaremos con mayor claridad). Y encima cuenta con un director de narrativa ágil y contemporánea, Tim Miller, el director de "Deadpool" (uno de los superhéroes de culto, muy políticamente correcto). Sobre el papel, es una luz de esperanza, una mayor seguridad de lo visto hasta ahora... y todo bien. O todo mal.

Es innegable que la película tiene secuencias de acción ejemplarmente rodadas, que te dejan sin respiración. Momentos realmente espectaculares, en la línea de lo mejor de James Cameron, sin desmerecer a nada de su filmografía. Pero... al final estamos hablando de un "remake" (o sea, una nueva versión) más o menos apócrifa de "Terminator 2". Y no solo en lo argumental (con algunas mínimas variaciones que añaden un poco de salsa...pero muy poquito), sino en lo estético (con un Terminator malvado -ahora es el Red-9- que también es de metal líquido y es tremendamente resistente a todo lo que podamos hacerle para acabar con él), y por supuesto, en los personajes, en los que se recupera al mítico T-800 (Arnold Schwarzenegger) y a Sarah Connor (Linda Hamilton). O sea que la ecuación queda de la siguiente forma: del futuro vienen dos seres, uno es una aguerrida soldado que ha sido mejorada tecnológicamente, y el otro es un Terminator. La soldado tendrá que proteger por todos los medios a Danny, una chica mexicana, y el Terminator se la tendrá que cargar. A esta trama se une la de Sarah Connor y el T800, que ayudarán a que el malvado Terminator no se salga con la suya...

La gran pena de esta película es el intento de hacer las cosas otra vez de la misma forma, pero intentando meter las nuevas tendencias y gustos del personal. Para empezar, la película se desarrolla en buena parte en México, donde está la chica, ahora mexicana, que quieren proteger/matar para que el futuro no cambie/cambie (que por cierto, el Terminator ahora también es mexicano, y hay muchos actores españoles interpretando a mexicanos, desde Enrique Arce a Tristán Ulloa y Alicia Borrachero, volviendo a los tópicos de Hollywood...). Además hay un intento bastante descarado de cambiar de género a los protagonistas, que ahora son LAS protagonistas, que tienen un papel muchísimo más activo y determinante en toda la historia. Argumentalmente, debería haberse llamado "Terminator 3", ya que retoma prácticamente después de esa gloriosa segunda parte de la franquicia.

Si no existiera la saga, si se desvinculara de la misma, estaríamos ante una película impresionante, deslumbrante, con un ritmo endiablado y con toda la épica y las claves que nos han hecho saltar del asiento en el mejor cine. Pero el problema es que todo esto ya lo hemos visto en "Terminator 2", y este lavado de cara no es suficiente como para que nos la tomemos realmente en serio. Los muchos esfuerzos en hacer bien las cosas, y las notas de épica en la historia -con la trascendentalidad del futuro de la humanidad, avocado si o si a la guerra con la inteligencia artificial de un modo u otro...- no son suficientes para que nos sorprendamos y hay cierta sensación de hartazgo casi desde el arranque de la película (es que ya vemos las bolas energéticas del salto del tiempo y es rememorar casi 35 años de la historia del cine, que es cuando se estrenó el primer Terminator).

Este "canto del cisne" de la saga es evidentemente mucho más noble que las últimas sagas que hemos visto (La rebelión de las máquinas, Salvation, Génesis y la serie de las crónicas de Sarah Connor) pero cuando uno la está viendo y disfrutando de esta nueva ración (bien despachada) de cyborgs asesinos intentando cambiar el futuro asesinando a alguien en el presente, uno no puede dejar de preguntarse ¿realmente hacía falta? Si es para dignificar el final de la saga, quizás sí. Pero o mucho me equivoco, o se han dejado bastantes mimbres para poder seguir haciendo películas de Terminators. Y de esa manera, volveríamos otra vez a lo que ya ha pasado.

TRAILER

Doctor sueño: El chapuzas y la capilla sixtina

Doctor sueño
Dirección
Guion
Akiva Goldsman, Mike Flanagan (Novela: Stephen King)
Música
The Newton Brothers
Fotografía
Michael Fimognari
Reparto

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Cuando se intenta hacer una secuela de un clásico inmortal, lo peor que puedes hacer es intentar no ya mejorarlo -que suele ser imposible- sino igualarlo. James Cameron lo tuvo claro a la hora de hacer la segunda parte de "Alien, el 8º pasajero" de Ridley Scott, y sabiendo que jamás iba a alcanzar el nivel de ese clásico del terror y la ciencia ficción, apostó por lo que mejor sabía hacer: cine de acción; ese destacamento de marines intergalácticos enfrentados a una caterva de monstruos horribles, y el enfrentamiento entre las dos matriarcas -la alien y la humana, representada por la teniente Ripley- era la guinda del pastel. Pero haber intentado imitar a Scott, no solo habría sido totalmente pretencioso, sino un fracaso completo.

Bueno, pues eso mismo hace Mike Flanagan, un cineasta de medio pelo, que intenta replicar a Kubrick, utilizando todos los geniales recursos estilísticos que creara el genial director en "El resplandor" (los latidos en la banda sonora, la música y las tomas aéreas, los escenarios calcados, los personajes fantasmagóricos...) en una estructura argumental y narrativa que tiene más que ver con una serie de televisión mediocre que con una obra magna del terror. Son resortes y mecanismos que funcionaron en su día dentro de una película monumental, pero que ahora encajados dentro de cine de terror de andar por casa, son completamente ridículos, como burdos semáforos que nos indican cuando "toca" tener miedo y cuando no.

Aunque no he leído la novela original de Stephen King en que se basa la película, sobre el papel resulta interesante la evolución que ha tenido Danny Torrance (el niño protagonista de "El Resplandor"), después de haber vivido el traumatizante episodio en el Hotel Overlook, en el que su padre se volvió tarumba e intentó matarlo a él y a su madre. Años más tarde es un hombre alcoholizado, con problemas de ira e intentando en todo momento olvidar el poder telepático que le permite ver más allá de cualquier humano, el famoso don de "El Resplandor". En esa huida a ninguna parte, Dan Torrance va a descubrir a otro ser "resplandeciente", y a un siniestro grupo de personajes que se alimentan de aquellas personas especiales, todo ello enhebrado en sus recuerdos, donde  estarán su madre, el Señor Halloran -el cocinero negro del Hotel Overlook- y por supuesto, su padre, el frustrado escritor fracasado Jack Torrance....

Flanagan ha osado profanar burdamente toda la obra de Kubrick re-escribiendo y re-filmando buena parte de "El Resplandor", con otros actores que dan vida a los personajes, para estirar innecesariamente como un chicle la base argumental en la que seguir la película. Es cierto que existen algunos momentos interesantes -que no vamos a desvelar, por riesgo de spoiler- y algunos hallazgos visuales y resortes que puedan ser razonablemente originales, pero en general es una muy indigna continuación, ya que la película resulta estúpidamente previsible y obvia, ya que intenta explicar de una manera exhaustiva todo lo que sucede como si estuviéramos en una guardería, y con una literalidad innecesaria, mostrando a lo bestia, sin sugerir nada. Y precisamente, en la arquitectura del terror, de las películas más terroríficas en la historia del cine, el no ver las cosas es el elemento fundamental para hacernos sentir miedo, como cuando no vemos el tiburón en la película de Spielberg, o el Alien en la antes mencionada película de Scott, o por supuesto, todos los fantasmas en "El Resplandor de Kubrick".

Porque no hace falta enseñarlos, recreándonos literalmente en todo. Porque entonces ya no dan miedo. Basta un plano fugaz, casi intuido, para que temblemos literalmente de terror. Y si lo vemos como vemos cualquier otra cosa... como que no. Y no hace falta más de dos horas para contar algo como esto, resultando muy lenta y aburrida en muchos casos. Los esfuerzos de Ewan McGregor y todo el reparto son encomiables, pero resultan inútiles a la hora de hacer un film coherente, que divaga entre varios tonos y argumentos y llegando a ser ridículo en algunos momentos donde se pierde literalmente el norte de lo que se ha contado. Porque un libro, se puede contar de muchas maneras, y la peor de ellas (sobre todo si es de terror) es intentar hacerlo literalmente, como ha hecho Flanagan.

Eso sí, esta película tiene una cosa buena: comprobar lo impresionante y vigente que sigue la película de Kubrick, un clásico absolutamente inalcanzable. Y aún menos por chapuceros como este. Es como si dos albañiles especialistas en chapuzas intentaran copiar la capilla sixtina. Literalmente.

TRAILER


Día de lluvia en Nueva York: Allen divertimento

Día de lluvia en Nueva York
Dirección
Guion
Woody Allen
Fotografía
Vittorio Storaro
Reparto
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Todos los grandes artistas tienen la capacidad de hacer grandes obras, y otras obras más pequeñitas. Encajándolo en la terminología de la música clásica, no es lo mismo hacer una sinfonía que un divertimento, aunque en ambos casos pueda percibirse la esencia del artista. Bueno, pues algo así sucede con la última película de Woody Allen: no es una de sus películas importantes, pero contiene todas las claves del singular universo del director. Diálogos divertidos, música de jazz, romances, el cine dentro del cine, líos, un protagonista atribulado que no es sino el alter ego de Allen (otra vez) y por supuesto, Nueva York, la sempiterna ciudad que tantas veces ha homenajeado en su cine, esplendorosamente retratada en "Manhattan", uno de los (grandes) pilares de su cinematografía.

Y de rondón, Allen también toca algo que ha planeado en sus películas: la fama y el vértigo del azar, que es capaz de convertirte en una estrella en un segundo, para al siguiente olvidarte para siempre. Esa especie de destino caprichoso, que lo embarga todo y que, como si fuera una enorme ruleta, es imposible de predecir (no en vano su anterior -y mediocre- película se llama "Wonder Wheel", o sea "La Rueda de la Fortuna").

Pero la película, aunque pudiera resultarnos cómplices si ya conocemos la obra de Woody Allen, y nos hiciera reencontrarnos con todas esas claves, descontextualizada resulta bastante poco creíble, ya que los personajes -que son unos adolescentes- hablan como si tuvieran 60 años (o incluso 70), y tienen claves culturales, existenciales, familiares y económicas más propias de otras edades, especialmente el protagonista, Gatsby -en homenaje a la obra de Scott Fitzgerald- un rebelde estudiante de desbordante cultura, pianista y jugador de póker que va con su novia pueblerina -aunque de buena familia- a Nueva York para enseñarle la gran manzana y de camino que la periodista en ciernes entreviste a un famoso director de cine en crisis. Y por supuesto, todos los planes que estaban pensados se van al traste cuando el destino empieza a jugar con los dos personajes de las maneras más caprichosas. Como viene siendo marca de la casa, la película está arropada por un reparto impresionante, ya que olvidándonos de sus dos protagonistas -Timothée Chalamet y Elle Fanning- también tenemos oportunidad de ver a Lieb Schreiber (también desdoblado en otra cara del propio Allen), a Selena Gomez, Jude Law, Diego Luna o Rebecca Hall, entre otros. 

Olvidándonos del injusto trato que se le está dando a este director por la polémica de los abusos hacia su hija -que, recuerdo, no solo han sido desestimados y dados por falsos por la justicia norteamericana, sino también por su otro hijo, que también es hermano de la acusadora...- se nota un cierto cansancio y decadencia en el director, que a sus 83 años, sigue contando la misma historia una y otra vez. Y que ya no se hace acompañar de otros guionistas para actualizar su mensaje, algo que él mismo declaró en muchas entrevistas como recomendable para todos los directores (opinión que también compartió Billy Wilder).

¿Es un verdadero Woody Allen? Por supuesto. ¿Aporta algo a su obra? No. ¿Tienen gracia sus chistes? Algunos sí, pero otros nada (y además resultan falsos, impostados, y en muchos casos, fuera de lugar). Lo cierto es que da un poco de pena ver como uno de los grandes narradores del cine contemporáneo empieza a perder su fuelle, y sus películas son cada vez más irregulares, aunque conserven parte del brillo del creador. Es una obra menor, un simple "divertimento" al modo de Allen, pero no se le puede pedir nada más.

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