Yo serví al Rey de Inglaterra: Una irónica mirada a la Europa del siglo XX

No hay nada mejor que el humor para revisar la historia de un país. Ahí tenemos ejemplos como los de Berlanga -"Bienvenido Mr. Marshall" como botón de muestra de su ácida crónica social de la realidad española- o los de "El Tambor de Hojalata" de Schlöndorff o "La vida es Bella" de Benigni: no solo no se resta rigor a los acontecimientos si se ironizan, sino que quizás se comprendan mucho mejor. El actor y cineasta checo Menzel con su mordaz y originalísimo sentido del humor realiza una de las más inteligentes crónicas sobre centroeuropa que hayamos visto en años, a través de un bajito camarero que sobrevive como puede a principios del siglo XX en Praga, y que sueña con hacerse millonario, oportunidad que aparece cuando los nazis conquistan toda Europa, y él se enamora con una alemana de pura raza aria, que tras la Segunda Guerra Mundial le da una insólita colección de sellos que lo convierten en un potentado empresario y dueño de un lujoso hotel. El delirante tono de comedia a veces se rompe con algunos momentos de gran dramatismo, pero esos pequeños puntos negros no pueden empañar un divertidísimo discurso que logra encandilar al espectador de principio a fin, con imaginativas secuencias visuales -apoyadas por unos impecables efectos- y con un impagable protagonista, el búlgaro Ivan Barnev, que da vida al enérgico, diminuto y rubio camarero que ansía en convertirse en el mejor en el gremio de la hostelería. No obstante, a pesar de la aparente "ligereza" con que pueda mirarse este film de evidente clave humorística, debajo existe una muy lúcida reflexión sobre la sociedad contemporánea, enjuiciando certeramente los regímenes capitalistas y comunistas, sopesando todos y cada uno de los aciertos y los errores de los gobiernos. Ambición y esperanza, recuerdos e ilusiones, todo se conjuga en esta cinta que fue una de las grandes ganadoras en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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