Allen menor... pero Allen

Conocerás al hombre de tus sueños

De acuerdo, no es lo mejor que ha hecho últimamente Woody Allen… pero contiene toda su brillantez, toda su ironía, todo su sarcasmo sobre la existencia humana. Y lo que es mejor, una lucidísima reflexión sobre la naturaleza humana que aunque siempre ha planeado por su obra de manera velada, ahora se solidifica más tangiblemente: quizás la gente nos parece buena porque no la conocemos lo suficiente. Eso es precisamente lo que le suceden a todos los personajes, infelices todos ellos con quienes les rodean y deseando a los que no conocen… hasta que los conocen. Seguramente, el tono de pequeña fábula, con narrador en “off” permanente lastra el ritmo de la historia, que únicamente toma vuelo cuando desaparece esa “ayuda” narrativa, pero aún así, el guión contiene varios arcos dramáticos realmente brillantes en su planteamiento y en su progresión. A saber: un matrimonio maduro se rompe cuando él se da cuenta de lo poco que le queda por vivir y decide separarse, adelgazar, blanquearse los dientes, tomar rayos UVA, comprarse un deportivo y un piso de soltero. Ella entra en una depresión profunda y la pobre se refugia en los sortilegios de una adivinadora. La hija de ambos es la frustrada esposa de un no menos frustrado escritor que no consigue publicar su segunda novela. Ambos quieren tener hijos (sobre todo ella) pero su economía no lo permite, de manera que ella empieza a trabajar en una galería de arte, donde conoce al carismático y elegante director de la misma, de la que se siente fascinado. A su vez, el escritor no deja de escuchar a su exótica vecina practicar con la guitarra…. En el fresco que plantea Allen, se reconocen buena parte de los personajes que han poblado su particular universo, desde el maduro obsesionado con la muerte, hasta la prostituta ingenua, el artista inseguro, el clásico personaje iluminado por la religión, o el oportunista que se aprovecha de las circunstancias más adversas para sacar partido. Ahí es donde también juega un papel importante el azar, que está más presente que nunca en este film, y que como un diablo cojuelo, gasta las bromas más pesadas en los momentos más críticos de los personajes. Aunque el trazo es demasiado grueso, y para aquellos que conozcan la obra de Allen puede resultar algo obvia y repetitiva, no deja de tener todas las maravillosas claves con que este director nos ha fascinado durante toda su filmografía. Es una lástima que esta última fase “europea” de este realizador sea tan desigual y abrupta, oscilando entre genialidades como “Match Point” y vulgaridades como “Vicky Cristina Barcelona”. Esta no está en ninguno de los dos extremos, sino más bien en un tibio punto medio, que de vez en cuando deja entrever esos destellos de genialidad. Como (casi) siempre suele pasar en la filmografía de Allen, merece la pena señalar el trabajo de actores, en especial el de Josh Brolin y el de Naomi Watts, quizás los dos epicentros sobre los que gira toda la historia. No hay una realización prodigiosa, ni un montaje ejemplar, ni siquiera una fotografía preciosista –prefiero mil veces la descripción que de Londres se hizo en “Match Point”-, únicamente un relato sobre la felicidad humana que hubiera necesitado aligerar el trazo para hacerlo más fino y delicado. Allen lo podría haber hecho pero quizás ¿quería hacerlo? Siempre tendré esa duda, porque a la postre, ésta es una película menor dentro de su obra… pero es suya. Se nota.

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1 comentario:

Javier dijo...

Pues a mi me ha parecido flojita, flojita. Vamos, de lo peorcito de Woody Allen, está gagá