Pero...¿De verdad se puede cambiar?

Un juego de Inteligencia

Hans Weingartner no es solo un cineasta atípico: es un hombre consecuente, que hace en lo que cree, y lo que es mejor, lo ha transmitido en sus tres películas, que lejos de ser pretenciosas, aburridas y con ínfulas morales, contienen un lenguaje vivo, ágil, inusual en este tipo de discursos –que suelen ser de lo más complacientes, sesudos, profundos, pedantes, auténticos ladrillazos con miradas lángidas, música de cello y piano, y lentitud bergmaniana exasperante (y por supuesto, mal entendida)-. Su primer film “El sonido blanco” supuso una mirada transversal de lo más ácida a la sociedad, una reflexión juvenil especialmente lúcida y profunda, con guión que retoma la nausea de la vida superficial de textos como los de Sartre o más recientemente Pahlaniuk, y la traslada a la vida contemporánea europea. Claro que su siguiente película, “Los Edukadores” sí que fue ya un revulsivo notable tanto a la industria cinematográfica europea como al público. Aquí el mensaje no es sutil, sino que se lanza con bazooka: estamos hartos de la pretendida “sociedad del bienestar”, que solo está trazada a machamartillo para unos cuantos y las diferencias sociales cada vez son mayores… así que hay que hacer algo para cambiar el mundo. Aunque suene pretencioso, insisto, lo original de Weingartner es la forma de lanzarlo, con una gran capacidad audiovisual, utilizando todos los recursos del mejor cine de acción y comercial, con un formato digno de cualquier gran producción de Hollywood, y lo que es mejor, con la cuarta parte de presupuesto. De acuerdo, a muchos espectadores les podría resultar incómodo dicho mensaje, porque casi obliga a pensar donde uno está y hacia dónde va… pero ¿acaso eso no es lo verdaderamente maravilloso del cine? Los grandes clásicos del séptimo arte, desde Ford a Wilder, pasando por Hitchcock, Kubrick o Truffaut tenían precisamente esa capacidad: hacernos reflexionar sobre lo que nos rodea, pero sin caer en la pedantería y el insoportable minimalismo narrativo del que mucho cine “intelectual” hace gala y que a la postre, no sirve más que para aburrir al espectador y sacarlo de la reflexión planteada. Si en estas dos primeras películas este realizador dejaba claro sus intenciones, su lenguaje y su discurso, en este su tercer film añade un componente más que hace aún más asequible su cine: el humor. El delirio de la televisión basura que todos estamos viviendo –no hace falta más que enchufar la caja (más) tonta, y contemplar asombrado los niveles de estupidez e ignominia a que puede llegar el ser humano con tal de conseguir dinero, audiencia y publicidad- es precisamente el pretexto de este film: un exitoso productor televisivo creador de las mayores basuras audiovisuales –como un programa donde se insemina artificialmente a una chica, seleccionando el mejor esperma de candidato…- un buen día sufre un accidente que le hace cambiar radicalmente no solo su concepción de la televisión, sino también de su propia vida. Este hecho le hace descubrir que es posible cambiar, que el mundo no tiene por qué ser como nos lo han vendido…y que quizás las decisiones de los que hacen entretenimiento tienen consecuencias mucho más profundas de lo que pudiera parecer en un principio. Ya, ya sé que puede resultar pretencioso, moralizante, incluso condescendiente, pero la habilidad de esta película que va directa al corazón (y, lo mejor ¡¡al cerebro!!) es que es capaz de contarlo con humor, con gran pulso narrativo –estoy convencido que el mejor realizador de Hollywood no lo haría mejor, ni en el fondo, ni en la forma- y con una pasmosa facilidad. Weingartner, pues, ha conseguido destilar una fórmula audiovisual que aunque pueda resultar incómoda para algunos espectadores, sencillamente funciona. Y es lo que mucha gente ha buscado durante años: formar, educar y entretener, pero no por obligación, ni con la parsimonia y aburrimiento de una clase magistral, sino con el ritmo de un videojuego, la música pegadiza de un anuncio, y el formato del más trepidante programa de televisión o la mejor película de acción. Si, es posible hacer este tipo de cine, y es posible cambiar. Esta es la prueba. Lo único es que ¿seremos capaces de aceptarlo, y lo que es mejor, hacer algo?

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2 comentarios:

Rogelio dijo...

De acuerdo contigo...Como decia Alfred Hitchcock el cine no es un trozo de vida es un pedazo de pastel y este es del mejor que "comi" en mucho tiempo.
La historia es que como un cuento de hadas...pero que bonito es soñar despierto..

Enrique dijo...

Bueno, tampoco tiene por qué ser un sueño... podría ser verdad. Me encantó esta película también.