El cine que nos merecemos

Torrente 4

Intentar juzgar una nueva película de Torrente exclusivamente como cine, es un grave error. Santiago Segura se ha dado cuenta de cómo funciona este negocio en España (y en el mundo…) y ha convertido cada estreno en algo extra cinematográfico, en un fenómeno social de masas, casi en una tendencia de mercado. Por supuesto, lo ha conseguido con una recaudación de más de 8 millones de euros en el primer fin de semana, cosa que ninguna película española había logrado (incluyendo a Almodóvar, Amenábar y a todos los directores actuales o pasados en la historia de nuestro cine). La fórmula, no cabe duda que le ha funcionado, para qué nos vamos a engañar: tomando los personajes más famosos de la actualidad televisiva, los ha metido a todos en un film que no es otra cosa que una interminable sucesión de cameos, y que salteada de alguna secuencia de acción –eso sí, espectacularmente rodada, sin nada que envidiar a cualquier producción de Hollywood- utiliza el sentido del humor más zafio, escatológico y propio del asqueroso personaje protagonista, un policía que parece ser un retrato deformado de la España cañí más casposa. José Luis Torrente intenta sobrevivir en un mundo que evoluciona hacia algo que no le gusta nada, con bodas homosexuales y un negro de presidente de los Estados Unidos. Aceptando un peligroso encargo, se verá nada más y nada menos que en la cárcel, donde tendrá que sobrevivir como buenamente pueda, e intentará las huidas más rocambolescas jamás ideadas en la historia del cine. En fin, no hay nada que sorprenda, porque la cinta ya se encarga de dar justo lo que la gente quiere ver en la pantalla, al referirse a este personaje. ¿Podríamos decir que esta cuarta parte de la saga más famosa del cine español es buena? No podemos enjuiciarla como los mismos raseros de calidad de cualquier otra película nacional o internacional, porque ella misma no se toma en serio. Tendríamos que hablar de películas como “Austin Powers” o “Borat” para encajar esta forma de hacer cine. Pero lo que es innegable es que el producto cinematográfico está ejemplarmente realizado, con una lucidez extraordinaria a la hora de llevar a la pantalla aquello que se espera. Segura es honesto, y conoce a la perfección lo que la gente quiere ir a ver al cine: humor, escatología a mansalva (de la más extrema que uno pueda imaginarse, créeme…) y unas secuencias de acción impresionantes. Si encima recordamos que es la primera película española realizada en 3d en la avalancha que ahora viene de Estados Unidos, con la misma tecnología que ha utilizado James Cameron para “Avatar”, pues por mucho que no nos guste reconocerlo, estamos ante un producto aparentemente trivial, olvidable… pero muy dignamente diseñado para su propósito, esto es, tener mucha audiencia. Es como una versión perversa –o mejor aún, pervertida- de las películas de James Bond, con todo el regusto nacional. Y otra cosa que me ha dejado realmente sorprendido es la habilidad de Segura a la hora de promocionar la película, ya que ha tomado a dos de los personajes mediáticos más importantes en la actualidad de este país –Kiko Rivera y Belén Esteban- para cerciorarse que los programas de televisión del corazón con mayor audiencia –DEC en Antena 3, con María Patiño como uno de los primeros cameos de la cinta, y Sálvame, con la “princesa del pueblo”, como cameo estelar…- hablen de su película, amén de utilizar todo tipo de publicidad –desde internet, vallas, anuncios en prensa, radio y televisión, hasta camisetas regaladas en oferta cuando alguien hace un pedido de Pizzas…- para lograr el brutal impacto social que ha conseguido. Por eso, que nadie se asuste porque “Torrente 4” haya sido un gran éxito. Se lo ha currado a base de bien, y se lo merece. Y lo que es más, a pesar de todo, es lo que la gente quiere ver en pantalla. Ojalá muchos cineastas de este país que van de autosuficientes y sobrados “artísticamente” aprendieran de Santiago Segura a la hora de hacer industria del cine en España. Seguro que nos iría a todos muchísimo mejor.

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