Una franciquia que ya no funciona

Harry Potter y las reliquias de la muerte, Parte 2

Daniel Radcliffe ha dicho tras el estreno que de esta octava (¡¡octava!! y luego se quejaban de la longevidad de "Rocky"...) que por fin ha descansado. No solo ha descansado él, hemos descansado todos, porque a partir de la tercera o cuarta parte las películas de Harry Potter, por mucho interés, mucha magia y muchos efectos especiales que supuestamente pudieran tener eran sencillamente insoportables. Y lo eran por el mismo motivo que la adaptación de Peter Jackson de "El Señor de los Anillos" lo eran: por intentar ser lo más literales a las novelas. Este esfuerzo creativo y estético da generalmente como resultado películas con más situación que acción, cintas más afanadas en recrear la imaginación del autor (en este caso, autora) de los libros, que en contar una historia al espectador que se sienta en el cine. Además de eso, en el caso de Harry Potter se exige al espectador que directamente esté informado al día de todo el imaginario creado por el niño mago en las novelas. Si no es así, uno se queda a por uvas cuando ve aparecer a personajes y más personajes que poco añaden a la historia que uno está viendo, y que tienen más que ver con la historia previa (o posterior) de algunos de los protagonistas. Demasiados esfuerzos para ver una película que habla de un niño hijo de un mago y una humana que arrastra un siniestro vínculo con el mago malvado más poderoso de todos los tiempos. En las novelas, la estructura siempre era la misma: Harry llega de vacaciones con sus tíos humanos (que son una pesadilla) y se reincorpora a un nuevo curso en Hogwarth donde conocerá a nuevos profesores, volverá a ver a sus compañeros, y pasará algo en la escuela de magia que pondrá en peligro a todos. Claro, será el simpático Harry quien los salve a todos con la ayuda de sus inseparables Hermione y Ron. Como decía antes, la saga de "El Señor de los Anillos" y la de Harry Potter comparten muchas cosas; antes hablaba de la literalidad en la traslación de los libros a las películas, pero además hay otro factor de evidente conexión entre ambas franquicias: el desesperado y desaforado de desplumar a los seguidores. No, no, ¿que esto se acaba? bueno, pues por lo menos vamos a dividir en dos (y si puede ser mejor, en tres...) las partes que se vayan a estrenar. ¿Que se han rodado a la vez? Venga, rueda un poquito más de metraje, y así estrenamos dos partes con uno o dos años de diferencia y así sacamos más pasta. No hay más. Me parece bien que se intente rentabilizar la inversión y está claro que el cine, a esos niveles, es un negocio. Pero una cosa es intentar hacer negocio, y otra es intentar pegar el pelotazo. Y con Harry Potter, no solo han hecho el negociazo de su vida, sino que además han intentado pegar el pelotazo desde el principio, vendiendo un auténtico cosmos de merchandising y coleccionismo pocas veces visto en el historia del cine, además de situar estratégicamente los estrenos de las películas en los periodos vacacionales en todo el mundo (verano o navidades) y encima, rematar la faena con la división de la última parte. Una poca vergüenza, vamos. ¿Que si hay acción? ¡Estaría bueno que no la hubiera! Estamos hablando de la (presunta, que yo no me lo termino de creer...) batalla final entre Potter y Voldemort y sus respectivas huestes, así que si aquí no hay caña no sé donde la va a haber. La gente ha esperado ocho películas para ver este enfrentamiento...y la verdad, es muy espectacular pero a mí se me queda algo soso. No sé si es por el diseño de producción, demasiado tenebrista y en tonos casi negros, o porque ya estaba hasta las narices de la película (más de dos horas de tonterías y pamplinas para esperar la batallita final...) pero me supo a poco. Yates, que ya ha dirigido anteriormente otras dos películas de la saga, sigue fiel al ritmo interno y sigue haciendo aburridísimas sus películas (prácticamente se ha hecho director con estas cintas de Harry Potter). En cuanto al resto, los actores están tan esforzados y mediocres como en las anteriores películas (a excepciones de egregias colaboraciones como las de John Hurt, Alan Rickman, David Thewlis y en el pasado Kenneth Branagh, Gary Oldman...y la casi totalidad de los mejores actores británicos). Al principio, las películas de Harry Potter tenían su gracia por la originalidad, por la frescura de sus actores... pero tras ocho entregas (en realidad, siete más un añadido artificial para sacar más pasta, insisto) la cosa no funciona. De ninguna de las maneras.

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