Esta es la nueva Serie "B"

Dredd
Tomando prestado -y atreviéndome a hacerlo- la exclamación que una amiga dijo mientras estaba viendo la película, titulo esta crítica con una evocadora referencia a un subgénero en si mismo que hizo las delicias de muchos cinéfilos (yo entre ellos, claro) durante muchas generaciones: la serie "B" (o sea, películas "B"ajo presupuesto).
Estoy convencido que todos ya nos hemos enterado de sobra que hay una revolución digital en el audiovisual en marcha. Mejor dicho, una revolución que ya ha llegado, producido y finalizado, cambiando el panorama para siempre en la producción, la grabación, edición y distribución. Para siempre jamás, vamos. Coppola (si, el maestro Coppola que dirigió "El padrino", y que ahora se dedica a hacer vinos en California...) dijo durante el rodaje de "Apocalypse Now" (por cierto, no viene mal recordar que éste fue un proyecto que le robó a su entonces pupilo, George Lucas...) que llegaría un día en un que una niña con un pequeño aparatito podría hacer lo mismo que él hizo en esa película. Bueno, pues ese momento ya ha llegado. Y está aquí para quedarse.

Recapitulemos: si ahora todo el mundo tiene un ordenador en su casa, un móvil con grabación full HD y multitud de programas de edición digital de imagen, capaces de realizar todo tipo de efectos especiales con una calidad y nitidez igual a la de las grandes producciones de Hollywood ¿cuál es la diferencia entre una GRAN producción (A) y una pequeña producción (B)? Muy fácil: todo aquello que no se pueda simular digitalmente.... Pero ¿es que hay algo que no se puede simular digitalmente? Pues sí, y no. Cuando vemos "Gladiator", Ridley Scott pudo recrear -aunque con trampas- el Coliseo Romano al completo, lleno de gente (eran planos parciales en panorámicas en movimiento, no había un plano completo lleno de gente...). Peter Jackson a millones de soldados de Sauron atacando ciudades defendidas por otros millones de soldados de Gandalf... pero eso rezuma a falsedad. Me explico: para que un efecto visual resulta "de verdad" ha de combinar gráficos digitales (en yanqui, CGI) y efectos visuales reales (trucos corpóreos, maquetas, figurantes, producción, escenarios, etc.). Cuando no se mezclan, y todo se queda en el ordenador... es donde ahora se nota la serie B. Por ejemplo, "Los vengadores" han contado con grandes gráficos digitales, pero también con figuración, escenarios, pantalla azul (aunque en realidad sea verde, para hacer mejor el chroma...) y así hasta llegar a un presupuesto de 220 millones de dólares. En cambio "Dredd", ha costado 45 millones de dólares. Y eso, se nota.

Probablemente John Carpenter haría maravillas con esos 45 millones de dólares ( recordemos que "Vampiros", de 1998, le costó 20 millones) y los gráficos digitales de hoy día. Pero hay que reconocer que Pete Travis le ha sacado mucho lustre a esos 45 millones, creando una más que aceptable adaptación del cómic británico que en 1977 revolucionó a todos los aficionados por recrear tan salvajemente un futuro ucrónico donde la delincuencia había llegado a un grado tal que existía un cuerpo especial para la ley y el orden llamados "los jueces" y que a la vez eran policía, juez, jurado y verdugo. Del tirón. Y de estos bestias, el más bestia de todos, el más cruel, temible, salvaje, inmisericorde y brutal era Joseph Dredd. Vamos, que convertía al peor delincuente en una niña de colegio. Si vamos hasta 1995, aún recordamos la infame adaptación dirigida por Danny Cannon y protagonizada por Sylvester Stallone, que supuso uno de sus más sonados fracasos de taquilla (algo comprensible, aunque me encantan algunos detalles de esa película, como el robot antiguo, la familia de caníbales -famosa en el cómic-, etc.). Pues la que nos ocupa no tiene nada que ver. Una vuelta a la tuerca completa, para enfrentarnos con una historia oscura, salvaje y desgarradora donde las haya: en un futuro cercano, tras una guerra nuclear la tierra ha sido asolada y la humanidad sobrevive en enormes ciudades. En esas urbes de millones de habitantes, hay a su vez edificios que suponen casi ciudades enteras. Y dentro de ese opresivo, asfixiante y casi insostenible entorno, sólo los jueces mantienen un cierto grado de cordura. Bueno, pues ahí es donde Dredd y una recluta de la academia tendrán que acabar con la amenaza de Mamá, una poderosa narcotraficante que ha descubierto una droga llamada "slo-mo" (abreviatura de "slow motion", o sea, "cámara lenta" en español) que reduce la percepción del tiempo en el cerebro hasta el 1%...

El arranque del film es poderoso, sentando las bases de una sociedad donde no hay paños calientes ni negociación: o estás dentro, o estás fuera. O eres obediente con la ley (o con la mafia) o mueres. Así de simple. No hay más. Y no hay esperas, ni juicios, ni leches. Del tirón. En ese mundo binario es donde Karl Urban (al que vimos en "El Señor de los anillos", la versión de Abrams de "Star Trek" -dando vida al Dr. McCoy, nada menos- y en "Red", y que ahora únicamente le vemos su particular mentón y un rictus permanente de cabreo e indignación) tiene que imponer su ley, literalmente al precio que sea. Esa carencia de moral, de cortapisas a la hora de imprimir la ley, está trasladada a la perfección del cómic, dotando al film de un toque tenebroso que es reforzado con las florituras visuales de los efectos de la droga -que es otro personaje más de la película-.

La pena es que se nota demasiado la falta de presupuesto, al centrar la historia en un solo escenario, esto es, un edificio. Si, un edificio que es como una ciudad en miniatura... pero es un solo escenario. Y termina por lastrar la historia, que paulatinamente va cayendo en interés hasta llegar al tercio final, que recupera bastante ritmo hasta llegar al clímax, en el que las fuerzas del bien y el mal tendrán irremisiblemente que enfrentarse... pero en ese mundo desquiciado ¿cuál es el bien y cuál es el mal?

El diseño de producción es impecable, con el toque "trashy" lo suficientemente integrado para resultar creíble. Aunque la factura es correcta, y el director se permite hacer algunos juegos visuales muy llamativos -además de los efectos de la droga, me refiero a tiroteos, persecuciones, etc.- echo en falta una banda sonora que tuviera más elementos épicos, que le habrían dado a la historia una mayor dimensión. Claro que si recordamos el auténtico origen de Dredd -esto es, un cómic británico underground, alejado de los espectaculares superhéroes de Marvel o los antaño neutros superhéroes de la DC-, entonces el film encaja a la perfección con el ADN de Dredd: pura serie B, solo que ahora hiperamplificada con Photoshop, Final Cut y After Effects. Como si a cualquier película de Roger Corman (o mejor, de la Troma...) le metiéramos un chute de esteroides de todo a 100.

TRAILER

 

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