Feliz cumpeaños, James

Skyfall

No nos engañemos, una de las franquicias más imperecederas -y rentables!- de la historia del cine no es la de "El Señor de los Anillos", ni la de "Star Wars"... ni siquiera la de "Star Trek". Es la de James Bond. Cuando en televisión no se sabía lo que era el "product placement", Saltzman y Broccoli ya lo inventaron, haciendo que su héroe bebiera Martini con Vodka, llevara un Rolex, condujera un Aston Martin y disfrutara del Dom Perignon del 52 -todo ello previo pago, claro-. Han sido 50 años de 007, mutado y evolucionado al ritmo de los tiempos, desde la Guerra Fría hasta la globalización tecnocrática digital y el cyberterrorismo. Pero a pesar de su medio siglo, el doble cero más famoso del MI6 sigue dando caña, toda y más.

Hemos visto ya en varias ocasiones películas-homenaje a Bond. En la película número 20 del personaje, Pierce Brosnan se despedía del papel con "Muere otro día", la que sería la quintaesencia de Bond. Moore hacía lo propio con "Octopussy", siendo el Bond más longevo con casi sesenta años. Y Connery se decidió finalmente a volver a ser el agente secreto más famoso del mundo en una película fuera de la saga en "Nunca digas nunca jamás" -según dicen, la frase que Connery le gritó a su mujer cuando le preguntó si volvería a ser James Bond-. Y para colmo, el reboot y primera película de Daniel Craig también se suponía que era un mega-homenaje a toda la serie. Bueno, pues ahora tenemos la definitiva: el super-mega-homenaje a todo el personaje, a todo su universo, su ecosistema, de principio a fin. Personajes, biografía, evolución con la edad, fidelidad a sus ideales e incluso filiación patriótica, todo a la vez. Y de la mano de Sam Mendes, un verdadero talento dirigiendo que ya nos ha deslumbrado varias veces con "American Beauty" -por la que ganó el Oscar al mejor director- o "Camino a la Perdición", ahora tenemos la mejor visión que hasta ahora se haya hecho en toda la saga. Bond ya no es un dibujo animado, ni un fantoche lleno de juguetitos con los que salvarse de los problemas. Ahora se lo tiene que currar a base de bien. Porque este encarguito en realidad era un caramelito envenenado: vale, vas a hacer una película de James Bond. Pero A)tienes que hacer algo nuevo, algo original y B)tienes que seguir haciendo lo de siempre, para no defraudar a las legiones de seguidores, y mantener los puntales clásicos de la franquicia como el glamour, las chicas guapas, el peligro, los malos carismáticos, el diseño de los gagdets, las peleas, las persecuciones, cuestionar la autoridad del MI6... Como para echarse a temblar. Pero no temas, que todo está muy bien saldado, muy bien encajado y sorprendentemente nivelado para que nadie quede decepcionado. Un juguete para adultos del que también podrán disfrutar los más jóvenes, y que funciona en cualquier situación.

Argumentalmente, estamos ante la versión "Daniel Craig" de Bond, es decir, un personaje muy físico, muy activo -casi todas las secuencias de acción han sido realizadas por el actor: si creías que Tom Cruise corría lo suyo en la franquicia de "Mission Impossible", yo no lo echaría a pelear con Daniel Craig en esta película, porque llegaría el último...-, brutote, aunque con ese punto irónico que empieza a aflorar en el personaje como ya vimos en sus dos anteriores películas (la deslumbrante "Casino Royale" y la decepcionante "Quantum of Solace"). Y los guionistas, habituales de la saga Bond, han dado una vuelta de tuerca: ahora no han maquillado la edad del actor con el personaje, sino que lo han unido: Craig tiene casi cincuenta años, y el 007 que interpreta, también, con lo que es un agente más que veterano -ya que las misiones "de campo" se reservan a los más jóvenes y mejor preparados física y mentalmente-.

¿Que qué es lo que pasa? ¡Todo! Por nada del mundo querría hacer un spoiler de un guión realmente impecable, que desgrana no solo al personaje de 007, sino a todo lo que le rodea con una profundidad hasta ahora nunca vista, pero diré que todas las convicciones del espía más famoso del mundo, se tambalean. Si alguna vez había confusiones de lo que podía o no ser en el mundo de James Bond, ahora quedan amplificadas. Y lo que es peor, Inglaterra entera se enfrenta al mayor peligro político, bélico y secreto mayor en su historia. En medio de todo, nada más y nada menos que M, la mandamás del MI6, y por supuesto, su mejor agente, James Bond.

Hay alguna que otra floritura y regalitos argumentales que dotan al film de un tono humorístico necesario en algunos momentos, que nos dejan casi asfixiados por unas secuencias de acción de las mejores de toda la saga, pero aunque me haya encantado el film, el metraje es algo excesivo, así como un tramo final en el que el argumento llega a flojear e incluso caer un poco en el ridículo. Pero Mendes, que de esto sabe un rato, consigue reflotar la cinta con varias secuencias que pasarán a la historia de 007, sin lugar a dudas. Merece la pena señalar una impecable banda sonora de Thomas Newman, que bebe directamente de los toques clásicos de John Barry, pero actualizándolo como bien hizo David Arnold en los dos anteriores títulos protagonizados por Daniel Craig.

¿Y Bardem? Pues damas y caballeros, más allá de cualquier otra controversia extra cinematográfica, el actor español y marido de Penélope Cruz merece estar a la altura de los mejores enemigos de James Bond, al nivel del mismísimo Gert Frobe de Goldfinger: aunque beba del papel que le dio el Oscar en "No es país para viejos" en sus implacables y maquiavélicas maneras a la hora de conseguir sus objetivos, es capaz de dar una vuelta de tuerca con elementos de otros malos que ya hemos visto en películas como "Goldeneye". Una visión que rebusca en el inconsciente de los personajes y que resulta tan peligroso como carismático. El propio director, Sam Mendes, ha dicho que esta película le debe mucho a la trilogía que de Batman ha realizado Christopher Nolan. Bueno, pues el papel que ha realizado Bardem es una mezcla de el Joker y de Bane, de las dos últimas películas de Batman. Es más, yo diría que es una mezcla de lo mejor -es decir, de lo peor- de estos personajes, convirtiéndolo en el más formidable enemigo de James Bond.

"Skyfall" es un subidón de 007. Un (buen empacho) de James Bond, de Ian Fleming, de las películas de espías. Si en algún momento esta franquicia se quedó atrás con otras como la antes citada de Tom Cruise o la de Bourne y Matt Damon, ya se han quitado la espinita y se han situado nuevamente a la vanguardia de las películas de espías. Y tardará mucho tiempo en que la superen, porque a sus cincuenta años, 007 está más listo que nunca para el servicio. Feliz cumpleaños, James, estás hecho un chaval.
 
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