Los intocables de Los Angeles

Gangster Squad (Brigada de Élite)
DIRECTORRuben Fleischer
GUIÓNWill Beall (Libro: Paul Lieberman)
MÚSICASteve Jablonsky
FOTOGRAFÍADion Beebe
REPARTOJosh Brolin, Ryan Gosling, Nick Nolte, Emma Stone, Sean Penn, Robert Patrick, Michael Peña, Giovanni Ribisi, Anthony Mackie, Mireille Enos

Uno de los géneros netamente norteamericanos, además del western, es de los gángsters. Quizás porque, al igual que los cowboys, estos personajes nacieron en los Estados Unidos de América. Bueno, puntualicemos, porque los mafiosos -desde la "camorra" siciliana a las tríadas chinas o los Yakuza japoneses- no son patrimonio exclusivo de los norteamericanos. Pero los gángsters sí que lo son; aquellos que nacieron en la ley seca y la depresión de los años 30, los que llevaban trajes cruzados de raya diplomática, sombrero y montaban en cochazos. Los que tiraban de la famosa ametralladora Thompson y que -como en la inolvidable "Con faldas y a lo loco"- llevaban botines. Pues ahora tenemos otra racioncita para que disfrutemos de esos iconos. Bueno, de esos y de sus propios antagonistas, los policías que los cazan.

Por mucho que nos guste el reparto -impresionante- del film, su dirección, el planteamiento de la historia... hay dos referentes que salen una y otra vez, y de las que es directa heredera -por no decir directamente, copiadora-: "Los intocables de Eliott Ness" de Brian de Palma (solo que aquí cazaban a Al Capone) y por supuesto "L.A. Confidencial", que no solo se ambientaba en la misma ciudad, sino que además también compartía la idea de crear un grupo que "limpie" las calles de la ciudad de los sueños. A estos dos referentes innegables, yo añadiría un tercero, que además nos resulta muy cercano y que tiene argumentalmente los mismos resortes y tipos de personajes, porque en "Grupo 7" también un heterodoxo grupo de policías se dedica a limpiar las calles de una ciudad y se enfrenta a un supermafioso sin escrúpulos.

El guión, como habéis podido ver, es más simple que el mecanismo de un chupete, y lo hemos visto en infinidad de ocasiones: una ciudad controlada por un gángster poderosísimo y un grupo de incorruptibles y duros policías cuyo único objetivo es acabar con el reinado del crimen. El guión de Will Beal se basa en el libro Paul Lieberman, que a su vez recuerda a Micky Cohen, un exboxeador irlandés que se recicló en mafioso capaz de controlar las drogas, la prostitución y las apuestas en Los Angeles, instaurando un reinado de verdadera brutalidad y terror y al que la policía terminó enfrentándose. Con estos elementos, la ecuación es bastante simplona y sobre el papel, podría aburrir. Pero hay dos elementos que salvan a este film de ser un producto de segunda división: el primero (y más importante) es el apabullante reparto. No ya por los nombres, que son lo más estrellado de Hollywood (desde Sean Penn hasta Ryan Gosling, Nick Nolte, Emma Stone, Josh Brolin, Robert Patrick o Giovanni Ribisi...) sino por las impresionantes interpretaciones que hacen de cada uno de los arquetipos de este tipo de películas: el jefe mafioso, el policía chulo y guaperas, el comisario que tiene que lidiar con el alcalde y la política pero que quiere luchar contra el crimen, la novia del mafioso que está con él por pura supervivencia pero que se enamora del poli guaperas, el sargento de la brigada, un hombre cuyo honor está por encima incluso de sí mismo, el héroe que parece sacado de western, el policía reciclado en científico... Una galería lustrosa y bien afinada que funciona a la perfección.

El otro elemento que merece la pena resaltar y que termina por salvar esta cinta, es su brillante desarrollo y su ágil dirección, que con las dosis justas (bueno, un poco más que las dosis justas, para qué engañarnos...) de brutalidad y sangre logra mantener la atención hasta el último fotograma, que supone un broche y colofón realmente al uso en este tipo de películas, aunque no por arquetípico menos satisfactorio. Fleischer, cuya anterior película "Bienvenidos a Zombieland" tenía un lenguaje más videoclipero, ahora ha decidido tirarse por una dirección más clásica, pero no por ello menos efectiva.

O sea que hay que tener claro lo que uno va a ver -como siempre-. Pero en esta ocasión no solo no te engañan, sino que te dan una ración extra de lo que vienes a ver, con lo que quedas más que satisfecho. Como juguete cinematográfico funciona a la perfección. Aunque puestos a elegir, me gustaba más la pareja de Russell Crowe y Kim Basinger que la de Ryan Gosling y Emma Stone.
 
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