> Canal de Cine Federico Casado Reina: Red 2: Todo no vale

Red 2: Todo no vale

Y luego se quejan del fracaso de la taquilla. ¿Cómo no va a fracasar una película que intenta imitar con brocha gorda un éxito que tampoco es que fuera para tirar cohetes? De acuerdo, la primera parte tenía su gracia, al ver a un grupo de exagentes de la CIA jubilados que tienen que salvarse de una purga, y además el alemán Robert Schwentke supo darle un toque de espectacularidad en la narrativa cercano al cómic de DC en que se basó la historia. Pero al cambiar de realizador, y dárselo a un obediente artesano de estudio, Dean Parisot, se ha despersonalizado todo hasta niveles realmente increíbles. Es lamentable ver a actores de la talla de Anthony Hopkins, Catherine Zeta Jones, Helen Mirren o John Malkovich bailar como un perrito de feria y aguantar hacer el tonto (ojo, una cosa es hacer comedia, y otra hacer el ridículo) por un cheque.

La historia no tiene ni pies ni cabeza: resulta que nuestros amigos los superagentes jubilados tienen que volver para solucionar un complot internacional que puede llegar a desencadenar una nueva Guerra Mundial, con la amenaza de detonar una bomba atómica en el mismísimo corazón de Rusia. El problema no es que la historia no sea buena –que en una película de estas características, puede colar…-, sino que su desarrollo es lo más deficitario que hemos visto en años: personajes que cambian de bando (ahora son malos malísimos, y tras una secuencia, son buenos buenísimos; ahora son tontos tontísimos, y de buenas a primeras, son los más inteligentes del planeta… una locura, vamos…) historias que tienen que explicarse a pedazos saltando de ciudad en ciudad sin orden ni concierto… el desastre.

Ni la cara de estreñido de Bruce Willis, el glamour de Helen Mirren o la bis cómica de Malkovich son suficientes para salvar a este engendro que por momentos va empeorando hasta llegar a ser un subproducto que no hay por donde cogerlo, literalmente. Además resulta increíble que Mary-Louise Parker vaya de ingenua-oficinista-recién-salida-de-los-despachos y se reconvierta de golpe en Mata-Hari, cuando además ese toque de ingenuidad chirría con los añitos que ya empiezan a notársele peligrosamente.

Ni siquiera las secuencias de acción están contadas ni la mitad de bien que en la primera parte –que tenía varias realmente impresionantes-. Que no se enteran, señores productores: que no es suficiente con dinero para hacer las cosas. Hace falta talento, creatividad, brillantez, originalidad… y eso difícilmente puede comprarse cuando se pone a un obediente sicario tras la cámara, más preocupado de contentar a los ejecutivos que lo han colocado allí que en hacer una película de una calidad razonable. No vale todo, porque sencillamente, no funciona todo.

Me da muchísima pena ver cómo actores antaño grandes con g mayúscula (véase a Hopkins, ganador de un oscar por “El Silencio de los corderos”, con varias nominaciones, premios por doquier, o a Helen Mirren, también con oscar, a Malkovich, un verdadero genio, o Zeta Jones, que ha demostrado su talento en “Traffic” o “Crueldad intolerable”) se ven reducidos a estúpidas marionetas de un producto no solo olvidable tras su consumo –como era la primera parte, con sus limitaciones, pero con su honestidad intacta a la hora de ofrecer cine-espectáculo- sino manifiestamente hortera, sin alma y realizado única y exclusivamente para aprovechar el rebufo de la primera parte para recaudar dinero en la taquilla (traducción: engañar al espectador para que pique creyendo que va a ver lo mismo que en la primera parte, pero con mejores actores y con la misma calidad y dosis de acción). No vale todo, porque sencillamente, no funciona todo.

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