El Puente de los Espías: No se lo perdono a Spielberg

El Puente de los Espías
Director
Guión
Matt Charman, Ethan Coen, Joel Coen
Música
Thomas Newman
Fotografía
Janusz Kaminski
Reparto
Tom HanksMark RylanceAmy RyanScott ShepherdSebastian KochBilly MagnussenAlan AldaJesse PlemonsEve HewsonPeter McRobbieAustin StowellDomenick LombardozziMichael Gaston
Que Spielberg ha escrito buena parte de la historia del cine es algo que no hay que discutir. Pero no es menos cierto que en su filmografía hay obras magnas, dignas de figurar en el Olimpo del Celuloide -como "Tiburón", como "E.T.", como "La Lista de Schindler" o como "En Busca del Arca Perdida"...- y otras que son bastante mediocres; incluso me atrevería a calificarlas como impropias de alguien como él -como "Amistad", "1942", "Always", "La Terminal" -curiosamente, ésta con Tom Hanks...-, "El Color Púrpura", "Caballo de Batalla", o como "Lincoln"-. Estos títulos, están desprovistos de la grandeza habitual del realizador, hasta llegar a la categoría de "andar por casa": son como telefilmes más o menos "premium" -sobre todo por los excelentes equipos técnicos de los que se rodea Spielberg- pero de muy limitado calado, escaso interés general, y casi nula repercusión más allá de la propia proyección de la sala. Vamos, que cuando sales del cine prácticamente lo has olvidado.


Quizás la clave de esta paradoja es la falta de universalidad que está presente en las películas "grandes" de Spielberg. Del genio Spielberg, por qué no decirlo. Porque aunque falle, incluso en sus peores películas hay deslumbrantes destellos de genio que te dejan con la boca abierta. E incluso en "El Puente de los Espías" los hay... pero desgraciadamente hay que enmarcar ésta película en la segunda categoría. Es un Spielberg de segunda división, en una historia muy previsible, lenta en su desarrollo y, como todas las películas de espías donde no hay acción al estilo James Bond o Jason Bourne, muuuy aburrida: todos sabemos lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que va a pasar. Y a mí personalmente me desespera que con esa información todo se desarrolle con la lentitud con que se derrite un cubito de hielo. Y con el mismo suspense. O sea, que me entran ganas de meterle un mechero al cubito, que se derrita y que acabe ya la película.

Si Spielberg se hubiera centrado absolutamente en la vida de Jim Donovan, un abogado especializado en seguros que es requerido por la CIA para el canje de un espía soviético por un piloto norteamericano caído en las líneas rusas mientras fotografiaba terreno secreto, la película habría tenido más interés. Pero al girar en torno al canje de prisioneros, de la capciosas y maniqueas descripciones de la vida en el bloque norteamericano y el bloque soviético del mundo en los años 50 -o sea, según la película en el paraíso y el infierno, respectivamente...- todo se desvirtúa bastante, cayendo en el completo tedio a los pocos minutos del poderoso arranque.

Porque el planteamiento de la historia, la presentación de personajes y los momentos de máxima tensión (esa secuencia en la que esperan la llamada telefónica para confirmar el canje de prisioneros...) son realmente magistrales. Pero más allá, todo está demasiado manido, demasiado visto, demasiado poco original. Quizás a un director insulso, de esos artesanos opacos a los que nadie conoce... se le podría perdonar. Pero a Spielberg, a Steven Spielberg, no. A él, que maneja como nadie el cine-entretenimiento, el cine-espectáculo, no se le puede perdonar el pecado de aburrir al espectador. Y ésta película es igual de aburrida que un acuario de mejillones.

Vale, Tom Hanks está genial -el binomio con Spielberg ya está de sobra consolidado, recordemos el registro en "Salvar al Soldado Ryan"...- la fotografía de Kaminski es impresionante, la banda sonora -aunque algo ridícula en algunos momentos- tiene notas de gran belleza. Pero la película resulta innecesariamente larga, y demasiado posicionada ideológicamente. Incluso podríamos calificarla de aleccionadora, de adoctrinar sobre cómo debe ser el mundo libre y cómo son las dictaduras. De cómo son los hombres libres y cómo son los dictadores. Y a estas alturas, que precisamente Spielberg haga esto no es de recibo. Ni de lejos.

Realmente me llevé una gran decepción, porque además el guión está firmado por los hermanos Joel y Ethan Coen. Pero tras verla, confirmo lo que siempre he sospechado de estos dos cineastas: que nunca deben de salirse de su particular y desquiciado universo -que hemos visto en genialidades como "El Gran Lebowski", "El Gran Salto", "Fargo" o "El Hombre que nunca estuvo allí"- porque si lo hacen, su talento se convierte en mediocridad, en tedio; aquí lo han hecho, intentando articular una historia seria, una historia profunda, adaptada de un caso real. Y no han acertado para nada. 

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