Lars y una chica de verdad: autismo emocional

En una sociedad donde casi no hay cariño, ni comunicación, ni ganas de ayudar los demás... ¿cómo sobrevivir? Es precisamente en ese entorno donde exsten sucedáneos de casi todo, que nos ayudan a seguir adelante. Cuando en la década de los setenta Luis García Berlanga dirigió "Tamaño Natural", con Michel Piccoli, muchos se echaron las manos a la cabeza, esgrimiendo estúpidas letanías "contranatura" y demás litigios religiosos. Lo que no se imaginaban todos esos detractores es que en el siglo XXI la visión del cineasta valenciano ha sido casi profética, existiendo en Japón (una de las sociedades presuntamente más avanzadas del mundo) agencias de compra/venta/alquiler de muñecas realistas, e incluso hoteles que ofrecen fines de semana con muñequita incluida. Todo eso ya ha estado en las portadas de los informativos, y a nadie sorprende ya el uso de las muñecas hinchables como sustitutas sexuales de las mujeres. Pero ¿qué pasaría si la sustitución no fuera sexual, sino emocional? Esa es la originalidad del planeamiento de este film, que sitúa a un tímido chaval de una fría localidad al norte de los Estados Unidos en un momento crucial de su vida, ya que tuvo que aguantar solo la viudedad de su padre cuando su hermano se largó de casa para hacer su vida, y ahora se ha convertido en un autista emocional, incapaz de tocar o ser tocado por nadie. Ese mismo chaval se inventa una novia cuando recibe su muñeca "realdoll" (que existen en realidad y en efecto, tienen un realismo sobrecogedor). Cuando la doctora le reconoce, intenta ayudarle haciendo que todo el pueblo finja que la muñeca es un ser vivo como los demás... Precisamente ahí está el gran problema de "Lars y una chica de verdad": oscila entre dos frágiles tonos que con frecuencia son traspasados y no terminan de encajar. Por un lado tenemos un cuento en clave de realismo mágico, que fuciona y emociona. Pero por el otro, tenemos un drama sentimental en la que un pobre chico no se atreve a vivir la vida como debe hacerlo. Ryan Gosling está convincente en su papel protagonista, aunque se echa en falta algo más de profundidad en el dibujo del personaje. Una historia algo tibia, para lo que podía haber sido un acercamiento mucho más interesante al tema de la soledad, la incomunicación y la inseguridad emocional.

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