> Canal de Cine Federico Casado Reina: Empacho de Bergman

Empacho de Bergman

La Cinta Blanca

Todo auspiciaba a que uno de los más interesantes realizadores europeos, el alemán Michael Haneke, nos iba a traer un producto insólito, revelador, provocador. Vamos, como en toda su filmografía, pero esta vez rizando el rizo y ubicando la historia en el siglo XIX: en un pueblecito alemán, una serie de extraños e inexplicables acontecimientos empiezan a surgir, turbando la paz de la población. Un cable invisible hace que el médico tenga un accidente montando a caballo, y se fracture la clavícula; a un jilguero le sacan los ojos con una tijera; el hijo del barón es azotado hasta casi la muerte y al hijo de la comadrona también le dan una brutal paliza que parece que va a costarle la vista. ¿Por qué suceden estas cosas en este pueblecito tan bien avenido, cercano y cordial? Como suele pasar, las capas de normalidad esconden normalmente los más truculentos y oscuros sentimientos. Haneke, un cronista social de lo más agudo y cruel, hace un recorrido sobre todas las variaciones en las relaciones humanas, llevándolas al extremo más salvaje, convirtiendo disciplina en maltrato, cariño en abusos sexuales, amistad en obsesión e incluso amor en egoísmo, trazando una parábola demoledora y estableciendo una máxima terrible: el mismo hecho de vivir en comunidad y formar una sociedad, origina –esté donde esté, tanto en el tiempo como en el espacio- los monstruos peores. Y además, el hombre no tiene arreglo: siempre será egoísta, violento, salvaje y brutal, por mucha educación que se le dé. Es más, cuanta más educación y más moral, mucho peor. Al igual que en “El Huevo de la Serpiente”, Haneke sienta muchos elementos de lo que sería la sociedad alemana posterior, transparentándose en algunos momentos incluso el germen de la intolerancia, el racismo e incluso la más furibunda doctrina nazi, envuelta y camuflada en bienestar para la comunidad y el fin común. El mensaje está implacablemente lanzado, y el guión evoluciona a la perfección. El único problema del film, es la realización, que a modo de un Bergman algo desvaído, se torna algo lenta y plomiza a partir de los veinte minutos del arranque, y pierde el ritmo en varias ocasiones en una forma demasiado contemplativa en muchos casos. Probablemente una mayor presencia y uso adecuado de una banda sonora con tonos melancólicos –e incluso épicos, en algún momento- habría hecho ganar varios puntos al ritmo interno del film. Aún así, es una obra de estudio incuestionable sobre el alma humana, realizada por uno de los mejores cineastas que han dado las 2 últimas décadas en Europa, aunque dentro de su filmografía, tampoco sea de los títulos que más me gusten. Es más, creo que su arrolladora presencia en los festivales internacionales y los premios de la European Film Academy resulta desmesurada y que su conceptuación como una obra maestra, absolutamente injustificada.

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