Desgarradoramente... increíble

Two Lovers

Claro, a todos nos encantan las historias de “amor fou”, en la que a alguien se le va la cabeza y echa por tierra todo lo que tiene en su vida: desde el principio de los tiempos de la dramaturgia, Aristóteles ya dejó bien sentado en su “Dramática” que de hecho uno de los grandes pilares de toda peripecia es precisamente eso, el amor. Entrega, celos, obsesión, pasión y todos sus derivados se han plasmado de mil y una maneras en la historia del cine, desde las envueltas en el más aterciopelado glamour, hasta las más arrabaleras y ordinarias orgías. Bien, en el film que nos ocupa estamos ante la disgregación de la personalidad de un hombre maduro, que tras ver fracasar su proyecto de vida con la mujer a la que amaba, ha de volver obligatoriamente a sentirse dentro del síndrome de Peter Pan, volviendo a la casa de sus padres y reorganizando el resto de su propia –y miserable- existencia. Es precisamente en esa diatriba cuando aparecen sus dos objetos de pasión: la una, una vecina exuberante, chispeante, arrebatadoramente divertida y encantadora y la otra, la hija de un matrimonio amigo de sus padres, todo dulzura, comprensión, estabilidad y serenidad. Como suele suceder en estos casos, las hormonas consiguen enmarañar los sentimientos y como era de esperar, va a producirse un auténtico cataclismo en la vida del protagonista. Muy bien, todo bien contado, todo fantásticamente interpretado (bien por Joaquin Phoenix, que además se ha quedado con todo el personal tras hacer esta película y hacerse literalmente el loco ante todos los medios de comunicación mientras que rodaba un documental sobre sí mismo…) pero… ¿añade algo a las miles de historias de amor que ya hemos visto en infinidad de ocasiones en el cine? Pues sí, y no. Por una parte, la progresión dramática del personaje protagonista está ejemplarmente bien contada, tanto el conflicto interno que le azuza sin parar –llegando incluso a peligrar su propia integridad física- como su nueva realidad social al lado de sus padres, intentando encajar como buenamente puede. Todo ello además potenciado por la esquizoide relación entre las dos mujeres las dos amantes, con los dos tipos de caminos diferentes para tomar en la vida. Pasión y cariño… ¿con cuál quedarse, pues? Ahí es donde el film empieza a flojear, debido a un guión que, a pesar de tener momentos logrados, no consigue hacer creíbles muchas de las decisiones que toma el personaje de Phoenix. Quizás un tratamiento de la fotografía algo menos convencional y un uso más dramático de la banda sonora habrían servido para que el público tomara más partido en las decisiones del protagonista, que a veces queda realmente empañado, increíble no ya en el camino a tomar, sino en la forma que lo hace. Sin ser ninguna maravilla, es uno de esos pequeños filmes que toman más valor con el recuerdo que uno tiene del mismo, a pesar de sus pequeñas incongruencias. Contando con esa disquisición emocional que tiene nuestro protagonista, resulta muchas veces increíble que ceda a los caprichos de una loca –así como suena, aunque tenga sus matices…- cuando su destrozada vida está a punto de arreglarse definitivamente. Pero la película tiene alma, tiene voz propia, y aunque tenga un final bastante predecible, consigue emocionar.

TRAILER