Otra princesa del pueblo

El Plan B

Otra cosa no se, pero JLo es un rato lista. Se ha dado cuenta cómo funciona el público que consume los productos made in Hollywood, y se ha erigido ella misma como el icono de las hispanas en los USA. Vamos, básicamente lo mismo que ha hecho Belén Esteban en España, solo que trasladado a Norteamérica: no todas las estadounidenses son pelirrojas o rubias de ojos azules. Es más, según los últimos censos, hay una población hispana de más del 45%. Con esos datos –que suponen millones de personas- hay que copar el mercado y apuntar bien a la diana de los grupos demográficos: ¿Quién puede representar mejor a todas esas latinas norteamericanas de prominentes nalgas, pelo rizado y rasgos marcados? Está claro, JLo es una verdadera “princesa del pueblo”. Como los thrillers y los experimentos dramáticos son un poco arriesgados, nada mejor que el clásico cuento de la cenicienta contado una y otra vez, pero con las vicisitudes propias de la vida contemporánea: en el film JLo es una empresaria que harta de esperar al hombre perfecto y viendo que su reloj biológico empieza a convertirse en un cronómetro, decide hacerse inseminar artificialmente con semen congelado. Claro que los problemas comienzan cuando, una vez embarazada, conoce al chico de su vida, ese que ha estado esperando toda su vida y que parece colmar holgadamente todas sus expectativas… De esa manera, los productores se han asegurado no solo al público potencial latino –que normalmente sigue a su estrella JLo, desde sus discos, videoclips, páginas rosas con su amor Mark Anthony (otro ídolo latino), fragancias, línea de ropa, etc.- sino también a todas las mujeres que, habiendo conseguido un razonable bienestar laboral, ahora se plantean ser madres al precio que sea. Y la idea no es mala, claro. Incluso si me pinchas, todo está contado con ese tono neutro y eficaz de las grandes producciones de comedia romántica de Hollywood (de hecho, las intenciones de marketing están convenientemente difuminadas para no resultar ofensivas a la inteligencia de nadie…). Pero los chistes, las secuencias emotivas y las peripecias de los personajes son realmente lamentables, penosas, sin gracia, sin chicha, sin imaginación alguna. Y lo que es peor, el remate de los tomates: JLo. Probablemente, sea no solo una de las peores actrices en la historia del cine norteamericano –cuya involución interpretativa desde sus primeros títulos (recordémosla esplendorosa en “Giro al infierno” de Oliver Stone, comedida pero a la medida de nada más y nada menos que Jack Nicholson en “Sangre y Vino” de Rafelson y bizarramente perversa y excitante en aquel fallido pero hipnótico experimento visual de Tarsem Singh en “La celda”) hasta la actualidad resulta sorprendente- sino la menos atractiva –en cuanto al físico, me suscribo a todo lo anteriormente dicho, claro que eso es más que comprensible debido a su deterioro por el paso de los años (nota: para hacerse una idea de donde llegará JLo, baste mirar a su madre…)-. Aún a riesgo de parecer proceloso en mis opiniones, diré que me resulta realmente irritante el catálogo de muecas que tiene la actriz de origen latino. Una película realmente espantosa, olvidable antes incluso de haberla visto, porque en realidad, ya la hemos visto un centenar (o más) veces.

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