Ñoña, Ñoña, Ñoña

Mi Segunda Vez

Está claro que la comedia romántica viaja al ritmo de las diferentes pulsiones sociales: cuando hay más inmigración, resulta que Julia Roberts no es la protagonista, sino Jennifer Lopez. Cuando hay matrimonios gays en California (como ahora, que han vuelto a despenalizarlos) la pareja la forman dos chicos. Y en esta ocasión, se matan dos pájaros de un tiro: por un lado, se le vuelve a dar oportunidad a una estrella cuarentona –como es el caso de Catherine Zeta-Jones- para que vuelva a protagonizar grandes producciones de Hollywood –algo impensable algunos años, ya que las actrices no superaban los 30 años… aunque los actores podían estar, literalmente, en cualquier edad (sin ir más lejos, recordemos “La Trampa”, con la propia Zeta-Jones y Sean Connery, unos 40 años mayor que ella)- y de camino representar demográficamente una realidad social cada vez más imperante en la sociedad de hoy día: los miles de cuarentonas (y cuarentones) que después de separarse tienen que reinventar su vida, su trabajo, el cuidado de sus hijos… con todo lo que ello representa en una realidad tan competitiva y tan desigual con los que sobrepasan los cuarenta frente a los jóvenes de 25 que están dispuestos a cualquier cosa con tal de prosperar. Si encima le metemos un poquito de moralina, y algo de sentimentalismo, pues hala, ya tenemos la tartita a punto de nieve para que sea devorada convenientemente por el público. Claro que en Hollywood se han olvidado de un error de apreciación, para mi garrafal: el supuesto público objetivo al que va dirigido el film, rara vez se desplaza al cine para ver una película, sino que la alquila en DVD. Si, algunos me dirán que precisamente ése es el mercado al que se ha orientado, pero no es exactamente así: el film se estrenó con toda la parafernalia de una típica comedia romántica al uso. Por lo demás, se utiliza el humor más tópico y políticamente incorrecto del momento –incluso con referencia a las ideologías políticas más reaccionarias en Estados Unidos- para crear una historia ñoña, ñoña, ñona: una cuarentona que ha descubierto a su marido engañándola con otra, decide abandonar su acomodada vida y se separa radicalmente de su esposo, llevándose además a sus dos hijos. Volver a entrar en el mercado laboral no será nada fácil, ya que ella no ha tenido nunca un trabajo –de la universidad pasó a ser ama de casa…- y además tendrá que reinventarse las amistades, los círculos sociales… e incluso su tiempo libre. La cosa encima se complica más cuando, tras haber vivido traumáticas citas a ciegas que le prepara una amiga con los solterones más ridículos que uno pueda imaginar (¿acaso todos los hombres solteros de más de 30 años con cierto poder adquisitivo tienen que ser idiotas/salidos/inmaduros?) conoce a un chaval de 20 años que trabaja en una cafetería y que encima hace de niñera para sus hijos. Claro, entonces nace el amor… Todo en esta película apesta, desde el guión que evoluciona al ritmo que TODO el mundo se imagina, unos personajes realmente maniqueos… hasta incluso el aspecto de Catherine Zeta-Jones, que en muchos casos no parece ella misma debido al infame estilismo que le han practicado en la película. Un completo despropósito, que no tiene ningún interés en absoluto, y no sirve ni de relleno en una (mala) programación de un canal de televisión de tercera regional. ¿Dónde está la Zeta-Jones de “Traffic” o de “Crueldad Intolerable”? A esa es a quien queremos volver a ver en la pantalla, y no a esta payasa realmente estúpida. Claro que la culpa no la tiene ella, sino el guionista. Bueno, en realidad sí que la tiene porque ¿Quién le manda a coger esta mierda de guión? Si ha sido su agente… Catherine, cambia de representante.

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