La santificación de un personaje

Salidos de cuentas

Pocas veces una persona ha purgado más sus pecados como el personaje protagonista de este film. Estamos ante una comedia de lo más descacharrante, que plantea cómo un arquitecto pijo de Los Angeles tiene que aguantar por avatares del destino al peor compañero de viaje, en una road-movie que le llevará a cruzar el país y sufrir todo tipo de aventuras de lo más desagradables –desde ser incluido en la lista negra de la aviación civil y no poder coger un avión, a perder la cartera y así un largo etcétera…-. Ya sabíamos que Downey Jr. tenía una bis cómica realmente desarrollada, pero en este film realmente borda el personaje, que realmente merece ser santificado por aguantar a un aspirante a actor con todos los defectos que una persona pueda imaginarse. Heredera de los desmadres que ya ha dirigido Todd Phillips –como “Resacón en Las Vegas”-, la cinta contiene toda la sal gorda y la escatología propia de estas películas, pero en esta ocasión el humor fácil tiene una vuelta de tuerca más, acercándose a películas como “Jo, qué noche” de Scorsese e incluso a ese sentido del humor vitriólico del que hacen gala los Coen en cintas como “El Gran Leboswki” o “El hombre que nunca estuvo allí” (salvando lógicamente las distancias, claro). El resultado es un producto muy comercial, bien encajado en el género de uso y consumo fácil, pero con algunos guiños inteligentes, perfectamente situados en la estructura de comedia, y cuyos resortes funcionan a la perfección, igual que la química entre Galifianakis y Downey Jr., una especie de dúo cómico imposible, que a modo de los clowns clásicos, narran una historia aún más imposible. Esa obligatoriedad, la imposición de tener que aguantar la mayor pesadilla que alguien pudiera imaginar, es precisamente el gran hallazgo de esta comedia supuestamente banal, pero que tiene algunas cargas de profundidad bien ubicadas, hablando de la intolerancia y el egoísmo que todos llevamos escondidos dentro y que pueden salir en el momento que vemos peligrar nuestra individualidad o nuestra seguridad, aunque sea muy políticamente incorrecto. Si para cumplir nuestro objetivo (ese que deseamos con lo más profundo de nuestro ser, que hemos estado esperando durante diez años) tuviéramos que dejar tirado a alguien en medio de la carretera y no fuéramos a sufrir las consecuencias jamás… ¿Seguro que nos portaríamos bien? Más allá de disquisiciones morales, la película funciona a la perfección como un juguete más o menos grosero, con clara vocación de entretenimiento y evasión. No pasará a la historia del cine con total seguridad, pero funcionar… funciona. No al nivel de una comedia inteligente de Billy Wilder o de Berlanga…pero no siempre nos apetece caviar y jamón serrano. A veces también nos apetece comida basura… y no tenemos que avergonzarnos de disfrutar de ella con la misma intensidad.

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