A Firth ya le tocaba

El Discurso del Rey

Parece que ser actor en activo, británico y tener más de cincuenta años son elementos casi seguros para conseguir el Oscar, cuando no el Globo de Oro al mejor actor. A Firth, un actor de físico algo soso pero incuestionablemente brillante en sus interpretaciones, parece que ya le ha llegado el momento de recoger los frutos de su carrera cinematográfica, que ha alternado productos de gran éxito de público (como la saga de Bridget Jones o el musical “Mamma Mía”) con otros más minoritarios (como trabajos para Atom Egoyan o el debut cinematográfico del diseñador Tom Ford…). En este film interpreta a Jorge VI, el rey de Inglaterra que tenía problemas con su dicción y que logró vencer su tartamudez para convertirse en una de las voces fundamentales que daba ánimos al ejército británico –y aliado- en la Segunda Guerra Mundial. O sea, recapitulemos: biografía de personaje famoso (un rey, nada menos!!), actor inglés que supera los cincuenta, con reconocido prestigio y además comercial, un elenco de secundarios de lujo (entre los que están Guy Pearce, Elena Bonham Carter y Geoffrey Rush, nada más y nada menos)… esto huele a premios por doquier. Igual que le pasara hace unos años a Helen Mirren con “The Queen”, ahora Firth está empezando a recolectar reconocimientos al mogollón, cosa que era de esperar por una película diseñada especialmente para recorrer festivales, academias varias de cineastas, y demostrar que los actores británicos siguen teniendo capital importancia en el panorama cinematográfico mundial. La ecuación está bien planteada, bien diseñada, y sabe tocar todas las teclas de la emotividad del espectador, desde la ternura a la sorpresa, pasando por la lástima a un personaje que lo tenía absolutamente todo (noble, feliz con su matrimonio, sustituye a su hermano en el trono de Inglaterra…) pero al que le siguen atormentando sus fantasmas de niñez, haciéndole sentir un miedo atroz a hablar en público y manifestar sus ideas. Esa visión negativa de la cultura británica que impide expresarse con total libertad por miedo a no encajar, o ser criticado por su individualismo, se pone de manifiesto en un film que también reflexiona sobre la necesidad de la libertad, que en casi todos los casos está directamente contrapuesta con el significado de la monarquía (claro que eso sucede en los años 30 del siglo pasado, en la actualidad no hay problema porque la realeza se mezcle con el vulgo en matrimonios, que se dedique a las tareas más prosaicas, o que rompa la imagen que se espera, baste con ver la monarquía inglesa o la española…). Por lo demás es una película correcta, pero sin aspavientos; de narración algo lenta, y una planificación excesivamente centrada en los dos personajes protagonistas –esto es, en el rey y en su logopeda que consigue hacerle hablar con fluidez…- la película es, primordialmente, un vehículo de lucimiento de estos dos actores, Firth y Rush, enfrentados y a la vez complementarios en un juego que muestra las dos complejas y diferentes personalidades. Por lo demás, vemos tangencialmente el decadente y casi extinto boato del imperio británico, así como las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, y las decisiones equivocadas del Primer Ministro inglés de la época, que quiso creer que Hitler no era una amenaza para los intereses de Inglaterra. Eso sí, tanto Rush (que era de esperar, dada su apabullante calidad interpretativa) como Firth están realmente soberbios en sus papeles, así que ya toca empezar con las quinielas para los Oscar, marcando la casilla de un actor que ya ha ganado el Globo de Oro y que va imparablemente camino de la dorada estatuilla. Mucho se tiene que torcer la cosa para que Firth no la recoja….

TRAILER

1 comentario:

Carmen dijo...

¿Soso Colin Firth? Está como queso.