Esquizofrénicamente Brillante

Cisne negro

Confieso que quizás no he sido objetivo a la hora de juzgar este film, y reconozco que, objetivamente, es una obra mayor, una cinta de gran entidad con momentos antológicos y que seguramente envejecerá estupendamente. Por un lado, otra película de Aronofsky, uno de mis grandes directores actuales de cabecera, con un sentido visual único, una depuradísima narrativa, y una capacidad de conmover con estilo pocas veces vista en el cine contemporáneo (y aún en el cine clásico…). Por otra parte, hacer un viaje al alma de una artista, a sus deseos, inquietudes, frustraciones y miedos es un sugerente planteamiento. Y para colmo, el mundo del ballet profesional, del que soy –al igual que del teatro o de la opera- un modesto, pero devoto aficionado. Todos los ingredientes para realizar el coctel perfecto…y como suele pasar cuando uno tiene unas expectativas tan grandes, uno queda decepcionado en varios momentos: una bailarina tan brillante como exigente, disciplinada hasta el extremo y por tanto, fría ante sentimientos y pasiones, está trabajando en una compañía de Nueva York, donde aspira convertirse en la estrella de un nuevo montaje, “El Lago de los Cisnes”. El director de la obra tiene la idea de fundir los dos personajes principales –el cisne blanco y el cisne negro- en una sola primera bailarina, y el papel se le resiste a la protagonista puesto que si bien es el cisne blanco perfecto, su lado más oscuro y tenebroso no termina de salir para interpretar al cisne negro… Como ya digo, un planteamiento insuperable en una historia que tiene un ritmo y una fuerza arrebatadora desde principio a fin, sobre todo por la sobrecogedora interpretación de Natalie Portman, que tiene todas las papeletas para que le den su primer oscar con este papel. Por su parte, Aronofsky utiliza algunos recursos impropios de un cineasta de su calado, y mientras que en películas anteriores como “El Luchador” o “Requiem por un sueño” no necesitaba de engaños ni florituras argumentales para conmocionar al espectador, ahora no tiene ningún miramiento para emplear todo su sentido visual y estético en quedarse con el público, cambiando varias veces de reglas narrativas (y lo que es peor, argumentales), llegando a desconcertar. Y es una lástima, porque lo que podría haber sido una obra magna, un estudio profundo sobre la esquizofrenia, la soledad del artista que se obsesiona con el triunfo y la perfección, queda convertido en algunas secuencias realmente brillantes y algunos momentos antológicos en el género del suspense y en los subgéneros de las películas de danza y teatro. Junto a la bellísima Portman (que sudó lo suyo para encarnar el papel, adelgazando casi 20 kilos con unas maratonianas sesiones de ballet clásico que casi la llevaban a la extenuación en cada día de rodaje) un ejemplarmente bien ubicado Vincent Cassell (el odiado marido de Mónica Bellucci…) le hace una réplica soberbia, con grandes matices y provocando un enfrentamiento realmente turbador entre el clásico Pigmalión y su creación. De acuerdo, reconozco que quizás me esperaba más, pero no obstante y a pesar de las trampas que existen en el guión y en la narración, es una película francamente sobrecogedora, que hay que ver si o si.

TRAILER

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