Romanos hasta en la sopa

La legión del Águila

Confieso que me encanta todo lo relacionado con el Imperio Romano. Una cultura a todas luces fascinante, tanto por su refinamiento exquisito, como por su bestialidad y crueldad extrema. Creo que he visto ávidamente todas (o casi todas...) las películas que han girado en torno a este (extenso) periplo histórico, incluidas las series televisivas (impresionante la producción de la HBO "Roma" y la mucho menos lustrosa y reciente "Spartacus") y todas las producciones de serie "b" de gladiadores (imagino que algunos estarán trazando la clásica sonrisita por aquello de la estética filogay de este género -y subgénero-, pero me temo que mi interés va más allá, social, política, histórica, artística y militarmente...). Uno de los elementos de este tipo de film es la épica, trufada de palabras como honor, justicia, abnegación o sacrificio. Curiosamente este tipo de palabras con las que se llenaban los romanos, ya fueran legionarios, patricios o senadores, no se empleaban con las naciones sometidas al poder de Roma, y por supuesto se olvidaban al hablar de los esclavos, el auténtico origen y centro neurálgico del poder de esta civilización que nació a las orillas del Tíber. A base de prostituir este tipo de cintas con presupuestos ridículos, producciones infantiles y guiones estúpidos, el espectador terminó acusando un comprensible cansancio cuando se le hablaba de "una de romanos", ya que incluso las producciones de Samuel Bronston habían perdido el lustre de los clásicos pleplum como "Quo Vadis" o "Ben Hur". No fue hasta que Ridley Scott rescatara y redibujara con "Gladiator" la narrativa de este género cuando se empezó a volver a admitir en la cartelera a las espadas, los cascos, las sandalias, las túnicas y los estandartes. La literatura juvenil, embriagada por la moda de Hollywood de los 50, regaló una maravillosa novela "Eagle of the Nitnh" (El águila de la novena) en la que se basa este voluntarioso pero desvaído film de Kevin MacDonald, después de su experiencia interactiva producida por Ridley Scott y en colaboración con youtube "La vida en un día", en la que millones de internautas colgaron vídeos para que Mr. Macdonald hiciera un fresco audiovisual documental del siglo XXI (es estupendo aprovechar las redes sociales para que le hagan a uno una película gratis ¿verdad?). Es voluntarioso porque están presentes todos los elementos suficientes (épica, acción...) como para que la historia funcione. Y está desvaído porque dichos elementos no terminan de encajar y concretarse nunca. Una lástima, porque esta "buddy-movie" ambientada en la Roma de Adriano (el emperador de Santiponce, o sea Itálica) podría haber funcionado muchísimo mejor si se hubieran ajustado mejor estos parámetros y aumentado el presupuesto -se nota demasiado contenida la producción-: un legionario romano cuya familia ha caído en deshonra porque su padre perdió el estandarte de la legión que comandaba en tierras britanas, decide recuperar el águila y restablecer la dignidad de su estirpe, acompañado de su esclavo celta. Ya en la tierra inexplorada más allá de la frontera del imperio, en las tierras del norte de Britania, se enfrentarán a mil y un peligros y a una siniestra raza de guerreros pintados, capaces de las mayores proezas y las mayores crueldades contra el Imperio Romano invasor. De acuerdo, la producción es correcta, e incluso se permite el lujo de contar con la siempre estimable presencia del veterano Donald Sutherland, pero el protagonista, Channing Tatum es demasiado inexpresivo, demasiado plano, demasiado inerte, algo impensable para un legionario romano que se precie (no olvidemos que como romano, italiano y por ende latino...). Quien borda su papel es Jamie Bell, alejado ya del rol de Billy Elliott: precisamente es el contrapunto perfecto para el protagonista, un amigo forzoso sin cuya ayuda sería imposible sobrevivir en territorio hostil al Centurión Romano -insisto, que si en vez de Tatum hubiera sido otro actor, este film habría ganado con creces-. Sin ánimo de destripar la película, las batallas deberían haberse filmado con mucha más grandeza, más producción, ya que no se ajustan al sentido general de la cinta, mucho más ambiciosa. De todas formas, es una de las opciones mejores de la cartelera, y mucho mejor en estas vacaciones de Semana Santa. Romanos en la televisión, romanos en el cine...romanos hasta en la sopa. ¡Qué viva el Imperio Romano!

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