Peor que el tren de la bruja

Piratas del Caribe 4: En mareas misteriosas

El género de los piratas siempre ha sido uno de mis favoritos, desde mi más tierna infancia. Pero las acrobacias de Errol Flynn, la apostura de Burt Lancaster y la voz aguardentosa de Lionel Barrymore cantando aquello de "Ron, ron, ron, la botella del Ron" en la inolvidable adaptación Stevenson en "La Isla del Tesoro" casi se han borrado de la memoria del público, que ya únicamente puede recordar el amaneramiento y el aspecto de travesti reciclado de Johnny Depp dando vida al más heterodoxo pirata de la historia del cine, Jack Sparrow en la cada vez más menguante y prescindible saga de "Piratas del Caribe". Es cierto, la primera de la saga (de subtítulo "La maldición de la Perla Negra" -que es el barco de Sparrow-) tenía todos los ingredientes clásicos del género. Incluso incluía una cierta épica, y los ademanes bizarros de Depp hasta tenían gracia. Pero a base de intentar ofrecer "más y mejor" entretenimiento a los posibles visitantes de la atracción de los parques temáticos Disney, la saga se ha desvirtuado totalmente. Ni siquiera un avezado productor como Bruckheimer ha logrado mantener un mínimo de calidad (y cordura) en un producto que ha perdido toda la nobleza del género, al ser de hecho una prolongación de una atracción de feria que existía en los mencionados parques temáticos Disney. Vamos, que cualquier tren de la bruja de cualquier feria de tercera regional ofrece más emociones y sorpresas que este film, lleno de un humor ridículo, un guión demencial y de nula coherencia, unos personajes de (mala) opereta y una acción pretendidamente espectacular, pero realizada con bastante tedio y mediocridad (¿acaso podíamos esperar otra cosa del coreógrafo metido a director Rob -"Chicago", "Nine"- Marshall?). El abandono del realizador de las tres primeras cintas de la franquicia, Gore Verbinski, ya nos hizo sospechar la insostenible situación de la saga, de la que también se bajaron Orlando Bloom y Keira Knightley; aquello se hundía sin remisión, pero Disney quería seguir explotando el filón por agotado que estuviera, así que venga, cambiamos de director, ponemos a la estrella latina de moda (una impostada Penélope Cruz que no se cree ni ella misma su papel, intentando seguir las payasadas insoportables de Depp) y a hacer mucho ruido y efectismos con el 3d, a ver si así pican. Y no veas si ha picado el público, que ha corrido en masa a contemplar el producto de moda, bombardeado una y otra vez con una esplendorosa campaña internacional (que casi ha costado más que el presupuesto total de la película) y convirtiéndose en uno de los estrenos más rentables del actual Hollywood. Pero lo más alucinante de todo, es que la cinta tenga los mismos dos guionistas de la saga -Ted Elliott y Terry Rossio- y que se base en la novela de Tim Powers "Mareas Misteriosas", en la que se habla de la famosa fuente de la juventud que todos los piratas (y los no piratas) buscan. Con todos esos antecedentes, a los guionistas no se le ocurre otra cosa que incluir a Barbanegra, uno de los más famosos personajes de este tipo de historias, así como su hija, una aguerrida pirata que mantuvo hace años una relación con Sparrow, a Barbossa convertido en Corsario del rey de Inglaterra e incluso ¡¡¡a sirenas!!! (claro que siendo Disney la que produce esto, no era de extrañar en absoluto...casi esperaba al cangrejo Sebastián cantando de un momento a otro). Bromas aparte, el gran pecado de esta pretenciosa cinta es el aburrimiento. Ni todas las secuencias de acción, ni uno solo momento de la trama argumental (en la que vuelven a poner a los españoles, o sea, nosotros, como los malos de la película...) o la impactante banda sonora de Hans Zimmer (que repite machaconamente el famoso tema de la saga en todo momento) consiguen que nos aburramos como ostras desde el minuto uno hasta el final. Un auténtico tostón, oiga, de los que merecen figurar en la historia del cine. Muy pocas veces se ha conseguido hacer una película tan aburrida con tanto dinero. Pero lo que yo diga poco importa, porque el cine está cambiando. Viendo las cifras que la película ha conseguido en todo el mundo (España incluida) estamos ante la muerte del cine que conocíamos, y el nacimiento de otro cine, en el que no importa lo que se cuente, sino el ruido que se haga, las explosiones, las carreras, la música a todo trapo...y sobre todo, que sea en 3d. Bueno, pues con todo ese dineral que se han gastado, no consiguen ni por un momento una emoción más que la que tenemos en el tren de la bruja. Claro que los escobazos son los escobazos...

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