Bien por Bayona. Aunque...

Lo imposible

Nadie ha dicho que esto del cine fuera fácil. Y paradójicamente, cuantos más medios tiene, más difícil es, en todos los sentidos: asesores de guión, asesores de producción, asesores de asesores... y así un proyecto termina convertido en otro que no lo conoce ni su padre. De esto tendrían que hablar muchos directores europeos que han hecho las américas, desde Paul Verhoeven a David Cronenberg o Renny Harlin y pasando por supuesto por Robert Rodriguez, por citar unos cuantos. Bayona en cambio quiere hacerlo de diferente manera. O lo que es lo mismo, a la manera de Amenábar, que no es otra que la que se hizo durante muchos años en España para intentar enfrentarse a la todopoderosa producción de Hollywood. Pero ahora a Paco Martínez no se le llama Frank Martin, sino que directamente se contrata a estrella de turno -esas que ganan Oscars, y se pasean por las alfombras rojas de los festivales de todo el mundo- para que protagonicen las películas. Cosas de la globalización -y de la pasta-, porque antes era prácticamente imposible hacer un elenco de estrellas mundiales del cine para una producción española.

Con esta vocación internacional nace este film, que basándose en la experiencia real de una familia española (que no eran tan rubios, ni de ojos azules como Naomi Watts y Ewan McGregor -¿noto un tufillo racial en el reparto?-) que vivió el terrible Tsunami de 2004 en Tailandia, intenta mostrar valores como la superación, la solidaridad, el tesón o la emotividad. Todo muy bonito. Todo muy correcto. Pero ¿en qué se diferencia de uno de esos tostones que te ponen en cualquier televisión generalista un fin de semana después de comer? (y que normalmente suelen tener argumentos del tipo "familia rota por..." -ya sea un terremoto, una enfermedad terminal, un accidente de coche, un choque de aviones...-). Pues básicamente, por la producción. Una producción realmente fastuosa, impecable. Y en este caso, la forma determina el fondo. Y ahí va mi primer aplauso para Bayona: con una producción realmente impresionante, ha conseguido mantener vivo un pulso narrativo realmente brioso, una dirección brillante y una dirección de actores en los niños de lo más correcta -muy al estilo Spielberg, como bien dijo un buen amigo-. Si a eso unimos una fotografía realmente impresionante, junto a unos efectos visuales que en nada tienen que envidiar a cualquier producción de gran nivel, pues el producto acabado puede figurar perfectamente en una neo tendencia de cine apocalíptico/catastrofista, trufado de moralina y gore.

¿Gore? me preguntaréis... pues sí, gore, puro y duro. A ver, no es que haya un regodeo infinito en vísceras, sangre e higadillos varios, faltaba más -sobre todo porque se eliminaría a buena parte del público, que se lo digan a Telecinco...-, sino porque hay secuencias, y varios momentos en los que mucha gente tendrá que dejar de mirar la pantalla. En una catástrofe de estas magnitudes, hay descalabros de todo tipo, y los que más, los que se producen en los cuerpos de los damnificados. A pesar de que los servicios informativos nos intenten ocultar la brutalidad de las imágenes, aquí Bayona no se corta un pelo. Y hace bien, porque por una vez, el guión justifica esta crudeza visual. Define la relación del hijo mayor de la familia con su madre, un personaje que es eje y centro de la historia y que irá determinando casi veladamente el transcurso de los acontecimientos.

Lo que me ha dejado realmente sorprendido, es que la película no habla de los desastres. O mejor dicho, no habla de los desastres naturales. Habla de los desastres humanos. Me explico: lo que realmente te agobia de la película, lo que te deja sin aliento -en varias ocasiones- no es que un terremoto haya provocado una ola gigante que haya destrozado medio continente. Lo que te pone en estado de taquicardia son los intentos de los pobres humanos por recuperar la cordura, a la hora de enfrentarse a algo tan sencillo y a la vez tan brutal y simple como la misma naturaleza. A la mierda los ordenadores, las blackberry, los móviles y las bebidas light. Maricón el último, a ver cómo te salvas cuando pasen cosas importantes de verdad. Y lo que es más importante, a ver cómo recompones tu mundito de mierda -que en realidad, no existe- cuando pasan estas cosas. ¿Podrás recuperarlo? Quizás la suerte, o el destino, o lo que quieras llamarlo, te permita la oportunidad, o no, o sí... porque ser, es imposible.

Y de ahí el acertadísimo título, que me ha dejado gratamente sorprendido. No ya por la reflexión sobre la familia, los valores y la solidaridad -temas de los que ya estoy sinceramente empachado y que a estas alturas, no me interesan en absoluto y puedes verlos quizás mejor en un reportaje de Intermon Oxfam- sino lo pequeños que somos. Lo frágiles que somos. Y cómo, estúpidos de nosotros, nos creemos el culo del planeta, cuando somos como hormiguitas, que en cualquier momento, podemos pasar a la historia con una facilidad aterradora.

Esa futilidad es lo más interesante de un film cuyo marketing ha sido algo confuso, ya que te intentan vender una cosa y luego te encuentras -gracias a Dios- otra. Aunque no debería sorprenderme, ya que sucedió exactamente lo mismo con el anterior título de Bayona, "El Orfanato". Pero siendo justos, la película tiene momentos esplendorosos, sólo que cuando se pone en plan melodrama fácil, se pierde en el metraje y el guión se empantana -nunca mejor dicho- en varias ocasiones. Discrepo en la opinión de que se hace corta, porque creo que varios momentos se podrían haber agilizado notablemente -especialmente en el segundo acto-. Pero es de justicia reconocer la valía de esta producción española, y aplaudir el trabajo de dirección de Bayona, que con solo dos películas a sus espaldas como director, ha conseguido una gran maestría. Eso sí, la banda sonora de Fernando Velázquez es realmente nefasta, tópica, incluso infantil. Probablemente con una partitura mucho más sutil, el impacto habría sido muchísimo mayor. Algo parecido sucede con el guión de Sergio G. Sánchez: si se hubiera centrado realmente en lo efímero de la humanidad, en la indefensión del ser humano no ya por la naturaleza, sino por la incomprensión misma de los propios humanos, estaríamos hablando de un título mayor, que habría reinventado el cine catastrófico con toques de realismo que podría llegar a ser incluso mágico.
 
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1 comentario:

Editorial CM dijo...

Lo que sí hay que reconocer, que hasta la fecha no nos podíamos atrever hacer un cine catastrofista de esta magnitud, y ahora nos vamos igualando a los E.E.U.U., porque cuando hay dinero por medio, se pueden hacer las mismas pelis.
Hace unos diez años, en una conversación con un amigo cinéfilo igual que yo, me decía que aunque tuviéramos presupuesto de una multinacional no podríamos igualarnos nunca a ellos. Creo que se equivocaba.