Una película muda que me ha dejado mudo

Blancanieves

Antes de empezar a hablar de la película en sí, me gustaría dejar claras dos cosas:

1) No me gustaría entrar en la polémica pro/anti taurina con esta película, porque no se lo merece: la histórica (data del tiempo de la ocupación Romana en España) fiesta nacional es lo que es. O te gusta o no te gusta. En este espectáculo hay sangre, vida y muerte. Respeto a los dos bandos, tanto por la parte artística (¿o es que librarse de la muerte ante un animal de 500 kilos no es arte?) como por la parte animalista (me parece que la tortura a cualquier tipo de ser vivo -incluidas plantas y árboles, que son talados sin piedad en bosques para hacer papel y nadie (o poca gente) se queja de ello- es difícilmente justificable). Pero negar la historia de la tauromaquia no solo sería negar la historia de España (mal que nos pese...) sino negar a Hemingway, a Lorca, a Picasso... e incluso a Almodóvar, que tomó a la Fiesta Nacional como la base de varias de sus películas (entre otras, "Matador" o "Hable con ella").

2) Se ha provocado una gran polémica puesto que surgió el rumor de que se habían matado a siete toros, siete, para rodar la película. Horrorizado, me he dedicado a investigar dicho rumor y es rigurosamente FALSO: la productora consiguió permiso para rodar parte (que no toda) de la película en la plaza de toros de Aranjuez donde se celebró una corrida a puerta cerrada donde se mataron TRES toros. En efecto, en la película hay momentos de la agonía de los astados, pero nunca, repito NUNCA se mata (ni en la ficción, ni en la realidad) a ningún toro en pantalla.

Dicho esto, vamos a lo que interesa, que es la película: me he quedado maravillado, deslumbrado, apabullado por un film que conjuga a la perfección el toque leyenda clásica con los arquetipos más castizos de la cultura española de principios del siglo XX. Una película muda que me ha dejado mudo. No sólo tiene un guión prodigioso -que revisa con una inteligencia y agudeza cómplice el mito de Blancanieves-, sino que Berger toma lo mejor de la tradición histórica del cine mudo -con brochazos del expresionismo alemán, incluso- para actualizarla con una vibrante realización, con un montaje ejemplar, que no te deja quitar la vista de las poderosísimas imágenes, trufadas con un brillante preciosismo manierista propio de la barroca cultura andaluza, y mucho más de la taurina y de la coplera.

Ahora Blancanieves es la hija de un famoso torero, que tras sufrir una gran cogida, se ha quedado tetrapléjico y se ha casado con su antigua enfermera, ahora convertida en la más diabólica madrastra que alguien pueda imaginar. La pobre chica intentará sobrevivir como puede y recuperar el cariño de su padre, pero cuando la madrastra se entera, la manda al bosque acompañada del chofer del cortijo, para que éste se la cargue. Pero lo que son las cosas, sin que el sicario lo sepa, Blancanieves consigue sobrevivir y se encuentra a un grupito de enanos, que como el bombero torero, va por los pueblos con un espectáculo cómico taurino. El azaroso destino le cede a la niña una segunda oportunidad, y se convierte en un miembro más de la troupe, deslumbrando a todos con su arte y su manera de torear. Claro que cuando la madrastra se entera de los éxitos de la niña y ve cómo ésta le roba protagonismo, empieza a tramar una cruel venganza en la que está implicada una manzana...

Por si el dominio del lenguaje del cine mudo no fuera suficiente, Berger también ha sabido encajar a la perfección el tono en todos sus actores, que con el punto justo de sobreactuación, dotan a la historia de un nivel interpretativo parejo a todo el Olimpo del cine mudo, desde Max Shreck hasta Greta Garbo. Impresionante es el trabajo de Maribel Verdú, que para ser la primera vez que hace de mala, lo borda, creando a la más abyecta, egoísta, cruel y maquiavélica madrastra de Blancanieves que jamás podríamos haber imaginado, dejando a la mismísima Charlize Theron (la anterior madrastra en la previa adaptación al cuento de los hermanos Grimm) a la altura de la Madre Teresa. También es de justicia elogiar no solo a los personajes principales (Daniel Giménez Cacho y por supuesto a Macarena García, flamante ganadora del premio a la mejor actriz en San Sebastián) sino también a un elenco de secundarios realmente esplendorosos, donde brillan con luz propia actores como Inma Cuesta, Ramón Barea, Pere Ponce o Josep María Pou.

Viendo este film, he podido comprobar el exponencial aumento en profesionalidad de un ya excelente director que nos deslumbró hace años con "Torremolinos 73", retomando toda la atmósfera de la transición democrática española de los años setenta. Ahora nos hace viajar con todos los parámetros a unos años 20 llenos de inocencia, de ilusión por el nuevo siglo, de esperanza... y con las mismas miserias de aquel o de este nuevo siglo XXI. Y también he podido comprobar la aseveración que se ha dicho una y mil veces sobre cualquier tipo de expresión artística: da igual que lo hagas con una cámara de super 8, un ordenador o un simple papel en blanco. Lo que importa es lo que quieres transmitir, y el lenguaje que usas para hacerlo. No importa que tengas ideas de la técnica de objetivos o del tramado del papel o de la programación del ordenador. Lo que importa es que domines el lenguaje con que quieras transmitir el mensaje... y lo que es más importante, que tengas un mensaje que transmitir. Berger ha hecho las dos cosas de manera inmejorable: ha reinventado el lenguaje del cine mudo para lanzar un (reflexivo) mensaje sacado del más clásico cuento jamás inventado (con permiso de caperucita). Y se merece una vuelta al ruedo, y salir por la Puerta del Príncipe, que por si no te lo he dicho, la película se desarrolla en mi ciudad, Sevilla.
 
TRAILER


1 comentario:

libre dijo...

al que no le gusten los toros que no los vea ... los abanderados de la libertad estan mas preocupados que nunca ,por imponer sus ideas (o ideologia mas bien )me harto de tantas muestras de SU libertad ,por cierto buena pagina ...