Grandiosa, conmovedora. Aunque...

Los miserables

Tengo que reconocer que he retrasado ver esta película. Y lo he hecho porque una de mis novelas preferidas, que he leído mil y una vez es precisamente la obra maestra de Victor Hugo. Es más, voy a hacer una confesión: incluso he evitado ir al musical varias veces por no quitarme la imagen que tenía en la cabeza de la historia. Aunque he visto varias adaptaciones audiovisuales, tanto en cine como en TV, de este clásico -la última dirigida por Billie August, con Liam Neeson y Geoffrey Rush, excelente- ninguna me ha hecho estremecerme como el texto original. Quizás por ese miedo he prolongado la espera, pero, claro, es una de las películas inevitables de estas fechas. Y en el fondo, por qué no decirlo, a la vez sentía una malsana curiosidad por ver qué habían hecho. Mucho más cuando he escuchado opiniones encontradas sobre el film, que por un lado lo encumbran, y por el otro lo vilipendian.

Con esa ambivalencia y algunos comentarios malsanos (como decir que Russell Crowe estaba como para ahorcarlo cantando, o que la interpretación de Hugh Jackman era de lo más blandengue...) empecé a ver un musical costeadísimo (61 millones de dólares, aunque ya lleva recaudados más de 71 en todo el mundo...) filmado en Francia, Inglaterra y con unos decorados impresionantes... que no me hacía entrar en la historia. Me explico: hacer un musical en cine, es peligrosísimo. Si encima, es un musical dramático, entonces el riesgo es abismal. Es riesgo nace de que el cine, desarrollado a lo largo del siglo XX, ha desarrollado un lenguaje propio en torno al género musical, en el que A) los números musicales se salpican en la historia y B) no interfieren en el desarrollo de la misma historia. Solo algunos títulos contados como "All That Jazz" o "Cabaret" consiguen trastocar ese lenguaje, a costa de manipular la teatralidad de manera exagerada, haciendo un pacto con el espectador desde el principio de la historia y generando un lenguaje nuevo. El problema de esta grandiosa película es que mezcla de una manera arbitraria los dos lenguajes: por un lado los textos hablados y por otro, las canciones y los números musicales. De esta forma, hay momentos en los que nos preguntamos ¿por qué se ponen a cantar? y otros en los que nos preguntamos ¿y ahora por qué hablan? Ese es el mayor lastre del film, que no consigue encajar la teatralidad necesaria de un musical -y que estaba presente en clásicos del género como "Jesucristo Superstar", que también venía de las tablas del teatro- con la fastuosa realidad que le ha dado la gran superproducción. Es más, incluso diría que una menor producción, unos escenarios más "falsos", habrían servido mucho más a la película.

Aún así, los números musicales son tan excelentes, tan bonitos, tan enternecedores, que llega un momento en que se olvidan todos esos condicionantes y uno termina por dejarse imbuir de la magia de esta historia inmortal, que desmenuza como pocas el alma humana: un expresidiario, Jean Valjean, consigue reinventarse a sí mismo como un próspero hombre de negocios, aunque rompe su libertad condicional y adquiere otra identidad. Sus problemas empezarán cuando llegue al pueblo donde ahora es alcalde Javert, un prefecto de policía que le conoció cuando estaba en la cárcel. A partir de entonces comenzará una cacería sin cuartel mientras que Valjean jura a una de sus trabajadoras que cuidará de la hija que va a dejar huérfana... Estos pocos retazos argumentales no pueden en absoluto dar la idea de la grandiosidad del texto, que toca lo más profundo de los sentimientos de cualquier mortal: envidia, amor, celos, grandeza, generosidad, humildad, entrega, pasión, amor... un auténtico caudal inagotable de emociones que se trasladan en muchos momentos del film a través de unas canciones memorables que ya están en el inconsciente colectivo de todos, y que están ejemplarmente interpretadas por todos los actores del film. Lo evidente es lo evidente, y Anne Hathaway es quizás la que más sorprende con su preciosa voz, y su desgarradora interpretación de la frágil Fantine. Y por supuesto, me esperaba el auténtico tour de force que hace Hugh Jackman, a sabiendas que era un gran cantante, bailarín y showman. Pero quizás el que más me haya sorprendido haya sido Russell Crowe. ¿Que desmerece a los demás? ¡¡Para nada!! Si Jackman tiene voz de tenor, Crowe tiene voz de barítono, y es precisamente lo que requiere su oscura versión de Javert. Alguien obstinado, abyecto, inmisericorde, con una capacidad infinita para odiar, para la destrucción.

Otro elemento negativo a la hora de ver esta monumental -más de dos horas y media de duración- cinta es el cambio de registro: igual que a la hora de cambiar de hablar a cantar hay un bache a veces incomprensible -como ya digo, sin respetar las reglas tácitas del género, y sin establecer regla alguna al respecto, sino "cuando toca"- tampoco encajan las versiones humorísticas de los posaderos Thenardier, interpretados por Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter. Primero porque en el texto original no son los bufones que se plantean, sino unos personajes realmente diabólicos, tremendos, brutales, egoístas y salvajes. Nada divertido, vamos. Y segundo, porque quizás este registro funcione en un teatro, pero aquí en la gran pantalla, en medio del dramón que nos están contando, no pega ni con cola.

Aún así, tengo que decir que me emocioné muchísimo con casi todos los números musicales. Si, lo confieso, lloré en varios momentos de la película, me conmovió como me conmueve la obra de Victor Hugo. Pero reconozco que no es para nada una película fácil y que tiene momentos que te sacan de la historia. Deberían haber tomado por la calle del medio y hacer una adaptación más teatral, más literal de la obra que lleva décadas triunfando por todos los teatros del mundo. Esa "transformación" al cine no ha estado del todo fina, porque que no perdamos el norte: la película no se basa en la novela, sino en la obra de teatro en la que se basa la novela. Parece un trabalenguas, pero si lo piensas dos veces, se encuentran muchas de las claves para ver esta cinta, que de todas formas, es una de las mejores apuestas en las pantallas navideñas de 2012. Simplemente por el desenlace final, o por las canciones clásicas del musical llevadas a la pantalla, ya merece la pena ver esta grandiosa puesta en escena, inmejorable.
 
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