Que actúe el factor de curación, por favor…

Lobezno Inmortal
Director: James Mangold
Guión: Christopher McQuarrie, Mark Bomback (Cómic: Frank Miller, Chris Claremont)
Música: Marco Beltrami

Fotografía: Matthew Libatique

Era una de las películas más deseadas del verano, pero la verdad es que a la vez también estaba temiendo lo que James Mangold –un torpe artesano de la más rancia escuela de los Estudios de Hollywood- hubiera perpetrado. Y lamentablemente, no me he equivocado. No es porque le declarara la guerra sin cuartel a Mangold tras destrozar la imagen de Sevilla en “Noche y Día”, ese engendro pseudothrillerpoliciacoydeespias protagonizado por un descreído Tom Cruise y una histérica Cameron Díaz (que también), sino porque desde finales de los 90 del pasado siglo –cuando hiciera las interesantes “Inocencia interrumpida” y “Copland”- no levanta cabeza. Es uno de esos directores de la industria de Hollywood que se doblega a las intenciones de los ejecutivos, y asimila las fórmulas clásicas del supuesto éxito de taquilla –sea la película del género que sea-. Así le ha lucido el pelo al pobre lobezno en esta última incursión…

Y mira que tenían unos argumentos de partida fantásticos, con Frank Miller y Chris Claremont de pilares para la revisión de la biografía de uno de los superhéroes más carismáticos de la Marvel…pero a base de mezclar retazos de varios cómics, al final han creado un guión Frankenstein que no tiene ni pies ni cabeza, y donde han querido meter a empujones todos los elementos que les ha dado la gana. Tengan o no tengan que ver. Algo así como lo que pasó en “Sin City”, pero en plan macarra. Un macarrerío que no tiene que ver con la chulería del mutante canadiense, sino con la torpeza manifiesta de un director al que le ha venido grande el encargo y que aunque arranca con fuerza en una película visualmente llamativa, termina con un final lleno de fuegos artificiales, música atronadora, y muchos movimientos de cámara…que terminan por cargarse la película.

Tras su paso por los Xmen y la muerte de su querida Jean Grey, Lobezno vaga por las montañas del Yukon, convertido en un vagabundo hasta que un buen día es requerido por la todopoderosa empresa japonesa Yashida para ir hasta Tokyo, donde el jefe del clan está a punto de morir. Logan salvó la vida del oficial japonés en el fatídico día en el que Nagasaki se hizo tristemente famosa al recibir la histórica segunda bomba atómica de la historia. Ahora el anciano Yashida quiere ayudar a Logan en su tormento vital, logrando incluso que deje de ser inmortal…

Este planteamiento, que tiene en realidad poco que ver con la historia de amor entre Mariko, la enamorada de Logan en los cómics, empieza a desarrollarse de la manera más salchichera incluyendo a otra mutante realmente dañina, ninjas a tuti plén –únicamente para justificar una épica batalla entre Lobezno y los ninjas- y toda serie de hallazgos argumentales y visuales absolutamente gratuitos (o sea, rodamos en Japón… ¿y qué es famoso en Japón, el Tren Bala, los hoteles-nicho, las salas de juego, los karaoke…? Pues nada, a sacar todo eso sea como sea…).

La esforzada interpretación de Hugh Jackman –al que empiezan a notársele los años, a pesar de los músculos…- termina por perderse ante tal mediocridad, que se va acrecentando a la vez que la película va desarrollándose, y que termina por ser absolutamente increíble: unas lagunas argumentales realmente inconsistentes (hay muchos elementos que están en la película y que literalmente no sirven para nada) consiguen que nos salgamos de la historia y llegue un momento en que no nos creamos nada de nada. Y lo que es peor, que nos de igual lo que pase: que Lobezno gane o pierda, que luche o no luche, que se vaya o que se quede con la chica…

Como producto comercial de la marca Marvel, resulta un gran paso atrás en las últimas franquicias que hemos visto (Capitán América, Los Vengadores, Iron man…) y esperemos que las próximas películas de mutantes –con esa secuencia post-créditos finales que es precisamente lo mejor de toda la película- suban otra vez el listón. Fox tiene los derechos de Xmen y todos los mutantes. Y Disney (o sea, Marvel) los del resto de personajes creados por Stan Lee (al que por cierto, creo no haber visto en esta película, rompiendo la tradición de los cameos…). Esperemos que en esta batalla de franquicias se espabilen, y que lobezno siga teniendo el factor curativo que le ha caracterizado, porque en esta ocasión, le hace mucha falta curarse de este desaguisado.
 
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