La gran estafa americana: Ni bien, ni mal, sino todo lo contrario

La Gran Estafa Americana (American Hustle)

Vaya por delante que el estilo de Russell siempre me ha parecido cuando menos refrescante, valiente e incluso incisivo cuando toca temas sociales como "The Fighter" o mi admirada "Tres Reyes". Y también puntualizo que su anterior película "El Lado bueno de las cosas" me pareció sólo razonablemente interesante, a pesar de las interpretaciones esplendorosas de Bradley Cooper y por supuesto, de Jennifer Lawrence -que ganó el Oscar-. Pero contextualizado todo ello, su nueva apuesta me parece tan arriesgada e interesante...como fallida.

En realidad, es complejo acertar en un tipo de películas tan particulares como las de los timos. Sobre todo porque el público ya tiene sentadas muchas bases -desde el clásico ineludible "El Golpe" de Roy Hill hasta la saga de "Ocean's Eleven"- que les dan bastantes pistas, y es muy difícil quedarse con el personal. Es más, creo que es prácticamente imposible. Conocemos ya muchos recursos argumentales que, por mucho que se retuerzan, nos hacen ver los hilos de las marionetas, y todo lo vemos venir de lejos...

La cinta (que se basa en el caso real del Alcalde de New Jersey, Angelo Enrricheti, que se vio implicado en una operación contra la corrupción de nombre en clave "Abscam" del FBI, entre los años 1977 y 1980) cuenta la historia de un estafador de guante blanco, que tras reclutar a una talentosa y guapa compinche, se ven forzados a colaborar con la justicia para cazar a políticos y empresarios corruptos. Un viaje a finales de los setenta de la mano de tramposos que harán lo que haga falta para enriquecerse lo más rápido posible.

El problema del film es que no engaña a nadie: prácticamente desde el minuto uno sabemos cómo se van a desarrollar los acontecimientos, y lo que debería ser una sorpresa detrás de otra, se convierte en una tediosa sucesión de acontecimientos de lo más previsible. Ni siquiera el dominio de la imagen de la que siempre ha hecho gala Russell como realizador (y que la vuelve a emplear) consigue agilizar una cinta que termina por aburrir, debido a su desigual desarrollo.

Mención aparte merece el reparto completo, que realmente borda cada uno de sus papeles: Bale, con 12 kilos de más, consigue componer al clásico timador con estilo, Adams a la luchadora incansable para la que el fin justifica los medios, Cooper al advenedizo y ambicioso agente del FBI y Renner al político de buen corazón que al final se ve metido en los más farragosos pantanos con tal de conseguir -supuestamente- lo mejor para el pueblo. Por supuesto, no podemos olvidar la estelar aparición de Robert de Niro, que habituado a este tipo de papeles, borda el de mafioso.

Pero quizás lo más interesante radique precisamente en el dibujo de los personajes, que no solo estafan a los demás, sino también a sí mismos: Rosenfeld (Bale) está calvo y utiliza un peluquín y un estrambótico peinado para camuflarse, Sidney (Adams) es una pueblerina que se mete a trabajar en Cosmopolitan para parecerse a las modelos, Tomaso (Cooper) es un agente del FBI que se pone rulos para tener el pelo rizado o Rosalyn (Lawrence) una alcohólica y espantosa esposa y madre que cree ser la perfecta mujer de su casa... todos ellos son mentirosos, que intentan ser lo que no son. Es precisamente ésta lectura lo que me ha parecido más interesante, porque por lo demás, y a pesar del excelente formato visual y narrativo, planea una sobra de mediocridad a lo largo de todo el metraje que desmerece las intenciones de lo que podría haber sido una obra magna sobre los timos. ¿Está bien? pues si... y no. ¿Está mal? pues no... y si. O mejor, todo lo contrario. Pero vamos, solo por ver las interpretaciones de todos ellos ya merece la pena ir a verla, aunque sea un poco pesadita.
 
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