Dallas Buyers Club: de niñato a ganador de un Oscar

Dallas Buyers Club
Director: Jean-Marc Vallée
Guión: Craig Borten, Melisa Wallack
Música; Varios
Fotografía: Yves Bélanger
Reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn, Dallas Roberts, Denis O'Hare, Griffin Dunne, Kevin Rankin, Lawrence Turner, Jonathan Vane

Si, ya la he visto, aunque tengo que confesar que me resistía. No por el tema, que me parece fascinante -ojo, a ver si no perdemos el norte, que esta película en realidad no habla del SIDA, sino de las intrigas de las farmacéuticas y de los organismos del gobierno Norteamericano, que se deja influir política y económicamente...- sino porque sistemáticamente huyo de las biografías llevadas al cine: ninguna vida es tan apasionante -por apasionante que haya sido- como para aguantar 90 minutos de duración. La ficción siempre es mucho más entretenida.

Estoy seguro que muchos puristas argumentarán que qué pasa con, por ejemplo, "Amadeus" de Milos Forman o con "El Loco del Pelo Rojo" de Minelli o incluso "El Hundimiento" de Oliver Hirschbiegel. Pues muy fácil: que en estas películas se han ficcionado esas vidas, utilizando elementos reales con otros inventados y por eso son tan fascinantes. En esta ocasión, la película se centra en la vida de Ron Woodrof, un cowboy texano de hoy día que subraya todos los tópicos de la América profunda: machista, borrachin, pendenciero, putero... una joya vamos. Y este mismo personaje contrajo el VIH, y comenzó una batalla personal, médica y legal contra su enfermedad, consiguiendo superar lo que iban a ser 30 días de vida en varios años, y facilitando terapias alternativas más eficaces a pacientes enfermos de SIDA, que únicamente tenían la opción legal de utilizar un medicamento, el AZT, que en realidad se demostró con el tiempo que tenía más efectos perniciosos que efectivos sobre la enfermedad.

No voy a decir lo obvio: que tanto McConaughey como Leto están impresionantes. Los dos han realizado una interpretación conmovedora, y ambos han logrado físicamente un aspecto sencillamente perfecto para encajar en sus respectivos papeles. Y los dos han ganado un Oscar. Pero cuando pasan estas cosas -y me remito también a otros casos como los de Christian Bale o a Robert De Niro engordando y adelgazando...- me acuerdo de Laurence Olivier y la anécdota que tuvo con Dustin Hoffman en el rodaje de "Marathon Man". Para la famosa secuencia de la tortura en la silla del dentista, Hoffman dejó de comer y dormir varios días y había llegado corriendo hasta el estudio, ofreciendo un aspecto realmente lamentable. Cuando Olivier lo vio, tras escuchar el motivo de su aspecto -que era, evidentemente, hacer más realista su interpretación-, el británico sencillamente le preguntó: "¿Por qué, simplemente, no intentas actuar?". Pues eso. que muy bien con las filigranas de bajadas de peso, pero no perdamos el norte: lo importante en una interpretación -por muchos Oscars que ganen- no es el aspecto, sino la credibilidad en sí. Ojo, y no digo que McConaughey y Leto no la tengan, sino que quizás no sería más sencillo interpretar. Lógicamente, no tendría el impacto mediático que ha tenido -y quizás, incluso no le habrían dado el Oscar...- pero para saber que el protagonista de "Dallas Buyers Club" es un actor brillante, no hacía falta perder tantos kilos, como ha demostrado en la reciente serie "True Detective", donde está esplendoroso, o en los pocos minutos de "El Lobo de Wall Street", convirtiéndose en lo mejor de la película de Scorsese. Además, seamos serios: Leto está un poquito pasadete de vueltas, maquillaje incluido.

Pero estas cosas vienen a confirmar lo que ya todos sabemos: que para triunfar en el Olimpo de Hollywood no es suficiente con ser buen actor: es imprescindible ser listo como un zorro, y lo que es mejor, tener un agente que sepa un montón de marketing y sepa posicionarte. Matthew McConaughey estaba ya empezando a no tener edad de guaperas para adolescentes, con lo que había que ir cambiando los tipos de papeles de niñato, y encajarse en otros más "serios". Y nada mejor que una película con controversia social -nada más y nada menos que el SIDA- y un cambio físico espectacular para conseguirlo. Si le sirvió a Tom Hanks con "Philadelphia" -recordemos que venía de películas menores como "Big", "Joe contra el Volcán" o "Ellas dan el Golpe"-... ¿por qué no iba a servirle a él? Pues le ha servido. Y bien.

Pero desgraciadamente, quitando a esos dos puntales, el resto de la película es bastante mediocre. Incluso la batalla legal entre la FDA (la agencia de calificación de medicinas de USA) y el protagonista no está lo suficientemente bien desarrollada, con lo que podría haber dado de sí, ya que sucedió en realidad que empresas presionaron a la institución y a médicos para que siguieran aplicando tratamientos que eran o bien ineficaces, o bien muy perjudiciales. La narrativa se torna bastante lenta y aburrida, y aunque hay algunos momentos inteligentemente resueltos -como los "ataques" que sufre el protagonista y que le hacen perder la consciencia- el resto no deja de ser una sucesión de tópicos en este tipo de cintas. El advenedizo relativamente novato en Hollywood Jean-Marc Vallé quiere darse a conocer y demostrar que es un director "serio", y la verdad es que podría haberse lucido muchísimo mejor.  

Salvo por ver a McConaughey, evolucionado de niñato guaperas musculitos y con melenita rubia a ganador de un Oscar por un cambio físico radical, el resto es muy mejorable.
 
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