Jurassic World: La ciencia de Clonar

Jurassic World
Director: Colin TrevorrowGuión: Colin Trevorrow, Rick Jaffa, Amanda Silver, Derek Connolly (Personajes: Michael Crichton)
Música: Michael Giacchino
Fotografía: John Schwartzman
Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Vincent D'Onofrio, Ty Simpkins, Irrfan Khan, Jake Johnson, Omar Sy, BD Wong, Judy Greer, Lauren Lapkus, Brian Tee, Katie McGrath, Andy Buckley, Jimmy Fallon, James DuMont, Colin Trevorrow

Spielberg dijo una vez que el gran problema de Hollywood era la falta de imaginación, de valor a la hora de afrontar nuevas películas. Por eso parece absolutamente paradójico que ahora sea él mismo el productor de una película que como mejor podríamos definirla es como “película-clon” de otra anterior, “Jurassic Park”. Y esa clonación –la misma que utilizan los científicos para crear los dinosaurios de esta saga- ha resultado francamente eficiente: buenas secuencias de acción, buenos efectos visuales, buen desarrollo, buen montaje, buena edición, buena banda sonora… el problema es que ya ha sido hecho hace 22 años. Y aunque los 200 millones de dólares que ha costado se transmiten en cada fotograma, resulta que el clon no tiene el alma ni la capacidad de fascinación que la original.

Claro que no tenemos que sorprendernos para nada: muchas productoras han realizado experimentos similares con muy buenos resultados, empezando por Disney, que a partir de atracciones de sus parques temáticos ha creado películas como “Piratas del Caribe”, que se retroalimentan de los visitantes a las atracciones para reciclarlos en espectadores y luego en compradores de todo el merchandising. El ciclo completo, vamos. Y con “Jurassic Park”, una franquicia prácticamente agotada en su rentabilidad –juguetes, videojuegos, camisetas, todo tipo de mercadotecnia, amén de dos películas más e infinidad de ediciones en DVD y Blu-ray…- parecía lógico reiniciarla (o “crear un reboot”, expresión tan de moda utilizada por los snobs…) para convertir a las nuevas generaciones en potenciales consumidores del producto.

Pero más allá de estas consideraciones puramente mercantilistas (¿acaso es que hay otra cosa con esta película?) vamos a lo realmente importante, a lo cinematográfico: ¿realmente es interesante la película? ¿Funciona? ¿Cuenta algo nuevo? ¿Sorprende algo? Pues sí, funciona. También cuenta algo nuevo, y también sorprende algo. Claro que la capacidad de sorpresa de un producto clonado como este es muy limitada, ya que hay demasiadas referencias comunes con las otras tres películas anteriores basadas en la novela de Michael Crichton: Dos niños llegan al parque temático Jurassic World, ubicado en la Isla Nublar –igual que el original Jurassic Park-. Pero ahora todo está perfectamente calculado, y la compañía que explota el parque parece que ha logrado utilizar eficientemente la tecnología para convertir la naturaleza de los míticos dinosaurios en un modo de explotación comercial absolutamente rentable. Y como no podía ser de otra forma, la cosa empieza a torcerse por el mismo motivo de la primera y original película: por jugar a ser Dios e intentar controlar la vida y reinventar un nuevo dinosaurio –el Indominus Rex- que es más grande, tiene más dientes y asusta mucho más que el Tiranosaurio Rex-. Y ahí empiezan a liarse las cosas a base de bien, y como no podía ser de otra forma, los niños se ven en medio de todo el fregado, ayudados por un cuidador que es una especie de Indiana Jones –algo por otra parte muy propio para una película producida por Spielberg-.

Este producto –ya que no se puede calificar de otra forma- tiene a un absoluto indocumentado y desconocido a la dirección, que en muchos casos parece una copia literal de la realizada por el Midas de oro de Hollywood en Jurassic Park (plano del retrovisor con el dinosaurio corriendo hasta nosotros, incluido). O sea, que sigue todas las reglas de los grandes estudios a la hora de rentabilizar una franquicia: colocar a un director títere que haga lo que quieren los productores, que no rechiste, y que lo haga eficazmente. Habría que ver hasta qué punto Spielberg ha metido la zarpa para que la cosa funcione en taquilla.

Y siendo justos, la verdad es que ha funcionado de lo lindo, ya que sólo en Estados Unidos el primer fin de semana ya superó los 200 millones de dólares que ha costado. Personalmente, no soy especial fan de los dinosaurios ni de Jurassic Park –aunque reconozco que la novela original y la primera película me resultaron interesantes y entretenidas- y quizás por ello este nuevo Jurassic World me haya dejado algo frío. Pero reconozco que más allá del plagio evidente de casi todo, está bien realizada –tal como quieren los ejecutivos-, bien planteada, bien resuelta –o mejor dicho, convenientemente resuelta para que continúe con su segunda, tercera, cuarta parte…-, aunque no es para nada sorprendente. Porque a este clon de película hasta le han fabricado una banda sonora Frankenstein utilizando la creada originalmente por el genio John Williams para todo “suene más” a la película original –eso sí, ha sido creada por Michael Giacchino, otro fenómeno donde los haya, pero que ahora lo que ha hecho es plagiar nota a nota todos los recursos musicales de Williams-.

Vista con condescendencia y con las condicionantes antes mencionadas de falta de originalidad, la película es un entretenimiento razonablemente bien planteado, aunque, insisto, sin el alma, el interés y la originalidad del Jurassic Park que nos dejó a todos con la boca abierta hace 22 años. Claro que hace 22 años nos sorprendíamos de cosas que ahora casi vemos todos los días en cualquier anuncio de cualquier televisión… Lo cierto es que los estudios han conseguido lo que durante tantos años han buscado denodadamente: clonar sus éxitos para que vuelvan a ser rentables. Y esto no es arte, es pura ciencia.

 
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