T2 Trainspotting: Todos envejecemos, dejamos de molar... y se acabó


T2 Trainspotting
Director

Guion
John Hodge (Novela: Irvine Welsh)
Música
Rick Smith
Fotografía
Anthony Dod Mantle
Reparto
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Utilizando las mismas palabras del personaje de Mark Renton en la primera parte de esta película, "Todos envejecemos, dejamos de molar... y se acabó". Pero no es nada nuevo, es quizás un denominador común en muchos directores de cine a los que les llega su ocaso. Antaño genios como Alfred Hitchcock o el mismísimo Billy Wilder han visto cómo ha llegado su declive creativo. Y esto mismo es lo que le ha pasado a Boyle. O al menos con esta película.

Claro que existe un motivo evidente: cuando dirigió "Trainspotting", tenía 40 años. Aún conservaba su espíritu joven, contestatario, rebelde, irreverente, fresco. Pero el problema es que ahora tiene 60, ha ganado el Bafta, el Globo de Oro e incluso el Oscar al mejor director, y ya no es una joven promesa que tiene todo por contar, sino que casi lo ha contado todo. Su estilo antaño originalísimo estilo visual podemos verlo ya no solo en la MTV o en Youtube, sino en Snapchat, en Facebook... en todos sitios; lo peor es que el asombro que antes provocaba ese lenguaje visual, ya todo el mundo sabe hacerlo desde su teléfono móvil. De esta manera, intentar apabullar con recursos estéticos en el cine es, a día de hoy, prácticamente imposible. Y es precisamente lo que intenta desesperadamente sin conseguirlo Danny Boyle en esta continuación de Trainspotting, que resulta como un plato de comida recalentada: no solo no sorprende, sino que está rancia, pasada. Conserva algo de su sabor, pero no provoca en absoluto el deleite de algo recién hecho, recién ejecutado.

Aunque soy de la opinión de que las adaptaciones literarias en el cine deben traicionar deliberadamente su original en libro, en esta ocasión es descorazonador que un libro tan brillante como "Porno", la continuación de "Trainspotting" que supera en muchos aspectos al original, tenga una adaptación tan heterodoxa y lo que es peor tan mediocre. Aunque John Hodge haya sido el mismo autor de la anterior aventura cinematográfica de Renton, Sick Boy, Begbie y Spud, ahora ha tenido una losa demasiado grande sobre sus hombros a la hora de contentar a todos los fans de la primera película, creando un fresco deslabazado, demasiado arbitrario para articular una historia coherente; sobre todo porque ha querido incluir todos los recursos narrativos de la primera parte. Y si funcionaron muy bien antes, ahora no lo hacen. Sencillamente porque es una historia distinta, y lo que es peor, que intenta demostrar desesperadamente que está a la última, que se integra en el ecosistema de redes sociales, de interacciones en internet. Y no lo hace. Básicamente, porque Boyle, a sus 60 años y consagrado como uno de los mejores directores de la actualidad, ya no es un millenial con millones de seguidores en youtube. Jugar a eso es falso, y se nota demasiado. Sería mucho más honesto seguir en la interesante línea de "Trance", una de sus últimas películas que tenía un sólido sentido visual y narrativo.

Argumentalmente, "Trainspotting 2" retoma al personaje principal y lo hace volver a Edimburgo 20 años después de haberle dado el palo a sus amigos; Renton ahora tiene un trabajo honrado, Sick Boy regenta el pub de una tía suya y paralelamente trapichea con chantajes de contenido sexual, Spud sigue tan colgado (a la heroína incluso) como siempre y Begbie sigue en la cárcel; aunque éste último está hasta las narices y se plantea salir como sea de su cautiverio... En este fresco volvemos a ver a Mikey Forrester, convertido en un comerciante de cierto nivel o a la novia adolescente de Renton, Diane, que ahora es una abogada de prestigio. Una revisión de todos los lugares comunes física o emocionalmente de todos los personajes de la primera parte, intentando repetir todo ese subidón, pero que no se produce.

Aunque hay ciertos destellos del talento de Boyle, la emoción y la sorpresa de la primera parte ha desaparecido totalmente, haciendo que esta segunda parte sea directamente innecesaria. Habría sido mucho mejor haber dejado ese imaginario en el aire, con esa concepción traviesa de la supervivencia tras haber conocido el cruel mundo de las drogas y la delincuencia. Porque ahora ya está todo muy pasado y todos envejecemos, dejamos de molar... y se acabó. Al menos si buscamos ser tan originales como cuando teníamos 20 años menos. Ni siquiera Bruce Springsteen, Bono o Mick Jagger, lo consiguen, hay que evolucionar. Y si queremos emular lo que fuimos hace 20 años, al final lo único que conseguimos es hacer el ridículo. 

TRAILER


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