Los archivos del Pentágono: Todo muy correcto...¿Y?

Los archivos del Pentágono
Dirección
Guion
Liz Hannah, Josh Singer
Música
John Williams
Fotografía
Janusz Kaminski
Reparto

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Aunque Spielberg ha hecho muchas de las mejores películas de la historia del cine, redefiniendo incluso géneros cinematográficos, también ha metido la pata a base de bien en varias de sus películas que son, sencillamente, aburridísimas. Incluso insoportables. Resulta chocante que un director que ha logrado (re)escribir con la mejor caligrafía el cine de aventuras más frenético con "En busca del arca perdida", también haya hecho la plomiza e innecesaria "Lincoln". Que el director que le dio la vuelta a la visión de los contactos humanos con alienígenas en "Encuentros en la tercera fase" y "E.T., el extraterrestre" también haya dirigido la fantasmada incoherente de "1941" o el tostonazo teatralizado de "Caballo de Batalla" es ciertamente desconcerante. Que alguien que (re)inventara el género del terror con "El diablo sobre ruedas" y sobre todo con la obra maestra incontestable de "Tiburón" también haya dirigido productos tan olvidables como "Amistad" o "La Terminal" es algo digno de estudio.

Dejando a un lado la maestría audiovisual de un verdadero genio, que tiene probablemente una de las mejores capacidades en narrativa cinematográfica jamás vistas en la historia del cine, la elección de sus películas parece obedecer tanto a su propio capricho como a prebendas comerciales de algunas productoras, que son capaces de aceptar los proyectos del midas de Hollywood a cambio de que acepte dirigir otras películas menores, productos impropios del empaque de este director. Y aunque nos hayan vendido esta película como la gran revisión de la libertad de expresión y prensa en la norteamérica contemporánea, una precuela de "Todos los hombres del pesidente" de Pakula, en el momento en que el Washington Post se convierte en un periódico de repercusión nacional, el resultado es bastante poco satisfactorio. Tan poco satisfactorio, en una historia tan pequeñita, que nos quedamos sorprendidos cómo se puede hacer una película con ese despliegue de narrativa para contar una chorradita, que además no tiene la capacidad de hablar de esos grandes temas presentes en la historia del arte (o sea, la superación personal, el amor, la familia, etc.).

Resulta que en 1971 el Washington Post -un periódico hasta ahora con vocación local- se arriesga a sacar unos secretos gubernamentales sobre la posición del gobierno de los Estados Unidos en el caso de Vietnam. Y los sacan. Y consiguen que la justicia les de la razón por informar a los ciudadanos norteamericanos sobre el caso. Fin. Esa es la historia. En eso es en lo que se centra la película. No habla de personajes, no habla de las motivaciones personales de Katherine Graham, primera mujer editora del Post, ni de Ben Bradlee, director del periódico. Habla de la carrera contrarreloj por publicar esos controvertidos papeles llenos de secretos gubernamentales. Fin.

Lógicamente, cuando uno es norteamericano seguro que le interesa muchísimo la historia de uno de sus medios de comunicación decanos. Pero ¿y si no eres norteamericano? ¿Le interesaría mucho al público norteamericano, por ejemplo, que el diario El País publicara los archivos secretos de la transición democrática española, o del conflicto de la invasión del Sahara por Marruecos en 1975? Pues no, salvo que la película, además de centrarse en el acontecimiento histórico, contara además temas universales (como hemos dicho antes) y que siempre son los mismos, seas norteamericano, sudanés, español, italiano, griego, esquimal o finlandés.

De la misma manera que Spielberg la cagó cuando al hacer "Lincoln" se centró en la aprobación de la enmienda que prohibiera la esclavitud en Estados Unidos y no en el personaje histórico y en su fascinante biografía, ahora ha vuelto a hacerlo cuando no habla de otra cosa que de publicar una noticia sobre la Guerra de Vietnam, preámbulo de lo que luego sucedió con Nixon y el Watergate, que hizo dimitir al presidente. A diferencia de Pakula, que hacía un viaje fascinante hacia los personajes de Woodward y Bernstein, la esencia misma del periodismo y sobre los derechos de los ciudadanos y la libertad de prensa (algo absolutamente universal), en este caso hablamos de un conflicto político/militar que afectó a Estados Unidos (y a Vietnam, claro) y a un medio de comunicación.

Si bien es cierto que cuanto más pequeñas y locales sean las historias, más universales suelen ser, en esta ocasión toda la brillantez de Spielberg no ha sido suficiente como para interesarme lo más mínimo, llegando a ser bastante pesado y lento el desarrollo. Ni siquiera la dirección de actores es especialmente brillante, llegando a rayar en la caricatura tanto Tom Hanks como Meryl Streep. Y todo el aparataje del equipo spielbergiano habitual (Janusz Kaminski en la fotografía, John Williams en la música, etc.) queda desvaído, utilizado en dar empaque a algo que no lo tiene.

Muy decepcionante, y lo que es peor, muy aburrida. Uno se lleva todo el tiempo observando desde una fría y gran distancia una historia que está muy correctamente contada, pero se pregunta constante constantemente ¿Y? ¿Qué es lo que quieres contarme? Y cuando descubrimos que en realidad aquello que nos quieren contar es una verdadera chorrada, nos quedamos bastante chafados. Aunque sea Spielberg. O mejor dicho, sobre todo porque ha sido Spielberg, porque que lo haga otro, pase. Pero que el director de "Parque Jurásico" termine por aburrirte, no se perdona. Nanay. 

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