Peregrinos: Ni para unos, ni para otros

La antaño gran esperanza del cine francés, que regaló al panorama cinematográfico internacional títulos tan estimulantes como "Tres solteros y un biberón" -que terminó siendo adaptada en Hollywood-, "Mamá hay un hombre blanco en mi cama" o "La crisis", ahora parece haber perdido su lustre y talento a la hora de componer una comedia social con trasfondo: al contrario que las primeras películas de su filmografía, Serreau se ha escorado por lo fácil, por lo comercial, sin ahondar en los verdaderos problemas de los personajes, y limitándose a crear una galería más o menos compleja para que sirva como modelo al espectador. No obstante, merecen la pena las secuencias oníricas de cada personajes, demostrando que ya se puede hacer literalmente lo que se quiera con la imagen. En cuanto a la historia, es bien simple (y vista en numerosos títulos clásicos del cine): una millonaria muere y deshereda a sus tres hijos -un empresario muy estresado, una maestra amargada y un alcohólico en paro- a no ser que hagan el Camino de Santiago a pié como Peregrinos, recibiendo entonces un millón de euros. Embarcados, pues en la odisea, se encontrarán un grupo de lo más variopinto donde en principio, no encajarán del todo bien... Es una verdadera lástima que la fina ironía a la hora de criticar los estamentos sociales contemporáneos (la búsqueda del éxito, el dinero, etc.) quede sustituida por unos chistes de lo más tópicos y groseros, siendo además bastante previsibles. Además de todo ello, las subtramas son de lo más simple y aburrido, sin sacar en ningún momento partido de los personajes, que sobre el papel, tendrían bastantes opciones de ser interesantísimos. Decepcionante a todas luces, y encima -y para colmo de males- todo ese "buen rollo" de congraciar a las diversas etnias y clases sociales es únicamente una pose, ya que parece que todo el camino hacia la Catedral de Santiago parece ser realizado en Francia y no en España, donde casi no aparece casi nada, olvidando el toque sociológico que adoptaba el film en terreno galo -claro que igual la directora no tenía ni puta idea de lo que era España, ni ganas que tenía de saberlo...-. Toda esa reflexión del peregrinaje, y de reencontrarse a sí mismos, olvidando todos los condicionantes de la vida moderna, podría haber tenido un mucho mejor envase si este film no tuviera esa inexplicable y yanqui tendencia de servir "para todos los públicos". Y no, o se le habla a un público, y se llega hasta lo más profundo, o se le habla a otros. Pero a todos, es muy complicado a no ser que se haga un película de animación o de humor más o menos universal -tal y como hizo esta misma directora hace años, pero parece que ya se le ha olvidado como hacerlo...-.

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