Festival de Sangre, Vísceras y Cachondeo

Zombis Nazis

Siempre digo que lo mejor que puede tener una película es honestidad: uno tiene que saber desde el minuto uno lo que viene a ver. Por eso me enfado tanto cuando me engañan (o lo intentan): abomino de todas esas cintas que intentan venderme algo, y luego me encuentro con otra cosa que tiene poco que ver (como ejemplo reciente podemos poner “AirBender”, una supuesta fantasía alucinante, y que en realidad no es más que el capítulo introductorio de una saga con una clara vocación comercial, con apabullantes efectos visuales pero muy poca historia). En cambio cuando me siento en la sala y me dan precisamente lo que vengo a buscar, recibo con no poca alegría todo ese torrente de sensaciones que he venido precisamente a buscar. A ver, señores, pregúntense: ¿qué podríamos encontrar en la pantalla cuando venimos a ver una película que se llama “Zombies Nazis”? Pues claro, un cachondeo general, un desmadre completo, sangre a raudales, chistes brutales y mucha guasa. Bueno, pues eso es precisamente lo que nos encontramos con este film gamberro donde los haya, y que se deja de miramientos para entrar en faena casi desde el arranque de la historia, permitiéndose incluso bromear sobre todos los cientos de películas de terror de los ochenta como “Viernes 13” o “Posesión Infernal”, donde un grupo de jovencitos lujuriosos llega a una apartada cabaña y algún ente psicótico o paranormal se dedica a hacerlos picadillo: unos cuantos amigos van hacia una montaña, donde hay un solitario refugio en medio de ingentes toneladas de nieve. La cosa se complica cuando aparece un misterioso hombre que les indica que en esos páramos precisamente se escondieron un batallón del ejército alemán que conquistó el lugar en la Segunda Guerra Mundial, llevándose todas las riquezas del pueblo como botín. Ea, pues a partir de ahora no me puedo imaginar lo divertido que tuvo que ser el rodaje de un producto como este, tanto para los actores como para el director. ¿Sangre? Je, litros y litros. Sesos espachurrados, ojos que saltan, caras destrozadas, piernas y/o brazos amputados, pútridos rostros…¡ y encima vestidos de nazis! Un completo festival del humor, con bromas de lo más sarcásticas –incluso sobre los remilgos raciales de los nacional socialistas reciclados en zombies- referencias sexuales explícitas… todo un cachondeo, vamos. Y me resulta reconfortante que este director, después de haber hecho una revisión/homenaje/plagio a “Kill Bill”, solo que en versión nórdica, haya evolucionado en este film para crear una cinta evidentemente cómica, pero con cierta coherencia narrativa y ágil realización, consiguiendo casi desde el principio –y a pesar de ser bastante predecible- tenernos enganchados con una historia descacharrante y loca donde las haya. Un despelote con pocas exigencias, grandes dosis de humor, y chorreones de sangre a punta pala.

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