Una verdadera "Cult-Movie"

The Girlfriend Experience

Admiro profundamente a Soderbergh. Se cree que es un artista, y lo mejor es que lo es. Además de hacer proyectos comerciales como la saga de “Ocean’s Eleven”, rodeado de la crema y nata del star system de Hollywood, es capaz de involucrarse en otros mucho más experimentales y/o vocacionales como la biografía del Ché Guevara y por supuesto la rareza que nos ocupa, y que está muy cercana a su primer film “Sexo, mentiras y Cintas de Video”: el realizador bucea valientemente en las artificiales estructuras de la sociedad estadounidense y con una fría mirada traza más allá de las imágenes un sórdido retrato del “sueño americano” en el que para tener un ático de lujo en Manhattan, una vida llena de lujos y un éxito profesional, vale prácticamente de todo. Ese hálito de normalidad que existe entre la pareja protagonista (ella, una escort de lujo, él un exclusivo personal trainer) parece ocultar sistemáticamente un conflicto en ebullición, que solo se deja transmitir cuando los sentimientos terminan por aflorar, algo que tarde o temprano sucede en cualquier relación, por mucho que se intente evitar (al fin y al cabo, es lo normal ¿no?). Pero lo más interesante del film no es ya el argumento, que resulta interesante en su planteamiento, sino el estilo que tiene la narración: verdaderamente experimental. A lo largo del film no solo se hacen mil y una florituras con el lenguaje audiovisual (trastocando muchísimas reglas, jugando con la imagen de manera muy original, montando trozos de historias de manera asincrónica, para luego recomponerlas al antojo del director…) sino también con el argumento, que se va retorciendo paulatinamente para mostrarnos en profundidad a todos los personajes conforme a su influencia en la historia. Pero lo mejor del experimento… es que ha salido bien. He visto muchas películas presuntamente explícitas, donde se habla de sexo, prostitución, sordidez –como botón de muestra “Fóllame” o “Yo, puta”- en un tono más o menos documental. Pero en todas ellas el empleo de recursos cinematográficos y narrativos era sencillamente aleatorio, formal más que otra cosa. Se buscaba apabullar con imágenes impactantes, montajes deslumbrantes y música new age. Todo muy bonito, pero todo muy inútil. Aquí Soderbergh consigue que todos sus recursos sirvan para algo, y es muy de agradecer. Incluso la diatriba emocional que sufre la protagonista a la hora de cambiar de vida y apostar por otra pareja, resulta de lo más creíble en el contexto de la narración. Esa intencionalidad es lo que hace de “The Girlfriend experience” una verdadera “Cult-movie”, que se reconocerá con el paso de los años. Y como suele decirse, para contar una historia no hacen falta más que tres personajes, un conflicto y un desenlace, claro que ese es solo el planteamiento; la articulación de la historia, la ubicación en un contexto determinado, y las consecuencias que provoca ese entorno en dicha ecuación es precisamente la génesis de la dramaturgia, además de los diferentes caracteres de los personajes. Impecable visualmente, el film además aporta un empleo brillantísimo de la banda sonora, que en muchos casos enlaza a la perfección con el ritmo narrativo y con las diferentes secuencias. Una original propuesta que podemos encontrar en la (maltrecha) cartelera de este verano, que nos hace creer que en algunos casos, no está todo inventado en el mundo del audiovisual, y que nos demuestra que tampoco hacen falta mucha infografía, efectos visuales, ni ordenadores para conmover, porque todos los trucos cinematográficos (enfoque y desenfoque, montaje, planificación, voz en off…) están ya inventados desde principios del siglo XX. Y todavía siguen funcionando, incluso mejor que los que se han inventado en el siglo XXI.

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