Se le pasó el arroz

Wall Street: el dinero nunca duerme
Viendo esta película, me acuerdo de un aforismo lanzado por Heráclito hace muchos, muchos siglos: todo cambia, nada permanece. Es precisamente la reflexión que realiza Oliver Stone en un film que intenta (quizás demasiado) desesperadamente explicar la situación económica mundial en occidente, con la crisis económica lacerando la sociedad, y con la burbuja inmobiliaria a punto de explotar (no en vano la acción se desarrolla en 2008, es decir, justo cuando explotó). Lo que antes fue, ahora ya no es. Es lo que le ha pasado al protagonista de nuestra historia, Gordon Gekko (aunque en la película original no fuera él, sino su pupilo Bud Fox), que sale de la cárcel después de cumplir condena muchos años por manejo de información privilegiada y llega a un mundo que poco tiene que ver con los 80: ahora la forma de enriquecerse ha cambiado tanto, y se ha hecho tan sutil, que las fronteras entre lo legal, lo ilegal, lo moralmente cuestionable y lo moralmente reprobable se han difuminado no solo en el terreno moral, sino también en el oficial. En ese mundo, Gekko intenta sobrevivir escribiendo un libro y dando conferencia por las universidades, mientras que su hija está a punto de casarse con su novio, un convencido activista de las energías alternativas, que además también es un bróker de Wall Street. Este neo tiburón “new age” de la bolsa, se empeña en conocer a su futuro suegro para que le ayude en una vendetta personal contra un malvadísimo multimillonario que ha propiciado que la empresa en que trabajaba se hundiera, así como el dueño de la misma. En esa carrera para implantar justicia, el joven delfín utilizará todas las artimañas más refinadas para conseguir sus planes, con la misma e implacable determinación con que el mismísimo Gekko tenía para ganar dinero… Todo esto suena muy bien, y es realmente interesante cómo el guión retoma con gran habilidad todos los personajes de la primera parte (incluido el mismísimo Bud Fox –es decir, el exitoso Charlie Sheen, que arrasa en la televisión con su serie-) y su reflexión sobre la avaricia, que ahora aparece disfrazada con muchos factores que la hacen más indetectable. Pero el problema no está en la historia, sino en el pulso de la realización, en la dirección: empeñado en apabullar al espectador, Stone utiliza trucos visuales absolutamente pasados de moda, y el ritmo del film es demasiado lento para lo que debiera ser una apasionante historia que nos desentrañe las motivaciones económicas de la nueva era. Ese punto de condescendencia es también algo irritante que está presente en todo el guión, y que intenta sentar cátedra desde el principio a fin: creo que tampoco hacía falta hacer un tratado pedagógico al estilo de Leopoldo Abadía para que el espectador entendiera lo que ya ha visto hasta la saciedad en la televisión, la prensa, internet y la madre que lo parió. Estamos ya un poquito hasta las narices de que nos hayan explicado que si la crisis, que si Madoff, que si la caída de las inmobiliarias… para que ahora una película siente cátedra de lo mismo. Stone ha perdido el norte, y lo que es peor, se le ha pasado el arroz. Ya no es el joven combativo que examinaba (y diseccionaba) la sociedad norteamericana contemporánea con furia y acierto. Ahora es un hombre de sesenta y cuatro años que mira los toros desde la barrera y en muchos casos, parece hablar de oídas, cuando en su trayectoria como (brillante) cineasta se implicaba mucho más directamente en sus historias (ahí tenemos su trilogía de Vietnam –“Platoon”, “Nacido el cuatro de Julio”, “El cielo y la tierra”-, “Asesinos Natos” –con guión de Quentin Tarantino-, la genial “JFK” e incluso una tardía “Un domingo cualquiera”…). Probablemente, su coqueteo con el documental (con productos cada vez menos interesantes como “Comandante”, “Looking for Fidel” o “Al sur de la Frontera”) le ha restado buena parte de su pulso narrativo, ya que sus últimos films de ficción “W”, sobre la vida de George W. Bush, “World Trade Center” o “Alejandro Magno” dejaban claro que había perdido buena parte de la pasión, de la fuerza de antaño, y se le había pasado el arroz. En esta nueva visión de Wall Street y sus entresijos, se ha quedado demasiado parado. Eso sí, solo por el nivel de la interpretación del film, merece la pena, ya que hacía mucho, muchísimo tiempo que no veíamos una dirección de actores tan impecable: Josh Brolin, Michael Douglas y sobre todo Shia LaBeouf están realmente esplendorosos, impecables.

TRAILER

1 comentario:

Anónimo dijo...

Oliver Stone es un babieca, y siempre lo ha sido. No le perdonare nunca lo que hizo con Asesinos natos, que pena que con ese guion hiciera esa mierda.