No rematar la faena

Skyline

En el género cinematográfico de ciencia ficción hemos visto casi todo tipo de extraterrestres: desde espíritus reencarnados en cuerpos humanos, a amigables seres de dedos luminosos, organismos genéticamente optimizados para sobrevivir ante cualquier contigencia, cazadores que buscan la emoción de poseer los trofeos en los planetas más dispares, terribles hombrecillos de superlativa tecnología y así un larguísimo etcétera. Durante un tiempo parecía que la tendencia de los alienígenas en el celuloide era amistosa, hasta que películas como “Independence Day” o “Monstruoso” volvieron a poner de moda las invasiones. Cito estas dos últimas cintas porque son casi el punto de partida estética y argumentalmente del film que nos ocupa, un revoltillo algo desquiciado de todas las películas clásicas de marcianos –y por supuesto, incluyendo “La Guerra de los Mundos”: un pintor urbano llega a Los Ángeles con su novia, invitado por su mejor amigo, que ahora ha triunfado en el mundo de los efectos especiales y goza de una vida de multimillonario. Tras la resaca de la celebración del cumpleaños del anfitrión, unas hipnóticas luces azules empiezan a bajar del cielo, atrayendo a todas las personas que las miran, y absorbiéndolos literalmente hacia el espacio. Este sugerente planteamiento, del que cabría esperar un argumento más interesante, rápidamente escora a lo de siempre: extraños seres que se dedican a consumir a los humanos de la manera más salvaje, devorándolos a lo bestia. Y a partir de ahí no se puede decir que haya nada más, porque el resto es una repetición casi literal de lo que ya hemos visto mil y una vez, quizás contado con algún que otro despliegue original de efectos, pero que añade muy poquito al género. Es una lástima que el interesante conflicto que existe entre varios personajes protagonistas –infidelidades, embarazos, etc.- se vaya rápidamente al traste para dar lugar a un recital de tópicos a la caza del ser humano en una invasión extraterrestre –al modo cutre de lo que Spielberg realizó en “La Guerra de Los Mundos”-. Los hermanos Strause, que ya cayeron en la ignominia más sempiterna con la segunda parte de “Alien vs. Predator”, han vuelto a cubrirse de porquería con este film, que tiene el reconocimiento de contar con un limitado presupuesto y a pesar de ello, una gran espectacularidad visual, pero quitando este elemento meramente estético, queda muy poco en la película. Todo ello por no hablar del final –que no vamos a desvelar- y que es como una estúpida mascletá, una verdadera chufla y cachondeo, que hace que todo el cine estalle en carcajadas por el planteamiento absolutamente idiota y fuera de tono. Una vez más me reafirmo en mi opinión de que lo realmente importante de una película no es plantear una historia interesante –cosa que han hecho miles de directores en la historia del cine- sino en saber rematar dicha historia, con coherencia, criterio y buen hacer. Eso solamente lo saben hacer unos cuantos creadores que tienen la suficiente capacidad como para controlar el mensaje que quieren dar, y que no se pierden en fuegos artificiales sin sentido. Alguien dijo alguna vez que el mayor pecado del cine era aburrir al espectador y yo añado que el siguiente peor pecado podría ser prometerle algo interesante, y luego no saber rematar o consumar dicha promesa.

TRAILER

1 comentario:

Sergio dijo...

Valiente saco de porquería. Han querido subirse al carro de la tendencia abierta por District 9 y han conseguido un festival de luces azules de mierda, mucho efectismo -decente, vale-, los peores registros interpretativos del año y como dices, un final como para escupirle en un ojo a alguien. De hecho, en la escena que tú y yo imaginamos (por no desvelar) tendrían que haber puesto un "THE END". Pero un The End fiel, o sea, no volváis más con esto.