Dejarse llevar

El vuelo

Alguien dijo alguna vez que un héroe no era el que hacía cosas que se esperaban de él, sino precisamente lo contrario: una persona que hace en un determinado momento lo que nadie se espera de él. Con esa premisa Robert Zemeckis ha vuelto al cine del mundo real, ya que desde "Lo que la verdad esconde" su carrera se ha centrado más en el cine virtual, con actores recreados por infografía. Y su regreso me ha supuesto lo mismo que el reencuentro con un viejo amigo: disfrutar de algo que ya conocía, pero con el añadido de un toque más mundano, más social, más "realista" en definitiva.

Resulta curioso ver la evolución o la (re)creación del mito del héroe en la filmografía de este director, que auspiciado bajo el ala del mismísimo Steven Spielberg, logró crearse un universo particular, tan único que definió a esos (anti) héroes: desde el Eddie Valiant de "¿Quién engañó a Roger Rabbit?" a la doctora Arroway de "Contact", sin olvidar sus dos iconos más importantes, Marty McFly de la saga "Regreso al futuro", y por supuesto a "Forrest Gump". Todos ellos eran los personajes más extravagantes de los que no se esperaba nada, y contra todo pronóstico, hacían no solo lo que tenían que hacer, sino mucho más. Y encima, arreglaban el problema. Algo así nos plantea Zemeckis con el inteligente guión John Gatins: un piloto que en un determinado momento consigue lo que nadie hubiera podido conseguir.

Pero no estamos hablando de dibujos animados: estamos hablando de seres humanos, en el sentido más prosaico, mundano y tangible. Una persona que ha fracasado en su matrimonio, que es alcohólica, cocainómana, pendenciera, egocéntrica...¿un héroe? Pues sí, señores, un héroe en toda regla. Resulta curioso cómo Denzel Washington cada vez está más especializado en este tipo de papeles, personajes con un gran mundo interior, que viven en el límite, pero que luchan por la justicia, por la verdad. Esa fragilidad envuelta en fuerza también está presente en la británica Kelly Reilly, que supone el contrapunto al protagonista y le eleva en su búsqueda personal. Ni que decir tiene que la nominación al Oscar de Denzel Washington está completamente justificada, pero mucho me temo que tras dos estatuillas, Washington no sea precisamente el favorito de la próxima edición.

En realidad, la dramaturgia del film es tan simple... que funciona. Un piloto que es un completo desastre, empapado en whisky, droga en una vida loca, loca y más loca, se ve en el brete de un inminente accidente aéreo en el que pueden morir más de cien personas. Pero ¿lo ha provocado él? ¿ha sido el mal funcionamiento del avión? ¿las condiciones meteorológicas? Asomado a la catástrofe, el capitán conseguirá realizar una increíble maniobra que salva a casi todo el pasaje y tripulación...

Me sorprendió gratamente que Zemeckis no solamente mantuviera el pulso en su narración, sino que lograra extender mi atención durante todo el metraje. Sobre todo lo digo porque la última vez que hizo cine "real" -esto es, con actores "de verdad", y no recreaciones infográficas- fue hace trece años, cuando dirigiera a Harrison Ford y Michelle Pfeiffer en una cinta tan prometedora como decepcionante porque "Lo que la verdad esconde" prometía todo aquello de lo que luego adolecía. Uno de los grandes chascos que inesperadamente me encontré en el cine -máxime con dos estrellazas como Ford y Pfeiffer-. Ahora ha dado un giro a su visión del mundo, quitándole almíbar y añadiéndole verdaderos bocados de realidad, esa que te muerde cuando menos te lo esperas y no te suelta, como si fuera un pitbull.

Centrémonos: "El Vuelo" no tiene la grandiosidad de los anteriores películas de Zemeckis. Es más bien una reinvención a un nuevo modelo de historias. La gente ya no solo quiere soñar con otros mundos. La gente ahora quiere soñar que desde el mundo real, ese en el que vivimos, se pueda acceder a otro mundo mejor, más justo, más bonito. Destilando ese concepto, esta historia consigue literalmente que volemos de la mano de alguien de quien no nos fiaríamos ni de lejos. Pero es precisamente ese alguien el único que capaz de ofrecernos la puerta a esa realidad que creíamos que ya no existía. Y muchas veces, la única forma de llegar a ella es dejarse llevar, a pesar de que todo nos indique que es la peor solución. Porque aunque haya alcohol, drogas, sexo o egoísmo, también existe la bondad, la entrega, la ayuda, y la humanidad, entendida como comprensión y solidaridad.

Esta extraña mescolanza de realismo mágico, embutido en cine social, es un nuevo género en sí mismo, una nueva y enriquecedora visión que propone una reflexión vital más profunda de lo que pudiera parecer en un primer momento. Ni que decir tiene que la excelencia técnica es otro elemento exquisito dentro del film del que mejor ha rodado un accidente aéreo -y no, no es en esta película, sino en "Naúfrago", aunque el que vemos ahora también es de un virtuosismo a tener en cuenta...-. El binomio Zemeckis-Alan Silvestri vuelve a funcionar, regalándonos una banda sonora grandiosa, que subraya el angosto calvario que vive el protagonista y ensalza los momentos más críticos de la historia con un sutileza realmente magnífica.

TRAILER

1 comentario:

Anónimo dijo...

Denzel Washington solo tiene un Oscar... (que yo sepa)

Un saludo! ;)