Todos somos culpables... e inocentes

La Caza
Director: Thomas Vinterberg
Guión: Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm
Música: Nikolaj Egelund
Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
Reparto: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp, Alexandra Rapaport, Anne Louise Hassing, Lars Ranthe, Lasse Fogelstrøm, Susse Wold, Ole Dupont, Sebastian Bull Sarning

Todo evoluciona. El Dogma 95 también, gracias a Dios. Desde que Von Trier, Vinterberg o Susanne Bier crearon esa corriente cinematográfica -que muchos opinamos que nació de los pocos o nulos medios que tenían para hacer cine...- esta tendencia ha crecido lo suficiente como para conservar la frescura de su planteamiento, pero añadiendo los elementos clásicos de la narrativa fílmica. El montaje que se ha añadido en las películas de estos directores, con una planificación acorde con la dramaturgia, ha creado un lenguaje demoledor, capaz de conmover mucho más que cualquier película que no tenga ese marchamo de cuasi realidad.

Y si hablamos de realidad, nada más real que los muchos casos de pederastia que lamentablemente tenemos que ver día a día en los informativos, y que nacen en las capas más inesperadas de la sociedad, que condena unánime y categóricamente estos crímenes nauseabundos, con toda la razón. Pero si somos capaces de dar un paso atrás, más allá de la comprensible vehemencia que provocan estos casos... ¿qué pasaría si a alguien se le acusa injustamente? ¿merecería sufrir por algo que no ha hecho? ¿sería culpable por el mero hecho de que todo el mundo sospeche? Es realmente tremendo lo que podría llegar a pasarle... y es precisamente lo que ha planteado Vinterberg con este incómodo film: un divorciado cuarentón que trabaja en una guardería y que tiene todas las simpatías del pueblo -y de los propios niños- es injustamente acusado por una niña de abusos sexuales; la simple sospecha provoca una reacción en cadena que originará una reacción brutal contra él.

La cuidada estética del film tiene además el valor añadido de ejecutar una gramática del film muy distante, casi documental, sin vincularse ni con una parte ni con otra. Aunque se fabrica un verdadero mártir con el personaje impecablemente interpretado por uno de los actores de moda, Mads Mikkelsen -que por cierto, ganó el premio en Cannes 2012 por este film- el guión de Vinterberg y Lindholm hila lo suficientemente fino para huir de maniqueísmos entre culpables e inocentes. O más bien, todos son culpables y todos son inocentes. Esa visión del alma humana, transmitida a través de los acontecimientos más cotidianos de un pueblo, traza además una parábola con la iniciación a la madurez, ya que varios personajes del film comienzan siendo verdaderos niños inocentes, y terminan asomándose, mejor o peor, a la edad adulta. Esa que cuando somos pequeños nos resulta tan atrayente y maravillosa, y que sin duda puede serlo. Pero también puede ser tremendamente amarga, sobre todo cuando a alguien le arrancan de cuajo la ilusión y la esperanza.

Quizás el único elemento que podría haberse mejorado -en realidad, es una constante en la filmografía de este director, uno de sus clásicos fallos...- es el ritmo del film: tiene momentos realmente lentos, que no añaden nada a la historia, y que si hubieran sido aligerados, habrían dotado de más agilidad a la narración. No obstante, es una cinta muy notable que ha tenido una gran carrera internacional -premios en Cannes, en los Premios de la Academia Europea, BAFTA... ¡incluso en el festival de Sevilla y dado por la asociación a la que pertenezco, ASECAN!-, gran acogida del público y crítica. Con razón, por supuesto.
 
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