Ingeniería Emocional

Trance
Director: Danny Boyle
Guión: Joe Ahearne, John Hodge
Música: Rick Smith
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Reparto: James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Tuppence Middleton, Danny Sapani, Wahab Sheikh, Lee Nicholas Harris, Ben Cura, Gioacchino Jim Cuffaro, Hamza Jeetooa

Danny Boyle es uno de los mejores cineastas en activo que tenemos en el panorama mundial. Su adaptación de la novela de Irvine Welsh "Trainspotting" supuso su gran espaldarazo -a pesar de haber realizado anteriormente la muy interesante "A tumba abierta"-, destilando un gran estilo visual y deslumbrando a todos con una narrativa contemporánea de lo más ágil, mezclando elementos clásicos del cine con otros de videoclip, publicitarios y así un largo etcétera.

Pero desde entonces hasta ahora, su trayectoria ha sido de lo más errática: el británico sucumbió a los cantos de sirena de Hollywood con "Una historia diferente" y "La playa". Pero estrellas como Cameron Diaz o Leonardo DiCaprio pudieron librarle de una caída a los infiernos, ya que su talento como narrador no terminaba de encajar en las clásicas estructuras de los grandes estudios, que intentaron "domesticarlo". De ahí que se reinventara con tres pesetas, una cámara de video digital y actores noveles -eso sí, todos ellos excelentes- para hacer la más original visión del género zombie en "28 días", y de camino anticipándose a toda la moda de este género, que incluso originó una serie televisiva como "Walking Dead" o títulos como "Memorias de un zombie adolescente". Bueno, pues el pionero de todo este resurgir de los muertos vivientes no es otro que Boyle, Danny Boyle. Pero no solo nos dejó sorprendidos con este film de bajo presupuesto - altísimo talento- sino que siguió en el cine de género con una aproximación a la ciencia ficción tan inteligente como "Sunshine". Y el gran éxito, ese que se le escapaba por ser independiente, llegó de la mano de un film insólito, tan original como sus propuestas artísticas, solo que conjugando todo lo mejor del cine oriental y el occidental, porque "Slumdog Millonaire" fue respaldado unánimemente por todo el mundo, resultando tan rentable económicamente, como a nivel de festivales y premios internacionales. Y como colofón a su resurgimiento, nos regaló la joya llamada "127 horas", un viaje a la mente humana como pocas películas han hecho hasta ahora.

Y en su reinvención de los géneros, ahora se ha atrevido con el thriller, a través de un clásico film de robos, solo que trastocando varios elementos para trazar un auténtico tablero de ajedrez donde cada movimiento origina una reacción en el resto de las piezas: un empleado de una galería de subastas de arte se compincha con un grupo de delincuentes para robar nada más y nada menos que un cuadro de Goya -si, si, de Francisco de Goya y Lucientes, uno de nuestros más internacionales pintores...-. El caso es que tras el robo, los ladrones no consiguen encontrar el cuadro, y su "topo" en la galería resulta que... ha olvidado donde lo ha puesto. Ni siquiera la tortura consigue hacerle recordar, así que deciden contratar a una psicóloga experta en hipnosis para intentar que el recuerdo llegue...

Este sugerente y original planteamiento no sería tan original si no se desarrollara en varios niveles. Me explico: además del caso lineal del robo, paulatinamente se van mezclando otras tramas que se van solapando a la principal desde diferentes niveles, y cada uno de los niveles influye en el anterior. Un auténtico prodigio de ingeniería de dramaturgia, que origina un no menos caso de ingeniería emocional, tanto en los personajes, como en el espectador, que ve cómo el marasmo de emociones se va tornando de un color a otro con la misma facilidad que unos chorros de tinta china en una bañera de agua. Escrita por Joe Ahearne (autor de la trama,q que también dirigió una TV movie del mismo título e historia) y John Hodge (habitual colaborador de Boyle, curtido en mil guiones), el guión supone uno de esos elementos activos en un producto que sencillamente funciona, y que arropado por las impactantes y originalísimas imagenes creadas por Danny Boyle, consigue emocionarnos a cada secuencia.

La esforzada interpretación de James McAvoy -la versión joven de Charles Xavier en "Xmen, primera generación- se corresponde en el duelo interpretativo con el siempre excelente -y odiado hasta el infinito por ser el marido de (ay!) Monica Bellucci- Vincent Cassel y la brillante y bombástica Rosario Dawson, el triángulo perfecto para un thriller de alto voltaje, donde la delincuencia, el deseo, el sexo, la violencia y el crimen se convierten en una singular amalgama, inédita en el mundo del cine.

Eso sí: hay que estar preparados para ver lo que uno va a ver. Ojo, esto es como la montaña rusa: si uno no sabe a lo que va, seguramente no disfrute plenamente de la experiencia (aunque tampoco tiene que terminar vomitando). Hay que tener claro que esta no es una peliculita fácil para verla y olvidarla; requiere que uno se coma el coco, que piense sobre lo que está viendo, y que intente resolver el rompecabezas que empieza a desplegarse delante, aunque al final Boyle tenga la suficiente habilidad como para que vayamos descubriendo las piezas al ritmo que él decide que tienen que descubrirse. Un film brillante, lleno de sorpresas y que añade muchos elementos interesantes al trilladísimo género del thriller, con matices muy inteligentes.
 
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