Caníbal: ¿Podría Bergman hacer "Psicosis"?

Caníbal
Director: Manuel Martín CuencaGuión: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández (Novela: Humberto Arenal)
Fotografía: Pau Esteve Birba
Reparto: Antonio de la Torre, Olimpia Melinte, María Alfonsa Rosso, Manuel Solo

Hay personajes que no se conciben sin el actor que les ha dado vida. Y películas a las que les pasa exactamente lo mismo: que no tienen sentido sin su protagonista. Antonio de la Torre ha logrado tal calidad y nivel en sus interpretaciones, que su trabajo extralimita todo lo que le rodea, llegando a eclipsar el trabajo de muchos profesionales. No es que el resto haga mal su trabajo, es que sencillamente de la Torre parece bordar todo lo que hace, añadiendo un marchamo especial que únicamente parece verse en el Olimpo de Hollywood. Para colmo, añadiendo un toque humano y cercano a su planteamiento profesional que desarma cualquier argumento, siendo ya uno de los grandes de la historia del cine español. Ahí queda eso.

Pero dejando a un lado la apabullante interpretación del protagonista, la atrevida apuesta de Martín Cuenca para su última película ha sido tan arriesgada como fallida: el inteligente y sorprendente arranque del film va paulatinamente deshinchándose hasta desembocar en una incomprensible -e increíble- historia de amor de lo más tibia: un sastre granadino esconde en realidad el oscuro secreto de la psicopatía y el canibalismo. Metódico, cotidiano y absolutamente normal en su comportamiento, en realidad ha logrado el equilibrio perfecto para pasar desapercibido. Pero su bien ordenado universo empieza a tambalearse cuando llega una vecina a su casa...

Quizás sea un ritmo demasiado lento, quizás un extremo minimalismo en el lenguaje... el caso es que la película resulta sencillamente aburrida. O mejor aún, y por ser justos, perfectamente aburrida. Una fotografía impecable, perfecta -que ganó el premio en la pasada edición del Festival de Málaga- una edición igualmente efectiva... perfecta; pero al igual que le sucede al protagonista del film, que no tiene empatía alguna con sus víctimas, no genera empatía alguna del espectador con la historia, que pasa delante de sus ojos con una gran frialdad. Otra cosa para mi fundamental: en este tipo de películas la música y los efectos sonoros son de capital importancia, tanto para definir situaciones inquietantes, como para definir personajes. Y en esta película la banda sonora sencillamente no existe, o si existe (que creo que no...) no tiene presencia alguna para el espectador, cuando debería precisamente acompañar en casi todo momento este tipo de películas.

Ni siquiera la superlativa interpretación del protagonista -que podría rivalizar con el minimalismo gestual y visual de Mads Mikkelssen en la serie "Hannibal"- dando vida a ese temible sastre, consigue que mantengamos la atención durante toda la historia, sencillamente porque a pesar de la tensión que puede bullir en la singular vida del protagonista, NO PASA NADA en la mayor parte del tiempo en el film. Bien está que se intente este juego durante un tiempo, pero pasada la sorpresa de este juego psicológico, es prácticamente imposible mantenerlo durante todo el metraje. Reconozco que es la misma técnica que utilizó Jonathan Demme para "El Silencio de los Corderos", donde la tediosa investigación si conseguía dinamizarse con secuencias donde sí pasaban cosas, tanto con Buffalo Bill como con Hannibal Lecter. El problema es que nuestro caníbal nacional, sastre y granadino, resulta muy soso. Le falta sal, le falta azúcar, aunque le sobre la credibilidad que le ha dotado Antonio de la Torre. Al guión le falta chicha, historia y eso termina notándose.

Señores, que el cine de género, es género. Es como si Bergman quisiera hacer "Psicosis": hay unas reglas tácitas, que hay que conocer, dominar, y una vez dominadas, pues si uno quiere cagarse en ellas, pues se caga y hace lo que le de la gana. Pero el director no ha conseguido dar esa evolución, ese paso. Se ha quedado en un producto que tiene la mediocridad de ambos mundos: el cine de autor, y el cine de género, cuando podría haber compartido la grandeza de esos dos mundos. Que conste que me duele muchísimo tener que hacer la crítica de una película española, y más de un andaluz. Pero no me creo que el proselitismo tenga que tener un cheque en blanco, y cuando las cosas no son, pues no son, oiga. Y se te aburre una película, pues sencillamente te aburre, aunque tenga todos los ingredientes para que no lo haga. Es como si pillas a tu mejor amigo poníendole los cuernos a la mujer, que resulta ser también amiga tuya. ¿se lo dirías, o por el simple hecho de ser amigo tuyo ya vale todo? Todavía resulta más penoso que este film tenga todos los elementos para triunfar comercialmente (una ejemplar distribución, una estrella mediática de protagonista, que además es el actor de moda, un tema interesante, ¡¡hasta un cartel fantástico!!) y que luego no ofrezca al espectador un producto redondo. O al menos al nivel de las expectativas del público, y luego nos quejamos del cine español y de sus pobres resultados de taquilla... Tal y como está el cine español, no se puede errar el tiro, porque el público no da una segunda oportunidad, sobre todo cuando tiene oferta de sobra en el cine de todo el mundo, especialmente el norteamericano.

Para rematar, respondiéndome a mí mismo: ¿Podría Ingmar Bergman haber dirigido "Psicosis"? Pues por lo que conozco de la obra del cineasta sueco, y por lo que conozco de la novela de Robert Bloch, el guión de Joseph Stefano y el trabajo de Alfred Hitchcoch... NO. Definitivamente, no, porque este tipo de historias necesita mantener al espectador ágil, pendiente de la narrativa, de la acción, de los personajes... y es precisamente lo que no ha podido, o no ha sabido hacer Manuel Martín Cuenca con este "Caníbal", maravillosamente mostrado, interpretado y fotografiado pero...¿qué es lo que pasa en toda la historia? Pues prácticamente nada. Y por eso te aburres como una ostra.
 
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