Nebraska: El canto del cisne norteamericano

Nebraska:
El Canto del Cisne Norteamericano
Director: Alexander Payne
Guión: Bob Nelson
Música: Mark Orton
Fotografía: Phedon Papamichael (B&W)
Reparto: Bruce Dern, Will Forte, Stacy Keach, Bob Odenkirk, June Squibb, Missy Doty, Kevin Kunkel, Angela McEwan, Melinda Simonsen

Ésta no es una película para disfrutar. Ni para pasar el tiempo. Ni para entretenerse. Así que si lo que te gusta del cine es eso, mejor vete a ver algún juguetito creado para el 3d, con actores famosos, muchas explosiones y tiros por doquier (aunque a mí personalmente me encanten este tipo de películas-juguete). Ésta es una película pequeñita, de gente pequeñita, de cosas pequeñitas... o lo que es lo mismo, de lo más universal que puede hablarse. No hay nada más importante que las cosas pequeñitas...

Pero sí es una película para emocionarse, para sentir, para comprobar lo maravilloso y lo rastrero que puede ser el ser humano. Y lo que es mejor, ofrece uno de los mejores finales que he visto en la gran pantalla en los últimos diez años: absolutamente minimalista, y a la vez demoledor, capaz de desarmar a cualquiera. Vamos, que aunque seas más duro que Clint Eastwood, seguro que te estremeces e incluso puede ser que te salga una lagrimita, incluso sin querer.

Payne, el cronista contemporáneo de la Norteamérica profunda, ya nos ha ofrecido visiones turbadoras de aquella sociedad tan particular, de su culto a la juventud, de la falta de valores, de la búsqueda incesante de la felicidad sin conseguirla... y ahora da una vuelta de tuerca con una historia incómoda. Tan incómoda como hablar del Alzheimer, de un matrimonio de ancianos que se lleva a matar y de la relación que tienen con su hijos y su familia. De la misma forma que David Lynch hace unos años nos traía "Una historia verdadera", en la que un anciano decidía recorrer el país montado en un cortacésped, ahora el protagonista de "Nebraska" decide ir andando desde miles de kilómetros hasta el estado del título del film, donde al parecer le espera un premio de un millón de dólares, o sea, un patraña para engatusar a los pobres ancianos y conseguir de ellos suscripciones a publicaciones imposibles.

En ese cruel entorno social de "Homo Homini Lupus", donde no hay piedad para el pobre cuasi demenciado protagonista, aparece uno de sus hijos que intenta ayudarlo. Al principio, para hacerle ver que está equivocado en su búsqueda del premio. Pero al final, y lo que parece más razonable, para hacer posible su postrera ilusión.

Payne maneja con gran habilidad todos los personajes, como ya hiciera anteriormente en sus brillantes visiones de Estados Unidos, desde Hawai (en "Los Descendientes") hasta California ("Entre copas") o a través de varios estados y llegada a Denver (en "A propósito de Schmidt", por cierto que resulta premonitorio que sea precisamente el estado de Nebraska donde viva Warren Schmidt, uno de sus antihéroes...). El caso es que esta absoluta magistralidad está apoyada por una sobrecogedora interpretación de Bruce Dern, que borda el personaje protagonista, que es a partes iguales tan hosco y desagradable como entrañable y solidario. Siempre me quedará la duda de si Gene Hackman, a quien se le ofreció en un principio el papel, lo habría superado.

El problema del film, que a la postre, me ha parecido tan incómodo de ver como entrañable en su resolución, es que es demasiado lento, demasiado contemplativo. En sus anteriores films, Payne utilizaba un lenguaje mucho más ágil, que aquí se ralentiza en demasía, y ni siquiera los elementos cómicos que aparecen de cuando en cuando (la aparición de los primos, el intento de robo del compresor...) le dotan de un ritmo adecuado. No obstante, hay picos de dramaturgia exquisita en la historia, por los que ya merece la pena ir a verla. Y por supuesto, como ya he dicho antes, un final épico, memorable, casi al nivel del de "Gran Torino" del maestro Eastwood. De acuerdo en que este tipo de historia requiere una evolución y cambio progresivo, donde se nos muestren poco a poco todas las caras y aristas de los personajes (especialmente del protagonista, que no es el anciano, sino su hijo, que va descubriendo lo mejor y lo peor de su padre en un viaje iniciático que jamás hubiera pensado realizar...)

Porque en este Canto del Cisne norteamericano, el protagonista se da cuenta que ya le queda poco tiempo para estar entre nosotros, y que tiene que hacer algo. Esa reflexión, que es punto de partida y final de la película, es una deslumbrante y a la vez aterradora visión del paso del tiempo, de la vejez, del auténtico sentido de la existencia humana. Ahí queda eso.
 
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