Carmina y Amén: Se te congela la risa

Carmina y amén
Director: Paco León
Guión: Paco León
Música: Pony Bravo, Espaldamaceta, Andrés Herrerra "Pájaro"
Fotografía: Juan González Guerrero
Reparto: Carmina Barrios, María León, Paco Casaus, Yolanda Ramos, Estefanía de los Santos

Pues sí, se te congela la risa. No es que los chites no tengan gracia -que la tienen-, ni que las cosas sean frescas -que lo son-. Pero la segunda película de Paco León como director tiene un demoledor efecto en el espectador: es capaz de hacerte reír -y carcajear!!- para que al segundo siguiente, se te congele la risa. Porque estamos hablando de la vida en sí, señores. Y aunque puede provocar risa... la mayoría de las veces no tiene ni puta gracia.

Hay un salto cualitativo y cuantitativo notable en "Carmina y Amén", tanto hacia adelante, como hacia los lados: hacia delante, porque la maduración como director ha crecido exponencialmente respecto a la primera parte, demostrando un notable dominio del lenguaje, con el que es capaz de convocar emociones de una manera sutil y preciosista, capaz de removerte desde lo más profundo, de glorificar el particular microcosmos de la protagonista; hacia los lados, porque detrás de las anecdóticas risas que pueda provocar la singular personalidad de la protagonista, hay una lectura mucho más profunda y demoledora de la vida, que requiere que nos convirtamos en supervivientes. Lo que se llama "tirar p'alante", vamos. Sea como sea, y dejándonos de pamplinas, a resolver. Y en eso, nadie le puede ganar a Carmina: ni la Sarah Connor de "Terminator", ni a la señora de Corleone...ni siquiera la Ripley de "Alien". Ella puede con todo, por bizarra, peligrosa y arriesgada que sea la situación. Un planteamiento revolucionario ante un entorno social que cada vez es menos favorable para la supervivencia razonable del ciudadano, que al final tiene que tomar las riendas de su vida, por las buenas (y legalmente) o por las malas (y a-legalmente).

Argumentalmente, volvemos a asomarnos al mundo de Carmina; ese mundo cotidiano, reconocible de los barrios de trabajadores de Sevilla, en la que como dije antes, lo más importante es "tirar p'alante". Un buen día el marido de la protagonista llega a casa sintiéndose indispuesto, y tras sentarse a ver la televisión mientras que espera que su mujer le ponga la cena... muere. Así de sencillo es el arranque de la historia, en la que Carmina tendrá que ir adaptándose para que las circunstancias -y el sistema- no termine por aplastarla. Ni a ella, ni por supuesto a su hija, su nieta, su hijo, su nuera... a todos, vamos. Y es que esta singular matriarca conjuga los recursos que tiene para las cosas salgan como ella planea. Incluso haciendo brujería, si hace falta.

Tengo que insistir en que me ha sorprendido muy gratamente el manejo del lenguaje audiovisual por parte de Paco León, convirtiéndose en uno de los más frescos y originales narradores del panorama nacional, añadiendo elementos de neorrealismo, pero con una eficacia técnica y narrativa fantástica, utilizando elementos como cámaras de alta velocidad para los detalles en cámara lenta, empleo de una eficaz banda sonora, etc. También me ha sorprendido la evolución de su hermana, María León, como la segunda protagonista de la historia; muy bien dirigida a nivel actoral, la sublimación del personaje en una progresiva metamorfosis hacia su propia madre es también un elemento originalísimo en el film, que encaja circularmente con toda la historia.

Y qué decir de Carmina, madre del amor hermoso. Ella es la película, la historia, el alfa y el omega de todo. Desternillantes reacciones, una credibilidad demoledora, una simpleza que te desarma... tremenda, realmente tremenda. La galería de actores que desfilan en los papeles secundarios (y entre los que vemos a varios andaluces como Julio Fraga, Estefanía de los Santos...) es realmente brillante y donde no podemos olvidar -aunque haga de muerto!!- a Paco Casaus, el marido de Carmina, que nos deslumbró en la primera parte y cuya presencia en la segunda determina todo el transcurso de la historia -nunca mejor dicho-.

Además de todo lo anterior, León ha demostrado que no solo sabe hacer cine, sino que también conoce a la perfección los entresijos de la (pobrísima) industria cinematográfica española: si en su debut como realizador tuvo sus más y sus menos con los distribuidores y exhibidores a la hora de estrenar simultáneamente en salas e internet "Carmina o Revienta", en esta segunda parte -o más bien, continuación, que no tiene por qué ser lo mismo...- ha logrado que el preestreno sea gratuito para todos aquellos que fueran al cine. Un regalo a los espectadores que seguro que han sabido apreciarlo y ya habrán comenzado el boca-oído para recomendar la película. Una transmisión que se verá seguro amplificada por las redes sociales, que ya hierven con el hastag #creoencarmina en twitter. Para rematar, antes del estreno cosechó varios premios en la pasada edición del Festival de Cine de Málaga, y ha tenido todo el apoyo de Mediaset, que ha sido una de las productoras del film. Si en toda esta crisis que está arrasando el cine de nuestro país, hay alguna vía para sobrevivir, parece que Paco León la ha encontrado, con un tipo de cine cercano y a la vez más profundo de lo que pudiera parecer. Divertido y a la vez reflexivo. Es como una reinvención del binomio Rafael Azcona-Luis García Berlanga, pero con una aguda visión contemporánea y mucha mala leche. Y no por ello menos divertida, aunque se te termine congelando la risa.

La primera parte me gustó -¡a quién no!-, y esta segunda parte me ha fascinado a muchos niveles -no sólo cinematográfico, sino filosófico, socioloógico, psicológico...-, a pesar del sobrecogedor mensaje de mostrar al espectador que todos estamos prácticamente metidos en el territorio comanche que es la sociedad, donde cualquiera puede putearte y que vale (casi) todo para sobrevivir, algo que ya se sugirió en "Carmina o revienta", y que ahora se subraya a modo de epílogo glorioso -incluso con el "My Way" de Nina Simone-. Grandiosa.
 
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