Lucy: : Por qué me gusta (y no me gusta) el cine francés

Lucy
Director: Luc Besson
Guión: Luc Besson
Música: Eric Serra
Fotografía: Thierry Arbogast
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt, Pilou Asbæk, Analeigh Tipton, Nicolas Phongpheth, Luca Angeletti, Loïc Brabant, Pierre Grammont, Pierre Poirot, Bertrand Quoniam, Pascal Loison, Pierre Gérard, Isabelle Cagnat, Frédéric Chau

Hay una frase que desgraciadamente se utiliza mucho cuando una película hecha en nuestro país es buena: “no parece una película española”. Bueno, pues yo voy a coger este aforismo y lo voy a trasladar al cine francés, del que generalmente abomino y que me parece aburrido, lento, pedante y lo peor, que habla de historias que únicamente interesan a los franceses. Como yo no soy francés, ni me gusta esta narrativa inexplicablemente implantada mayoritariamente en esta filmografía –y que parece que le da un cierto marchamo de calidad…- este tipo de películas no me importan en absoluto. Es más, hago todo lo posible por no verlas, a no ser que esté aquejado de insomnio.
Bueno, pues Luc Besson me gusta precisamente porque sus películas “no parecen francesas”. Mejor dicho, toma todo lo mejor del cine francés (y europeo) y lo añade a una narrativa y temáticas más universales, implantadas irremisiblemente por Hollywood. Y no tenemos que avergonzarnos por ello: Estados Unidos –y por ende, Hollywood- inventó el espectáculo del cine y estamos absolutamente colonizados por este tipo de contar historias, con las que hemos crecido y desarrollado una cultura audiovisual. Personalmente, tengo mucho más que ver con Bogart, John Ford, Capra, Spielberg y Lucas, que con Bergman, Antonioni, Rohmer y Pasolini, qué le voy a hacer.

Dicho esto, hay que recordar que Besson ha dirigido desde Francia películas que han supuesto éxitos internacionales sin precedentes, como “Nikita” (que no solo tuvo su versión USA, sino que además fue el origen de una exitosa serie de televisión norteamericana) o por supuesto “El Quinto Elemento”, una monumental revisión en clave de ciencia ficción del amor, del destino de la  humanidad y de los grandes temas del hombre, disfrazada de un lujoso envoltorio cuidadosamente diseñado por Jean Paul Gautier (así como suena…).

Precisamente cito estas dos películas de Besson porque son dos referentes innegables de la cinta que nos ocupa, y que resulta ser argumentalmente una bizarra mescolanza de ambas, destilando aún más y mejor un sentido del espectáculo visual que este director ha demostrado sobradamente que domina. Y encima, ha contado para ello con la actriz de moda, una Scarlett Johansson que encaja a la perfección en el papel de un personaje que es el nuevo origen de una evolución del ser humano: si Lucy fue la primera mujer homínida que existió en el desarrollo del Homo Sapiens, Lucy también se llama una universitaria descerebrada que vive en Taiwan y que inesperadamente y debido a un accidente con unos peligrosísimos narcotraficantes, se convertirá en el primer ser humano que desarrolla íntegramente el 100% de su capacidad cerebral, siendo la primera humana en dar otro salto en la evolución…

Este interesante planteamiento resulta a veces demasiado ambicioso, y Besson se inviste así por las buenas en un nuevo Stephen Hawkings, explicando el origen del universo, nada menos. Por eso la vertiente didáctica de esta película (que la tiene y que llega a resultar absolutamente risible, llegando a incluir montajes paralelos de documentales de animales!!) es lo que más me chirría de toda la historia, que por lo demás está impecablemente articulada y avanza previsiblemente igual que lo hicieron las dos películas citadas anteriormente, “Nikita”, y sobre todo “El Quinto Elemento”. Para este film, el director ha contado con sus habituales colaboradores, el genio Eric Serra para una banda sonora brillantísima y Thierry Arbogast para una fotografía espectacular y unas secuencias de acción realmente antológicas, que dejan en pañales a todo lo anteriormente rodado por este realizador.

Con todo ello… ¿es ésta una película francesa? Pues sí y no. Lo es porque evidentemente, es una producción gala, financiada mayoritariamente con capital francés. Y no lo es porque tiene el sentido norteamericano del espectáculo, toca temas universales –esto es, que no solo interesan a los franceses- cuenta con estrellas norteamericanas (Johansson y Morgan Freeman), se ha rodado en varias partes del mundo… y lo más importante, porque es capaz de entretener. Vale, lo reconozco: buena parte de la ojeriza que le tengo al cine francés viene por la envidia de la industria interna que tienen montada y que les funciona, siendo el único país de Europa que tiene una capacidad de producción sólida y un público propio que prefiere antes ir a ver una película francesa que una norteamericana. Y lo mejor de esto es que dentro de ese ecosistema cinematográfico que han montado los franceses caben gente como Luc Besson, como Danny Boon, como Jean Pierre Jeunet o Michel Hazanavicius. Y me encantan todos ellos… sobre todo porque sus películas no parecen francesas.
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