50 sombras de Grey: El ¿Encanto? de lo Light...

50 sombras de Grey
Director: Sam Taylor-Johnson (AKA Sam Taylor Wood)
Guión: Kelly Marcel (Novela: E.L. James)
Música: Danny Elfman
Fotografía: Seamus McGarvey
Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Max Martini, Eloise Mumford, Luke Grimes, Marcia Gay Harden, Jennifer Ehle, Rita Ora, Andrew Airlie, Victor Rasuk, Callum Keith Rennie, Anthony Konechny, Dylan Neal, Emily Fonda, Jason Cermak

Para vender una película no hay nada como tener una buena campaña de publicidad: eso puede hacerse bien a través de una cadena de televisión que te compre los derechos –caso del cine europeo…- o si hablamos de Hollywood, que una gran productora/distribuidora te elija como la “película del año”. Si encima de todo eso, tenemos un “best seller” en el que se basa –y da igual si es bueno, malo o regular- entonces ya tenemos hecho más del 80% del éxito asegurado, independientemente de la calidad final de la película.

Todo el mundo esperaba la adaptación cinematográfica de “50 sombras de Grey”; algunos para ver en “imagen real” los (tibios) personajes literarios, y ver si mejoraban un poquito –sobre el papel, no son más que fríos arquetipos, llenos de cliché-; otros para “acercarse” al fenómeno que tanta controversia ha levantado, máxime por dar a conocer (otra vez) al gran público una serie de preferencias sexuales; y el mayor grueso de la población, sencillamente “para ver qué pasa” con esa película/libro que tanto ha vendido. O sea, que como en toda buena campaña de publicidad orquestada, plantear el “Qué”, el “Cómo” y el “Cuando”. En eso sí me descubro, lo han vendido fenomenal. Y si no, ahí tienes las ventas, arrasando en todo el mundo (antes fue el libro, que ahora vuelve a venderse como churros, y ahora la película siendo el número uno de taquilla en USA, en Europa y en todos sitios…).

Pero vamos al tema: ¿Esto de qué va? Pues señores, la historia más vieja del mundo: el clásico Pigmalión, que tiene a una musa inocente a la que educa e introduce en un mundo nuevo del que él es experto. Desde “My Fair Lady” hasta “El Último Tango en París” o incluso “Dirty Dancing” pasando por la inevitable referencia de “9 semanas y media”, todas cuentan lo mismo, y por cierto bastante mejor. En esta ocasión, el fenómeno Grey ha sido convenientemente descafeinado, liofilizado, envasado y programado para no desentonar demasiado con la mentalidad general, ya que muchas personas se escandalizarían por aceptar una historia de amor que se basa en la dominación (por cierto, si a alguien le interesa el tema, hay miles de referencias literarias del Marqués de Sade, Historia de O –que también tiene una adaptación cinematográfica- y un larguísimo etcétera).

O sea, que tenemos en la ecuación A) Al guapito de turno, sacado prácticamente de un anuncio navideño de colonia, B) a la estudiante incauta –aunque tiene su carácter- que sueña románticamente con el príncipe azul, y poco más. Eso es, básicamente, la película: el chico que lo tiene todo y ahora quiere tener a la chica y se lleva toda la película para convencerla y la chica que desea estar con el chico pero no tiene claro que le convenza lo que el otro le ofrece (sexualmente, claro, porque el resto –que un multimillonario con todo tipo de lujos, helicópteros, deportivos, aviones, empresas la convierta en su novia…- le parece más que bien).

Y es que no hay más, señores. Para colmo, si en la novela todo ha sido suavizado para llegar al mayor número de lectores sin apabullar, en la película esto se ha pronunciado aún más, siendo las secuencias sexuales como pequeños videoclips que están metidos con calzador y que podrían superar tranquilamente la censura propia del horario infantil, prácticamente desprovistos de cualquier emoción o intensidad sexual. Vamos, cualquier película del mediodía de fin de semana tiene mucho más erotismo e intencionalidad que toda la película de Grey. Por supuesto que la productora ha elegido a un director advenedizo que no moleste mucho y que no aporte absolutamente nada a la película, no vaya a ser que se sienta artista y le de por inventar algo. No, no, hijo, tu a hacer lo que te digamos, y a recaudar en caja, que ya lo tenemos todo muy pensadito…

En cuanto a los protagonistas, la hija de Melanie Griffth y Don Johnson, Dakota Johnson, tiene cierto encanto, pero no es nada especial. De hecho, de no ser por sus famosos padres probablemente ni hubiera pasado la primera criba del casting. Y no porque sea mejor o peor, sino sencillamente porque como ella hay en Hollywood unos cinco millones de actrices. No obstante, la chica no lo hace tan rematadamente mal como su compañero, Jamie Dorman, que a base de la contención y autocontrol que supuestamente debe tener su personaje, se ha convertido en una especie de marmolillo que no transmite absolutamente nada. De madera.

Es como si hubieran simplificado cualquier elemento presuntamente “nocivo” para ofrecernos algo absolutamente light: si fuera un café, sería descafeinado, con leche sin lactosa y light, y con sacarina. Si fuera jamón, sería de pavo, light, sin gluten, sin fosfatos y sin grasa. Si fuera un refresco, no tendría azúcar, ni calorías… ni sabor, que es precisamente lo que le pasa a esta película: no sabe a nada. A nada de nada, aunque te regalen un antifaz de cartón con la entrada. Aunque bien pensado, es un buen símil de la película, ya que todo parece de cartón… y sin piedra.
 
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