Palmeras en la Nieve: Pero... ¿A estas alturas?

Palmeras en la Nieve
Director
Guión
Sergio G. Sánchez (Novela: Luz Gabás)
Música
Lucas Vidal
Fotografía
Xavi Giménez
Reparto
Mario CasasAdriana UgarteMacarena GarcíaAlain HernándezBerta Vázquez,Emilio Gutiérrez CabaCelso BugalloLaia CostaFernando Cayo
Puede parecer que soy un snob por criticar una película de gran producción (eso es innegable) que pudiera mejorar la imagen del cine español, y donde hay una historia de amor arrebatada, unos personajes que suspiran por consolidar su relación contra viento y marea. Se me puede tachar incluso de insensible. Pero hay un motivo más que evidente, y no se trata ya de la película, sino de la fuente en la que se basa, la novela homónima de Luz Gabás: siendo su primera novela, escrita en 2012, me resulta bastante simplona, obvia, pedante e incluso risible. Sobre todo si antes hemos leído cientos, miles de novelas como las de Isak Dinesen (por citar una referencia más que obvia con "Memorias de África"), Michael Ondaatje (otra referencia africana con "El Paciente Inglés") o si ya nos vamos hacia atrás, a Raymond Chandler, y así un larguísimo etcétera, que para mayor escarnio de la película que nos ocupa, resulta que todas han sido adaptadas al cine. Y todas han sido éxitos clamorosos (la mayoría de las veces, con toda la razón).

Por eso, y a pesar de la legitimidad de hacer una película romántica, con toques épicos y referencias históricas razonablemente interesantes (si es que resulta interesante el pasado colonial de España en Guinea ecuatorial...)... ¿a estas alturas? ¿Es que ya no hemos tenido suficientes obras capitales en la historia del cine (vamos, recordemos "Casablanca", en plena Segunda Guerra Mundial), donde se han descrito historias de amor arrebatadas? Pues resulta que no, que para hacer una de las películas más caras del cine español hay que repetir lo que ya estamos hartos de ver hasta la saciedad, solo que con los rostros de las actuales estrellas cinematográficas y televisivas de nuestro país (a veces me resultó chocante ver aparecer a reconocibles rostros de la pequeña pantalla y casi esperar que interpretaran los papeles a los que nos tienen acostumbrados. Es el problema de los directores de casting, que repiten siempre los mismos actores, y con una ingente producción televisiva llega a producir desconcierto ver a los mismos actores y actrices en papeles tan dispares).  

Con una larga experiencia en televisión ("Los hombres de Paco", "El Barco", etc.) el director de este lustroso film también ha perpetrado otros éxitos de taquilla tan pírricos -y en muchos casos incomprensibles más allá de la machacona campaña de publicidad auspiciada por A3media, que es la madre de todas estas películas- como "Fuga de Cerebros", "Tres metros sobre el cielo" y su continuación "Tengo ganas de tí". Ahora ha querido ponerse más exquisito y estupendo con una historia de amor clásica, de las de toda la vida... Pues no, oiga, que ya estamos hartitos de estas historias. Innove Vd. algo, por favor, porque esta cantinela ya nos la sabemos de memoria. Y si encima gasta Vd. dos horas cuarenta minutos para contar la historia -que además, ya sabemos desde el minuto uno de la proyección...- pues vaya gracia. Y todo por buscar esa presunta "trascendencia" de algunos títulos que he citado antes, llenos de épica y grandiosidad.

En justicia hay que reconocer el gran esfuerzo en la impecable producción, pero todo queda bastante desvaído a raíz de un guión (una historia, vamos) bastante endeblito, con personajes muy esquemáticos e incluso maniqueos y una evolución absolutamente previsible: a mediados de siglo XX resulta que España todavía sus colonias, y en una de ellas, Guinea Ecuatorial (en aquella época, Fernando Po) va a trabajar Kilian junto a su hermano y a su padre, como capataz en una plantación de cacao. Como ya todos nos podemos imaginar, el chico se enamora, pasan muchas cosas y... el caso es que años más tarde su sobrina descubre una carta y decide investigar el pasado de su tío, y de camino, de su padre y de toda su familia.

Con Mario Casas tengo una dualidad bastante recalcitrante: por un lado no comprendo cómo puede dedicarse a la interpretación, ya que su dicción no es que sea mala, sino directamente incomprensible: no se le entiende nada, oiga. Y encima de no pronunciar, habla hacia adentro, sin sacar la voz, sin proyectarla. Cuánta falta le haría a este hombre unas buenas clases de dicción y de interpretación teatral, porque una cosa es que en cine no haya que levantar la voz como en un escenario, y otra es que prácticamente masculle cada frase, en vez de sencillamente, decirla. En cambio por otro lado creo que es el galán más importante del cine español, con una imagen absolutamente impresionante, una fotogenia perfecta, un físico muy reconocible y de gran personalidad. Vamos, toda una gran estrella de la gran pantalla. Por eso me resulta chocante que con tales armas el Sr. Casas no de un paso más allá y aprenda de los mejores especialistas en interpretación, logopedas o lo que haga falta para convertirse en un peso pesado de la gran pantalla. Porque tiene todos los elementos para serlo... pero es que cada vez que abre la boca, se esfuma todo el encanto de su fantástica imagen y todos los registros que es capaz de articular con sus gestos. En esta película pasa eso varias veces: en los momentos de mayor intensidad dramática, dice un diálogo y todo se viene abajo. Una verdadera lástima.

Por lo demás, parece increíble que un profesional con la experiencia de este director dirija a los actores de una forma tan mediocre desaprovechando talentos como los de Adriana Ugarte -muy esforzada en su registro, pero sin llegar al nivel que se espera- y sobre todo Macarena García -una chica que ha demostrado su capacidad sobradamente y que aquí está francamente ridícula-. Menos mal que en general, el nivel está bastante bien, desde Alain Hernández a los grandes Emilio Gutiérrez Caba o Fernando Cayo. Especial mención merece la ucraniana de origen etíope Berta Vázquez, la pareja de Casas en la película -y en la vida real-, que con éste su primer papel protagonista es capaz de echarle la pata en pantalla a cualquiera que se le ponga por delante, en el arranque de una más que prometedora carrera en la interpretación (también aparece en la serie "Vis a Vis", aunque sinceramente no la he visto ahí).

De acuerdo, hay escenas logradas. Pero ya las hemos visto anteriormente en otras muchas ocasiones (desgraciadamente, no en el cine español, pero si en otras muchas producciones norteamericanas, inglesas, francesas... que se han elevado ya a la categoría de clásicos). También hay una producción impecable, no le falta nada (y muy bien otra vez, pero es que, y repito, ya hemos visto grandes producciones en la historia del cine). Con lo que yo me preguntaba una y otra vez cuando estaba viendo la película ¿Para qué se ha hecho? ¿Qué aporta no ya a la historia del cine -eso sería demasiado petulante...- sino al reciente cine español? ¿Que se han gastado más dinero? ¿Que promocionan a los actores de moda? Es cierto que el texto de partida es tan naíf e infantil como la película, pero digo yo que el superguionista que han contratado, Sergio G. Sánchez ("El orfanato", "Lo imposible") podría haberle dado una vuelta a la historia haciéndola más interesante, sobre todo en su plomizo arranque.


Quizás lo único que realmente me guste de la película -además de la soberbia producción que no me llega a sorprender, de la fotogenia de Mario Casas y del talento de Berta Vázquez- sea la canción de Pablo Alborán, otra perla para esta gran producción pensada para ser la gran historia romántica de esta temporada, aunque me temo que tampoco va a funcionar tan bien: demasiado larga, demasiado lenta. Y lo que es peor, recuerda -en peor- a demasiados clásicos. Para eso, mejor innovar. Y hacerlo bien, claro. 

TRAILER

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