Ave, César: Sólo ellos se lo han pasado bien

Ave, César
Los hermanos Coen probablemente son dos de los profesionales con más talento en el panorama cinematográfico mundial desde hace varias décadas. Ambos escriben, ambos dirigen (aunque Joel se orienta más a la dirección y Ethan más al guión...) pero ambos son capaces de destilar el mejor cine de Hollywood. Y el mejor cine de cualquier parte, qué coño.

Son capaces de tocar prácticamente cualquier género, extraer sus líneas maestras, y crear su propia visión de ese tipo de cine, como han hecho en varias ocasiones -desde "Fargo" a "El gran Lebowski", pasando por "El Gran Salto", "El Hombre que nunca estuvo allí", "No es país para viejos", y así un largo etcétera. Eso sí, si tenemos que elegir un adjetivo para su trayectoria, desde mi punto de vista podría ser el de desigual. Desigual porque aunque en todo su cine hay verdaderas perlas de exquisitez y gusto cinematográfico que demuestra el amor por el séptimo arte -en toda su extensión- también hay algo de dispersión, mucho de pretenciosidad, y cuarto kilo de ego desbocado. Confieso que a veces me he dormido en alguna de sus películas, que resultan tediosas, algo pedantes... pero también reconozco que en casi todas ellas se encuentran diálogos, secuencias, momentos absolutamente geniales.

Exactamente eso es lo que pasa en su última película, que es un enorme homenaje al Hollywood clásico de los años 50, en los que los grandes estudios de cine fabricaban los sueños que se proyectaban sobre una pantalla blanca y que conseguían que el planeta entero se olvidara de todo lo que le preocupaba. Claro que los que hacían esos sueños, los profesionales del cine, esos sí que estaban bien al loro de todo, y peleaban día a día por sobrevivir. En ese particular universo, el protagonista del film tiene que pelear con actores-estrella egocéntricos, con tarugos-estrella sin cerebro, con niñatas-estrella con pésimos modales, montadoras amargadas y todo un batiburrillo de secretarias, periodistas, ejecutivos y especímenes varios para que la brillante y poderosa maquinaria para hacer películas siga funcionando. Sea como sea, the show must go on.

De acuerdo, a todos los que conocemos el mundo del cine, su historia, sus directores, sus estrellas, todos esos entresijos que tantas veces hemos escudriñado, a todos nosotros nos encantará esta película. Seguramente porque nos hacemos cómplices de ella. Por eso y porque tras ver buena parte de la obra de los Coen ya conocemos su particular, irónico y mordaz sentido del humor y somos capaces de encajar esas claves. Pero seamos realistas ¿en serio un espectador al que le han vendido una comedieta delirante -que es lo que propone el trailer- va a comprender la complejidad de esta película? Seguramente no.

Es más, decididamente no: estuve viéndola en una sala llena de gente y ante los chistes de la historia, la mayoría de los espectadores no se reían. Es más, no los entendían. Seguramente, si fueran norteamericanos, lo entenderían mejor. Si además fueran de Los Angeles, todavía más. Y si encima trabajan en el cine, entonces disfrutarían. Como ellos, que son los que realmente se lo habrán pasado bien con su marcianada. Un proyecto que les ha costado más de diez años llevar a cabo, y que en un principio se ambientaba en los años 20 y no en los 50.

Otra de las grandezas de los Coen, es que son capaces de cambiar de registro y tono de sus películas con un simple plano, con una línea de diálogo. Claro que a veces, como ha pasado con esta película, no sale bien, ya que en "Ave César" las líneas entre la comedia, el drama, el sarcasmo, la reflexión y la crítica social se entrecruzan demasiadas veces y uno no sabe a qué carta quedarse. Entiendo que el mosaico que plantean es rico y lleno de matices, pero quizás sean demasiados matices. Sobre todo porque esos matices no añaden nada a un guión enclenque y raquítico que no está orientado en ninguna dirección, y que, erráticamente, no sabe qué historia contar. No dejan claro en absoluto esa dirección y aún menos la intención.

Una vez que nos han presentado la bizarra galería de personajes -cosa habitual en los Coen...- y que nos hemos reído de sus características... ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué quieren contarlo, si es que en realidad quieren contar algo? ¿Es un simple ejercicio de ironía? Seguramente todas estas preguntas tienen unas claras respuestas... pero el problema es que sólo las conocen ellos, los Coen, que son quienes han escrito y dirigido esta película, que me recuerda a una de sus producciones más fallidas, "O Brother", que precisamente, también homenajeaba una época, un mundo, un estilo...

¿Que si tiene gracia Clooney? Por supuesto, siempre la tiene, y verlo poner caritas es desternillante, pero eso no hace una buena película. ¿Que si la Johansson está bien? Está fantástica, divertidísima, demostrando la gran versatilidad que tiene como actriz, pero al igual que antes, tampoco hace una buena película. Todos los actores están fantásticos -destacando Josh Brolin, que se sale...-, hay momentos surrealistas para troncharse -como la perorata de un grupo de guionistas subversivos- y secuencias visualmente preciosas -aunque insuficientes si las comparamos con las referencias a las películas de Cecil B. de Mille, a las de Esther Williams o a las de Gene Kelly...- pero ninguna de estas cosas hace una buena película. Son adornos, elementos que acompañan a un buen guión, que cuenta una buena historia. Y esta película no lo tiene, y da mucha pena que dos de los más prestigiosos guionistas/realizadores del panorama cinematográfico mundial sean precisamente los que firman esto. Confieso que me he llevado una sorpresa bastante desagradable, porque esperaba mucho, muchísimo más de la película y todo se ha quedado en alguna risa desperdigada y alguna brillantez argumental. 

TRAILER

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