El Renacido (The Revenant): Aburrida, pedante... insoportable, vamos.

El Renacido (The Revenant)

Director
Guión
Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu (Novela: Michael Punke)
Música
Carsten Nicolai, Ryûichi Sakamoto
Fotografía
Emmanuel Lubezki
Reparto
Leonardo DiCaprioTom HardyDomhnall GleesonWill PoulterForrest Goodluck,Paul AndersonKristoffer JonerJoshua BurgeDuane HowardMelaw Nakehk'o,Fabrice AddeArthur RedCloudChristopher RosamondRobert MoloneyLukas HaasBrendan FletcherTyson WoodMcCaleb Burnett


Ya sé que me vas a decir que no soy objetivo porque no me cae nada bien Iñárritu. Es verdad: no me cae nada bien, creo que es un pedante, un snob, un engreído y que su fama es completamente inmerecida -de hecho, creo que únicamente ha hecho una buena película en toda su carrera "Amores Perros", y apostaría a que es tan buena porque estaba Guillermo Arriaga como guionista...-. Pero en este caso concreto, voy a explicar por qué esta película me parece insufriblemente aburrida, obscenamente pedante. Un tostón de padre y muy señor mío, que tiene imágenes muy bonitas de Emmanuel Lubezki -como todas las que hace- y una banda sonora preciosa de Ryuichi Sakamoto, pero que si le quitamos esto, y si nos damos cuenta que es un calco argumental de "Las Aventuras de Jeremiah Johnson" y sobre todo de "El hombre de una Tierra Salvaje", pues entonces sólo nos quedan la esforzada -aunque algo pasada de vueltas- interpretación de Leonardo DiCaprio, y al excelente Tom Hardy.

Porque al parecer, hacer un éxito en Hollywood depende de manipular la mala memoria de los espectadores: esos que llenan las salas ahora no tienen ni la más remota idea de que en 1971, allá por el siglo pasado, se estrenó una película que se llamaba "El hombre de una tierra salvaje" y que contaba EXACTAMENTE lo mismo: un trampero que va con una caravana y que es atacado por un oso, dado por muerto y enterrado por sus compañeros, y tras luchar por sobrevivir, consigue reencontrarse con ellos. Vale, hay diferencias -que están en la novela de Michael Punke en que se basa la película y que cuenta el caso real de Hugh Glass, un trampero del siglo XIX- pero en realidad muy poquitas. Resulta además chocante que la producción de esta película empezara en 2001, y que directores como el coreano Park Chan-Wook o el australiano John Hillcoat fueran, primero uno, y luego el otro, los elegidos para dirigirla. ¿Leonardo DiCaprio? Ni siquiera sabía que existía el proyecto, ya que al principio el actor elegido fue Samuel L. Jackson, y posteriormente sustituido por Christian Bale. Pero fue en 2014, cuando Iñárritu tomó las riendas en la dirección, y confirmó que DiCaprio sería el protagonista. Por cierto, que el guión de Mark L. Smith estaba MÁS QUE TRABAJADO cuando Iñárritu echó la zarpa, y se convirtió, por todo el morro, en coguionista. Hace falta tener poca vergüenza...pero es algo común en este señor apropiarse de todo y decir que él es la única estrella... Y si encima nos enteramos que la película ha costado aproximadamente 120 millones de dólares... pues apaga y vámonos. 

El caso es que recapitulemos: tenemos una película en la que el protagonista queda enterrrado y abandonado por sus compañeros de expedición tras ser atacado y casi destrozado por un oso gigante. Encima, matan a su hijo. Y de ahí tendrá que sobrevivir en medio del bosque hasta volver a la civilización y hacer justicia con lo que le han hecho. Este protagonista es una mezcla de Daniel Boone -cómo se me empiezan a notar los años, ay Dios...-, McGuiver y Rambo: le das un cuchillo y un palo, y en una semana te monta un centro comercial. Aquí tenemos tiempo -sobre todo tieeeempo, muchíiiiisimo tieeeempo- para verle evolucionar y contrarrestar los salvajes embates de la naturaleza. Eso sí, como documental de los terrenos norteamericanos no tiene igual: creo que nunca en cine hemos visto una representación más cruel y a la vez fidedigna del orden natural: el ataque del oso, que culmina de manera muy emotiva -no haremos spoilers...- la caída del caballo por una montaña, el ataque de los lobos al bisonte...todo es una enorme parábola de la crueldad inmisericorde, y a la vez exenta de toda fantasía de moralidad, en la que únicamente sobrevive el que se adapta. Y punto.

¿Es emocionante? Sí, pero a ratos. Está rodada magistralmente -el primer ataque de los indios merece ser modelo y ejemplo de cualquier escuela de cine, realmente espectacular- pero me resulta demasiado larga. Demasiado pedante, con planos que intentan apabullar a cada segundo, regodeándose demasiado en las imágenes, abusando del gran angular, y lo peor, al ponerse metafísico, se dedica a emular al más sobrevalorado y aburrido director de la historia del cine: Terrence Malick -un wannabe de Stanley Kubrick, pero sin su talento, ni su talla-. Entonces, si Iñárritu aspira a ser una copia, de una copia, de una copia... al final no es nada: un ególatra que además hizo que buena parte del rodaje, además de por la climatología extrema de Canadá y la Patagonia, fuera un infierno, descolgándose buena parte del equipo de filmación.

Es demasiado larga, demasiado aburrida, innecesariamente descriptiva y pedante, muy pedante. Como su director, que ya me temo que después del inmerecido Oscar por la inexplicablemente ganadora del año pasado "Birdman", nunca volverá a ser una persona normal, sino engreído hasta el punto de creerse la reencarnación de Orson Welles. Por lo menos. 

TRAILER

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