Ben-Hur (2016): El Atrevimiento de la Ignorancia

Ben-Hur (2016)

Director
Guión
Keith R. Clarke, John Ridley (Novela: Lewis Wallace)
Música
Marco Beltrami
Fotografía
Oliver Wood
Reparto


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Después de la controversia de hacer una nueva versión de un clásico como el de Wyler, y que sigue siendo una de las  tres películas con más premios Oscars de la historia del cine (junto con “Titanic” y  “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey”), del costalazo de su recaudación en el primer fin de semana (poco más de 10 millones de euros, cuando su presupuesto es de 100 millones…) y de su cuestionable reparto (la única estrella auténtica del Hollywood actual que está en el reparto es Morgan Freeman…) lo cierto es que tenía una malsana curiosidad por ver esta película. Partiendo de la base que el “Ben Hur” de 1959 –y que por cierto, es la tercera versión de la novela de Lewis Wallace, escrita en 1880- es una de mis películas favoritas de todos los tiempos y que es una de las películas que mejor ha envejecido en toda la historia del cine –su carrera de cuadrigas es hasta hoy, e incluyendo la nueva versión, un verdadero prodigio de lenguaje cinematográfico, sencillamente insuperable…- cualquier comparación sería odiosa.

Tengo que reconocer que Timur Bekmambetov es un director que me sorprendió gratamente con su lenguaje visual y estilo en “Guardianes de la noche”, pero paulatinamente fue bajando de nivel (y estilo), aunque la adaptación del cómic “Wanted” con Angelina Jolie no estaba mal, pero al llegar a “Abraham Lincoln, cazador de vampiros” –otra adaptación de cómic- ya le hizo perder toda credibilidad. Por cierto, que este señor ya hizo una incursión en el mundo del imperio romano con “Gladiadoras” en 2001, una marcianada producida nada más y nada menos que por el mismísimo Roger Corman y que era, por menos que vergonzante –aunque como todo lo de Corman, con destellos de interés al regodearse en su propio cutrerío…-.

El caso es que ahora, hala, a hacer una nueva versión de Ben-Hur, nada más y nada menos. Como si fuera cualquier cosa, vamos. Para estar al nivel del clásico de Wyler, tendríamos que haber extrapolado de otra forma, ya que Charlton Heston, Stephen Boyd y todo el estelar reparto no ha tenido los homólogos apropiados en la actualidad. Ahora estaríamos hablando de actores como Hugh Jackman, Leonardo DiCaprio, Tom Cruise, Tom Hanks… auténticas estrellas para hacer un producto de la misma envergadura. Y ya que estamos hablando de envergadura, recordar que 100 millones de dólares de presupuesto –que es lo que ha costado esta versión de 2016- no está nada mal, por cierto… pero no tiene el nivel de la Wyler, en ninguno de los sentidos.

Tiene que ser todo un reto para un director intentar mejorar lo inmejorable –me imagino un “remake” de 2001 o de El Padrino o de El Golpe o de El Apartamento o de Ciudadano Kane…- pero creo que para hacerlo hay que tener la osadía de la ignorancia, además de muy poquísima vergüenza. Intentar superar en su terreno a genios como William Wyler, Kubrick, Coppola, Wilder o Welles solo es posible hacerlo si tienes la osadía de la ignorancia, el intentar creer que eres mejor (o más listo) que los originales. Y es como apostar de antemano por el caballo perdedor: es muy difícil que salgas victorioso.

Es cierto que la película tiene momentos visualmente logrados, como toda la secuencia de la condena en galeras de Ben-Hur, o las peleas de las legiones a través de varios países donde vemos ascender a Mesala, e incluso la carrera de cuadrigas –por supuesto, sin llegar a la maestría y apasionante ritmo de la versión de Wyler, que desde 1959 hasta 2016 sigue siendo una de las mejores secuencias de acción de la historia del cine, anticipándose a todo lo visto hasta entonces y alcanzando un esplendoroso nivel- tiene su gracia. Pero entre la ingenua e incluso infantil narrativa del director en esta película –más propia de un principiante…-, el error de casting –el nieto de John Huston no es un mal actor, pero está a años luz de la presencia y el registro de Charlton Heston, Toby Kebell tampoco es mal actor, pero no le llega ni a la suela del zapato a Stephen Boyd…- y un guión que resulta nada creíble en muchos momentos cruciales de la historia –la sanación de las hermanas de Ben Hur es especialmente sangrante, así como el regreso del protagonista a Jerusalem para enfrentarse con su enemigo…- hacen que la historia del príncipe de Hur que es condenado injustamente por su amigo y casi hermanastro Mesala y su posterior venganza y redención, en el tiempo de Jesucristo –que por cierto, aquí sí que le vemos perfectamente y que no es otro que el brasileño Rodrigo Santoro (si, el mismísimo Rey Jerjes de “300”...) quitándole al personaje del nazareno todo el empaque que Wyler supo darle…- resulte no ya poco interesante, sino poco sólida.

Aunque le hayan dado tres patadas al texto original de Lewis Wallace –cosa muy recomendable en las adaptaciones cinematográficas de libros- y que me haya molestado mucho que todo el arco dramático en el que Quinto Arrio adopta a Ben-Hur y lo hace su hijo, convirtiéndole en ciudadano romano, el guión tiene cosas interesantes, como la relación entre Mesala y Ben-Hur y el desenlace de ésta –nada ortodoxo, pero que encaja bien en el desarrollo de la historia y en el mensaje de la doctrina de Jesucristo en el perdón y la bondad.

Creo que es completamente innecesario que se hagan nuevas versiones de los clásicos de Hollywood, sobre todo porque al público que llena las salas le importan tres pitos, y prefieren que le cuenten historias nuevas (sobre todo de superhéroes de cómics) y si lo que buscan es comercialidad, es un disparo equivocado –como se ha demostrado-; estoy seguro que si se hubiera planteado hacer otra historia de romanos, que no hubiera tenido nada que ver con ese monumento cinematográfico de Wyler –y con el de Fred Niblo, que la versión muda de 1925 con Ramon Novarro tampoco está nada mal…- les habría ido muchísimo mejor, sobre todo por no existir ya la comparación inevitable de la que, como dijimos antes, casi con total seguridad sales escaldado.

Ya sabemos que los que hacen cine y conocen un poquito este maravilloso y loco séptimo arte, tienen poco o casi ninguno poder de decisión en las grandes productoras de Hollywood, manejadas casi totalmente por abogados y economistas que sólo buscan la ganancia fácil y rápida –el famoso “toma el dinero y corre” de la taquilla- por encima de todo y sin respeto alguno, no ya por el cine, sino por ellos mismos y las compañías que representan. Parece que ahora toda la creatividad audiovisual ha quedado prácticamente relegada a las series de televisión, donde se vuelca la verdadera originalidad que ya parece haber quedado extinguida del cada vez más infame negocio del cine, que parece ignorar con total osadía, toda su anterior historia.

El colmo y remate de los tomates es el desenlace, con una canción pop - The only way out, de Andra Day- que no pega ni con cola –como si tuvieran Spotify en Jerusalem en el Siglo I, que una cosa son las canciones seudomísticas de Lisa Gerard en “Gladiator” y otra cosa es tirarse ya a los cuarenta principales…-, las licencias de la dirección artística y vestuario –Ben Hur y Esther montando a caballo ¡¡¡con pantalones vaqueros y leggins!!!!- y los títulos de crédito, que parecen haber sido hechos por el becario de turno, llegando a estupideces tales como poner a los nombres a correr sobre la arena como si fueran cuadrigas -literalmente- o a situar logotipos simétricamente para que "quede más bonito". Vergonzoso.


TRAILER


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