Assassins Creed: Sencillamente, sobra


En la industria del entretenimiento, los videojuegos han superado con creces al mundo del cine en facturación e incluso en influencia popular. Nombres como los de "Call of Duty", "FIFA", "Uncharted", "GTA", o por supuesto, "Assassins Creed" tienen ya mucha más importancia en el ocio de millones de personas que cualquier película que se estrene en una sala de cine. En la transversalidad que Hollywood ha intentado una y otra vez a la hora de llevar a las películas los videojuegos -que, en muchos casos, tienen la tradición cinemática y narrativa del cine...- no ha habido prácticamente ningún buen resultado, a pesar de las muchas adaptaciones.

Quizás la clave sea en que todo lo que nos tienen que contar, ya nos lo han contado. No sirve el antiguo argumento que a nivel de guión los videojuegos son inferiores al cine: cualquier título desde hace ya muchos años tiene los suficientes recursos dramáticos para conformar una historia. Además, con el componente añadido en que el protagonista de todo eres tú, de manera activa y no como un simple observador externo, una tercera persona que simplemente mira la acción. No. Ahora tú eres parte de la acción, y de ahí el gran éxito de el ocio cibernético, que es capaz de llevarnos a pilotar un fórmula uno, a hacernos luchar en cualquier guerra conocida por la humanidad (o no), pilotar un caza de combate de última generación en territorio enemigo, manejar una nave espacial en lo profundo del cosmos, enfrentándonos a civilizaciones extraterrestres, exterminar una plaga de demonios interdimensionales o planificar una estrategia empresarial. Todas estas experiencias, todas estas vidas, que tanto intentaron hacernos vivir autores como Alejandro Dumas o Miguel de Cervantes, ahora podemos experimentarlas en primera persona, y con una sensación de realidad tal que es algo inédito hasta ahora en la historia de la humanidad.

Más allá de los condicionantes sociológicos (y psicológicos) de los videojuegos, ahora nos centramos en la versión cinematográfica de uno de las producciones electrónicas de mayor éxito de la historia, en la que un particular asesino profesional ha de enfrentarse a las más peligrosas situaciones, ayudado por su entrenamiento acrobático, sus armas y su rapidez. Un background que ya conocemos de sobra los que hemos jugado a este videojuego (el animus, la memoria genética, el salto de fe...) pero que ahora al trasladarlo a la gran pantalla queda bastante desvaído, bastante lejano para el espectador: es esta una historia pensada para que el contexto sea un mero decorado para la acción, y en la película se hace justo lo contrario: es el contexto -la España inquisitorial de 1492- lo más importante, y la acción pasa a un segundo plano.

La ambiciosa fórmula sencillamente no funciona, ya que el esfuerzo de los guionistas no consiguen hacernos entrar en lo que debería ser un apasionante viaje por una de las épocas más fascinantes de la historia de la humanidad. Y desaprovechan miserablemente el recurso de la dualidad entre el protagonista en la actualidad y en su versión remota de Assassins. Todo queda como muy falso, como muy ridículo, como muy lejano. Demasiado lejano.

Pero lo más ridículo, lo más penoso es ver a Fassbender y a Cotillard, prácticamente los dos actores más de moda en el panorama internacional, intentando salvar sus propios personajes. Incluso la solidez de un grande como Jeremy Irons también está fuera de la historia. Me pregunto una y otra vez qué ha pasado con la calidad de un director como Kurzel -que me maravilló con su anterior película, una versión lucidísima de Macbeth, también con el mismo dúo protagonista- a la hora de afrontar este proyecto. De acuerdo que la factura es brillante, que la producción -con el fondo de nuestra querida Sevilla, Giralda incluida- es espectacular. Que la banda sonora también es magnífica... pero recordemos que todo eso ya está en los videojuegos, que han llegado a utilizarse -en el caso de la aventura en Venecia- en las facultades de arquitectura para ver el plano de las ciudades, y en las facultades de historia y sociología para ver las costumbres y vida de los personajes en esas épocas (revolución francesa, conquista de américa, etc.).

Es, sencillamente, una película que sobra, porque lo que vemos, ya lo hemos visto en los videojuegos. Y mucho mejor, porque además no es que lo veamos, es que somos los protagonistas. 

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